Branko Milanovic,
Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización,
Traducción Mariana Hernández Cruz,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2017.


Es un tanto irónico que un libro que trata sobre la desigualdad en la era de la globalización comenzara a escribirse en Panamá, uno de los países protagonistas de los recientes hallazgos sobre paraísos fiscales donde se estima se esconden algunos puntos del PIB mundial. La desigualdad es un fenómeno mundial, quizá el reto más importante de nuestro tiempo y la dinámica de la globalización ha jugado un rol crucial en su comportamiento. Hoy podemos decir, con un grado elevado de confianza, que la desigualdad global es menor entre países, producto de la gran convergencia en estándares de vida que ha ocurrido en buena parte del mundo en desarrollo, en especial en China e India. A su vez, la desigualdad entre personas se incrementa conforme las clases socials se vuelven relevantes nuevamente.

Con esta graciosa casualidad y reconciliando los resultados empíricos sobre menor desigualdad entre países y mayor desigualdad entre personas, Branko Milanovic, uno de los grandes expertos en la desigualdad global, comienza una lectura sumamente divertida y profunda sobre la evolución de la desigualdad entre los países, dentro de éstos, y los retos económicos y políticos que dichos cambios producen, concluyendo con una breve, pero enriquecedora, especulación sobre qué podría ocurrir al terminar el siglo XXI.

Parte central del libro se enfoca en la historia de quienes han ganado y quienes han perdido en la distribución global del ingreso desde la caída del muro de Berlín hasta la actualidad. Un periodo de veinticinco años que coincide con la fase actual del capitalismo global. Las ganancias de la globalización no se han distribuido de forma equitativa, los ganadores indiscutibles han sido grupos dentro de las poblaciones de India y China y algunos países más en el este asiático, mismos que han ascendido rápidamente en los deciles de la distribución global y se unieron a lo que el autor llama la “clase media global”.

Al ascenso de la clase media global se debe que la desigualdad entre los países se encuentre en una trayectoria descendiente, obra indiscutible del proceso de convergencia económica que ha ocurrido en el mundo -cuando países en desarrollo crecen a tasas más altas y sostenidas en el tiempo que los países desarrollados-. Sin embargo, esta historia tiene su lado amargo, el otro gran grupo que ha ganado en la era del capitalismo global es el 5% más rico de la distribución global del ingreso, capturando el 44% de todas las ganancias y formando lo que Milanovic bautiza como la “plutocracia global”.

Para tener un panorama completo de qué dicta la evolución de la desigualdad en el mundo es importante poner atención a lo que ocurre dentro de los países,  y aquí es donde la desigualdad se vuelve un asunto no sólo económico, sino predominantemente político. La desigualdad al interior de los países se encuentra en aumento incluso entre países desarrollados, hecho que en algún momento era considerado imposible, al menos desde la perspectiva de la hipótesis de Kuznets. Dicha hipótesis considera que la desigualdad aumenta en la primera fase del desarrollo económico, cuando el cambio estructural ocurre, para luego disminuir cuando el país se ha desarrollado, la famosa U invertida.1

La U invertida de Kuznets ha sido la hipótesis dominante durante décadas al pensar sobre la desigualdad, sin embargo, la evidencia empírica sugiere que la hipótesis requiere una corrección. En esta parte del libro es donde Branko Milanovic realiza lo que, a mi juicio, es una gran aportación teórica a nuestra comprensión sobre la desigualdad. Milanovic corrige la hipótesis de Kuznets para reconciliarla con el hecho de que países como Estados Unidos, el Reino Unido o incluso los países igualitarios en Escandinavia, tengan una desigualdad que crece. Con este propósito Milanovic introduce el concepto de los ciclos u ondas de Kuznets.

Bajo esta nueva hipótesis los países experimentarían el comportamiento descrito bajo la U invertida de Kuznets, pero no se detendrían en su punto más bajo, sino que justo ahí comenzaría un proceso ascendente hasta llegar a una nueva cresta y, desde ese punto, descender nuevamente –como una onda sonora con crestas y valles–.

De esta nueva hipótesis se desprende la siguiente pregunta: ¿Por qué es relevante la corrección? Porque permite tener una idea del comportamiento de la desigualdad dentro los países y de la magnitud de sus oscilaciones y trayectorias históricas, le da una mayor importancia a la evolución histórica de cada nación. Para que podamos comprender esto, el autor nos lleva a un viaje en el tiempo a la Roma antigua y la España de hace setecientos años,2 presa hasta el siglo XIX de los ciclos malthusianos, con la desigualdad oscilando entre mayor y menor dependiendo del aumento del salario que, a su vez, dependía de los aumentos y disminuciones en la población y el valor de renta de la tierra.

Al comenzar la revolución industrial y escapar de la trampa malthusiana, dio inicio un nuevo tipo de ciclo, el de Kuznets. Estos ciclos no son parejos entre países, algunos comenzaron antes, algunos, como Estados Unidos, se encontrarían hoy en la parte ascendente de su segunda onda de Kuznets; países como China en la parte ascendente de la primera.

