El 25 de noviembre fue el Día Internacional Contra la Violencia de Género. En las últimas semanas, el tema de la violencia contra las mujeres fue de relevancia en redes sociales y medios nacionales e internacionales por lo generalizado de este fenómeno en México y en el Mundo. De acuerdo con el informe Global Burden of Armed Violence 2015, México figura entre los cinco países del mundo con mayor crecimiento en sus tasas de homicidio de mujeres entre 2011 y 2014.

Además de las alarmantes cifras en materia de inseguridad, la violencia y discriminación de género produce enormes desigualdades en materia de desarrollo económico y social que evitan que muchas mexicanas puedan ejercer su libertad y derechos plenamente. El presente texto no pretende proveer una explicación exhaustiva de este fenómeno, sólo presentar algunos hechos estilizados que considero relevantes que motiven una discusión más amplia de cómo entender ambas desigualdades (económica y de género) para que sea un tema prioritario en las propuestas de política pública el próximo año.

En México poco más de la mitad de la población nacional enfrenta un panorama donde, en muchas ocasiones, los dados están cargados en contra de ellas desde el momento en el que nacen. Estas desigualdades sociales comienzan desde temprana edad limitando el desarrollo de capacidades, especialmente para las mujeres más pobres.

La inmovilidad social de las mujeres más pobres

De acuerdo con la Encuesta de Movilidad Social 2015 (EMOVI 2015) existe una baja movilidad social en el país. Una persona nacida en un hogar del 20% más pobre tiene un 36% de probabilidades de quedarse en ese nivel de ingresos y sólo un 9.5% de probabilidades de formar parte del 20% más rico. La mayor parte de esta (in)movilidad social se explica por una casi nula movilidad social de las mujeres: el 45% de las mujeres nacidas en un hogar del 20% más pobre sigue viviendo en ese grupo, y sólo el 4.5% de ellas forma parte del 20% más rico. En otras palabras: las mujeres más pobres tienen casi el doble de probabilidad que los hombres (del mismo grupo) de seguir siendo pobres, y los hombres más pobres tienen casi cuatro veces más probabilidades que las mujeres (del mismo grupo) de pertenecer al 20% más rico.

Desigualdad, pobreza y género

A primera vista, las cifras más difundidas de pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) no muestran brechas significativas por sexo en términos de la incidencia de pobreza. En 2016, el 44% de las mujeres se encontraba en situación de pobreza frente a 43% de los hombres. Sin embargo, este indicador no observa la distribución de los recursos dentro del hogar y, por tanto, asume para sus cálculos que los ingresos de un hogar se distribuyen equitativamente entre sus miembros (invisibilizando las dinámicas de poder dentro del mismo).

Existe un esfuerzo por parte del mismo CONEVAL para generar indicadores sobre las brechas de género. Algunas de estas brechas económicas y de acceso a derechos entre hombres y mujeres (actualizadas hasta 2012) revelan un panorama poco alentador:

Exclusión económica de las mujeres con bajos ingresos: la tasa de participación económica de los hombres en situación de pobreza es 44 puntos porcentuales mayor a la tasa de participación económica de las mujeres en esta misma situación.

Las mujeres (pobres y no pobres) son más propensas que los hombres a laborar sin remuneración alguna: Por cada 100 hombres en pobreza ocupados sin remuneración, existen 104 mujeres en pobreza en la misma situación. Para el grupo etario de personas en situación de pobreza de 45 a 64 años, el indicador se dispara a 239 mujeres por cada 100 en esta situación. Para el grupo de no pobres, existen 164 mujeres ocupadas sin pago por cada 100 hombres.

Desigualdad de ingresos: 2 de cada 3 pesos obtenidos por un hogar mexicano son percibidos por los hombres. El 66% de los ingresos corrientes monetarios totales de los hogares provienen de perceptores hombres.

Mayor vulnerabilidad: 1 de cada 3 pesos percibidos por una mujer en pobreza provienen de transferencias (públicas o privadas). En contraste, sólo 6% del ingreso corriente de un hombre en pobreza proviene de la misma fuente.

