El sueño fecunda la realidad; conspirar para un futuro deseado no es sufrir más por el presente. Así, la actitud prospectiva no consiste en esperar el cambio para reaccionar, sino que pretende dominar el cambio en el doble sentido, el de la preactividad (prepararse para un cambio esperado) y el de la proactividad (provocar un cambio esperado): es el deseo, fuerza productiva del futuro.

Michele Godet

Un cónclave para ver más allá de lo evidente1

¿Para qué pensar en el futuro, si no existe? ¿Para qué pensar en el futuro de las escuelas, si desaparecerán con el tiempo? ¿Para qué imaginar el porvenir, si basta con abandonarnos a la inercia del hoy como quien se desliza a toda velocidad sobre un trineo de bobsled rumbo al desfiladero?

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Justo porque el presente no resulta tan satisfactorio como quisiéramos, pensar en el futuro de la educación se vuelve impostergable. Las escuelas –ubicadas en cualquier parte y de cualquier modo, a veces sin las condiciones mínimas para funcionar como recintos de aprendizaje– ya no son cotos exclusivos del conocimiento, si es que alguna vez lo fueron. Lidian con la burocracia, la creciente población estudiantil, la corrupción, el anquilosamiento del modelo educativo, la falta de acceso a la tecnología y, allí donde el acceso es posible, la brecha entre nativos y migrantes, por mencionar sólo algunos de sus embates cotidianos.

De acuerdo con el Institute for the Future (California, E.U.A.), la mayor longevidad de la población mundial, la inteligencia artificial, la masificación de las redes computacionales, las nuevas herramientas de comunicación y la conectividad expansiva del mundo, serán algunas de las fuerzas disruptivas que impactarán la educación de los próximos años, haciendo urgente la necesidad de que los alumnos desarrollen nuevas habilidades, en congruencia con las cuales los recintos educativos deben transformarse también: ¿pero estarán en condiciones de hacerlo? (Davies, 2011) ¿Cómo lograremos eso, si hoy en día no estamos siendo capaces de formar a individuos con las habilidades profesionales necesarias? (CIDAC, 2014)

¿Qué factores resultan determinantes para el futuro de la educación? ¿Cuáles son las grandes evoluciones o tendencias que lo definirán? ¿Cuáles son los cambios o rupturas “probables” o “posibles” que determinarán el futuro de las escuelas mexicanas? Con estas preguntas en mente, un grupo de analistas, en busca de ver más allá de lo evidente, llamados Los Thundercats se reunieron para imaginar los futuros posibles, probables y preferibles de las escuelas en México. Profesionales de distintas disciplinas, todos estudiantes, docentes y/o autoridades escolares, eligieron esta inquietud en común como territorio de aplicación para el análisis estructural de Michel Godet (Godet, 1993).

Este modelo analítico permite diseñar y analizar una serie de variables de impacto, para después sintetizar una serie de escenarios alrededor de un tópico determinado. De tal suerte, el equipo confeccionó 33 variables, de las cuales seleccionó las 12 más relevantes, mismas que fueron contrastadas para determinar su grado de motricidad y dependencia. El resultado se combinó con la imaginación de los participantes para dar lugar a tres visiones hipotéticas del porvenir de acuerdo con el siguiente tenor:

  1. Escenario tendencial: ¿Qué pasará en unos años si nada cambia?
  2. Futurible: ¿Cuál sería la evolución deseable y factible de la actual situación?
  3. Contraste: ¿Cuál es la evolución catastrófica de la actual situación?

Este ejercicio requiere una reformulación ulterior que considere más y mejores categorías y variables, que precise niveles educativos, entornos y posibles caminos para acercarnos a los escenarios más deseables. Por lo pronto, comparto las narraciones que resultaron de este análisis.

Escenario tendencial. Como el grafeno

La educación en México es ligera y fuerte a la vez, con un modelo altamente estructurado, pero con suma plasticidad. ¿Cómo logra el sistema educativo administrar esta paradoja?

Las tecnologías de la información y la comunicación son accesibles y fáciles de usar.  Los esquemas de enseñanza-aprendizaje se resuelven lo mismo de manera presencial que virtual y se condensan en soluciones ultra-personalizadas: los programas se han tornado en rutas de navegación a la medida. En contraste, las inercias son fuertes aún. Los docentes ─algunos concentrados en los ruinosos vestigios de instituciones dejadas atrás, otros a título personal─ libran la batalla por recolonizar las aulas, noción utilizada para denominar los más diversos entornos.