Las oscilaciones en estos ciclos dependen en gran medida de las circunstancias políticas dentro de las sociedades y son influenciadas por fuerzas benignas y malignas, como lo son la redistribución fiscal o la guerra, el sesgo del cambio tecnológico como fuera expresado por Claudia Goldin y Lawrence Katz3 o la desaparición de las primas a la educación como esperaba Jan Timbergen.4

Estas ideas forman la parte central del libro y, una vez expuestas, Branko Milanovic aborda la desigualdad desde una óptica política y filosófica. ¿La igualdad de oportunidades a nivel global es deseable? Para Milanovic, a diferencia de muchos teóricos de la justicia como John Rawls,5 la respuesta es que sí. Por lo que, partiendo de esta idea, realiza una gran provocación: impulsar la libre migración global, el libre movimiento de personas, que sería una fuerza ecualizadora en el mundo, pero que requiere compromisos políticos difíciles de asumir.

Milanovic propone que dicho compromiso sea el de modificar lo que él llama “primas de ciudadanía” –las rentas económicas que obtiene un ciudadano de un país sólo por ser ciudadano de dicho país, podríamos llamarlo el valor intrínseco de nuestro pasaporte– y para modificarlas quizá se debería permitir una migración donde el migrante no goce de los mismos derechos plenos que un ciudadano; por ejemplo, pagando impuestos más elevados que permitan retribuir el costo de su seguridad social y resarcir a los trabajadores locales que pudieran perder sus empleos a causa de la migración.

La idea es provocadora porque implica aceptar que pudieran existir habitantes de primera y de segunda clase en los países ricos; sin embargo, en sus efectos llevaría a un mundo más equitativo y posiblemente a un mayor crecimiento económico en los países en los dos extremos de los flujos migratorios, pues en el mundo hoy la desigualdad es más determinada por dónde se vive –locación– que por la clase social a la que se pertenece.

Sin embargo, justo este último punto, la relevancia de la locación vis á vis la clase social podría cambiar en el mediano plazo. En un futuro no muy distante, el mundo podría ser más desigual y más parecido al mundo de principios del siglo XIX donde la clase –quiénes son tus padres, su estatus social– es más importante que dónde te encuentras geográficamente.

Sobre el potencial peligro de este mundo es que Milanovic nos advierte de sus consecuencias políticas. Una sociedad desigual es poco compatible con la democracia liberal que caracteriza a las sociedades occidentales del último siglo. Mayor desigualdad transforma a las democracias en plutocracias y las vuelve presas fáciles del populismo xenófobo y nativista. Un claro ejemplo de esta tendencia es el fortalecimiento de partidos del populismo de derecha, como el Frente Popular en Francia, el UKIP en el Reino Unido o el discurso radical de Donald Trump en los Estados Unidos.

En la última parte del libro, Branko Milanovic –en contraste con otros economistas que estudian la desigualdad como Thomas Piketty, Antony B. Atkinson o François Bourguignon– no habla mucho sobre políticas públicas sino sobre el futuro. Para hacerlo es cauteloso y advierte de los errores clásicos que se cometen al elaborar predicciones.

Entre sus preocupaciones está el estado de la convergencia económica contemporánea: no todos los países en el mundo están convergiendo; el continente africano, por ejemplo, se encuentra lejos de ser uno de los beneficiados de la globalización y por momentos pareciera que la convergencia es un fenómeno más asiático que global. Otra preocupación a futuro es la capacidad política que China pueda tener para manejar los cambios en su ciclo de Kuznets, mayor desigualdad puede causar presiones hacia la democracia o endurecer el autoritarismo, puede producir transformaciones positivas o negativas como fracturas regionales; todas éstas con consecuencias poco agradables sobre la economía global.

De entre todo lo que puede suceder en los próximos 85 años quizá lo más peligroso sea la extinción de la clase media que tradicionalmente, desde Tocqueville hasta la actualidad, se considera el colchón de la democracia, el fiel de la balanza entre las fuerzas de los extremos. Y hoy está desapareciendo en muchos países del mundo.

Una omisión en el libro es lo que sucede en América Latina, una región que posiblemente se encuentra próxima a la cresta de su primer onda de Kuznets, con una democracia erosionada y una plutocracia creciente, donde la clase a la que se pertenece, más que la locación, es un factor determinante sobre la calidad de vida. Quizá el mundo del que habla Branko Milanovic en el futuro es una versión global de la experiencia latinoamericana del siglo XX.

Las últimas palabras de Milanovic en el libro son una respuesta a una pregunta que él mismo plantea y que tienen mucha relevancia para la discusión actual sobre los ganadores y perdedores de la globalización: “¿La desigualdad desaparecerá mientras la globalización continua?”. Y responde, sin mucha esperanza: “ No, las ganancias de la globalización no se distribuirán de forma equitativa”.

Diego Castañeda es economista por la University of London.


1 Kuznets, S.  Desarrollo económico, familia y distribución de la renta. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social . España, 1995.

2 Para una discusión detallada sobre el caso de España ver : Álvarez-Nogal, Carlos & Prados de la Escosura, Leandro, 2013. “The Rise and Fall of Spain (1279-1850)”, Economic History Review.

3 Goldin C, Katz L. “The Race Between Education and Technology”. Belknap Press for Harvard University Press; 2008.

4 Tinbergen, Jan. “Substitution of Graduate by Other Labour” Kyklos, Wiley Blackwell, vol. 27(2), pages 217-226.

5 Rawls, John. The Law of Peoples. Harvard University Press; 2001.