Es importante hablar de la desigualdad en las fuentes y niveles de ingreso y en el mercado laboral porque estas brechas se traducen en una asimetría de poder donde la capacidad de las mujeres de tomar decisiones y ejercer su libertad se ve muy limitada por un contexto de dependencia (particularmente en la esfera doméstica).

Si bien la política social ha tratado de dar un enfoque de género a la focalización de los recursos (por cada 100 beneficiarios, existen 175 beneficiarias), los resultados de estos esfuerzos parecen ser insuficientes para romper el círculo intergeneracional de la pobreza para las mujeres. De acuerdo con el estudio de Iliana Yaschine sobre el impacto de Prospera (antes Oportunidades) en la movilidad social intergeneracional, si bien las mujeres becarias presentan mayor movilidad educativa, su inserción laboral no ha sido del todo satisfactoria, ya que perciben salarios más bajos que sus contrapartes hombres y tienen menor participación laboral.

Barreras en el mercado laboral

Los roles de género y la discriminación desde temprana edad también pueden establecer barreras para que las mujeres tengan condiciones laborales mejores y más equitativas. El trabajo de cuidados no remunerado en México es realizado mayoritariamente por las mujeres, lo que constituye en términos reales, una doble jornada de trabajo. Tres cuartas partes del trabajo de cuidados al interior del hogar es realizado por mujeres. Sin los trabajos de cuidados, una sociedad no podría funcionar correctamente. En México, las mujeres han absorbido históricamente esta tarea sin ninguna remuneración y a costa de sus prospectos laborales, tarea que debería ser cubierta por todos (hombres, mujeres, y también por el Estado).

Los diferenciales de tasas de participación y salarios entre hombres y mujeres son, en parte, explicados por fenómenos de discriminación y no por diferencias en capacidades. Una investigación de Elizabeth Rodríguez-Pérez y David Castro-Lugo muestra que alrededor del 85% de la brecha salarial está asociada con discriminación y no con diferencias en capital humano.1

Por otro lado, por la manera en que está estructurado el sistema de seguridad social y el trabajo de cuidados, las decisiones de vida y familia que toman las mujeres pueden influir en sus oportunidades laborales. Un estudio realizado por Eva Arceo y Raymundo Campos muestra que, incluso si se controla por capacidad y tipo de profesión, una mujer casada solicitando un trabajo tiene menores probabilidades de ser llamada a entrevista que una mujer soltera. De hecho, el efecto del matrimonio en los hombres es el opuesto: tienen mayor oportunidad de encontrar empleo.2 Ello habla de la visión tradicional que sigue predominando en México sobre los roles de hombres y mujeres.

El hecho de que no exista igualdad de oportunidades por estas barreras implica una injusticia para las mujeres, ya que ven muy limitado el pleno ejercicio de sus derechos. Acabar con la desigualdad de género es obligación de todos. Adicionalmente, esta dinámica es ineficiente desde el punto de vista económico. De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial del Trabajo, una reducción del 25% de la brecha de género en participación laboral de México se traduciría en un crecimiento adicional del PIB de 5%. Ello se debe a que discriminar por razones de género desaprovecha todo el talento y potencial que millones de mexicanas podrían aportar. No hay soluciones sencillas ni salidas fáciles para salir de este problema. Políticamente, queda exigir a los candidatos presidenciales el siguiente año proponer soluciones estructurales a este problema y que la perspectiva de género deje de ser un apéndice y un cliché político fácil y se convierta en un elemento central de todas las plataformas de gobierno.

Diego Alejo Vázquez
Maestro en Economía por El Colegio de México y Gerente de Investigación de Oxfam México.


1 Discriminación salarial de la mujer en el mercado laboral de México y sus regiones. Rodríguez-Pérez, E. and Castro-Lugo, D. 46, Toluca: El Colegio Mexiquense, 2014, Vols. Economía, Sociedad y Territorio Vol. XIV.

2 Race and Marriage in the Labour Market: A Discrimination Correspondence Study in a Developing Country. Arceo-Gomez, E, and Campos-Vázquez, R. pag. 376-380, American Economic Review : s.n., 2014, Vol. 104(5).