Un ciudadano de a pie conecta su dispositivo personal a la macro-red y gestiona una serie de contenidos combinados ipso facto para él: esto es México en el año 2050.

Futurible. La urdimbre sutil

El diseño educativo se concentra y explica en razón de la reconfiguración, el mantenimiento y la expansión del tejido social. Los más recientes avances científicos y tecnológicos se entreveran en pos del bien común, abarcando todos los confines sociales. Los recintos educativos son entornos dedicados al intercambio de vivencias y a la generación de conocimientos. En estos sitios sin linderos tienen lugar procesos de enseñanza que atraviesan orígenes, edades y géneros.

El binomio estudiante/docente se ha disuelto, la escuela ya no es concebida como un contorno, sino como una red perenne en la cual habitar a lo largo de la vida. Los maestros/aprendices son generadores y usuarios de saberes, ciudadanos universales comprometidos con la agenda local, sin límites geográficos para la interacción.

La escuela, que conoce un nuevo auge como lugar para el encuentro y la discusión, es un crisol donde se idean soluciones que son implementadas gracias a políticas públicas eficaces e incluyentes.

Escenario catastrófico. En Laputa

El cierre de las fronteras nos ha devuelto a una era atomizada en la que el intercambio de saberes se ha desdibujado junto con lo que otrora se entendiera como Estado-nación. El vuelco total de la educación al ámbito privado acrecienta la desigualdad y el aislamiento de los menos favorecidos: pese a John Donne, hemos creado islas flotantes.

La omnipresencia de las aulas y su disponibilidad de tiempo completo no consiguen aliviar los contrastes: por un lado, un usuario puede acceder a contenidos curados específicamente para él, mientras que, por el otro, millones de personas aspiran a acceder siquiera a la categoría de “usuarias”.  Nunca se había vivido una brecha tal.

Aquellas configuraciones antes llamadas Estados han perdido autonomía sobre las políticas públicas, incluyendo las educativas. El modelo pedagógico, ahora vertical, rígido y orientado al mercado, responde a intereses transnacionales, desconociendo las configuraciones locales y el perfil de los alumnos.

El sistema de aprendizaje descansa en un abanico de contenidos y habilidades diseñados cupularmente, su administración involucra un alto control de riesgos y un espectro reducido de opciones para los pocos que acceden a esquemas formales de educación.

Sobre el diseño de futuros

¿Cómo podemos construir o evitar los diversos escenarios? He ahí el meollo del quehacer prospectivo, que desde su nacimiento oficial después de la Segunda Guerra Mundial se ha institucionalizado alrededor del mundo, como evidencian las universidades que incorporan el diseño y la construcción de futuros en su currículo, los nodos de especialistas, las publicaciones periódicas y las conferencias que en su nombre florecen en todos los continentes (Bas, 2004).

En México, expertos como Guillermina Baena, Antonio Alonso Concheiro, Tomás Miklos, Julio Millán y Concepción Olavarrieta lideran la producción en la materia y garantizan una digna representación de nuestro país en think-tanks como la Federación Mundial de estudios del Futuro, el Proyecto Milenio, la Sociedad Mundial del Futuro y el Club de Roma, por mencionar algunos. Por su parte, la Fundación Javier Barrios Sierra integra y promueve la participación de los estudiosos del futuro en México desde 1975.

En palabras de Concheiro, “imaginar futuros es un asunto de reflexión, imaginación y razonamiento; construir futuros es un asunto que pertenece al mundo de la planeación y la acción” (Miklos, 2016) y no al mundo de las artes adivinatorias, como podría sospecharse.  Los escenarios diseñados requieren de una ingeniería en reversa capaz de construir puentes entre esas narrativas deseables y las acciones que deben emprenderse para materializar cada visión, de tal suerte que el ejercicio de imaginar se torne generativo.

En palabras de Arjun Appadurai (Appadurai, 2015), el futuro es un hecho cultural, por lo que neutralizar las inercias del pasado tanto como nuestras visiones apocalípticas del mañana requiere de un trabajo conjunto, ingenioso y disciplinado, que logre motivarnos para intentar algo distinto, lo mismo en la escuela que en cualquier otro ámbito susceptible de mejora. En este sentido, diseñar futuros constituye un ejercicio reaccionario, una renuncia a la idea de la predestinación.

La migración total de las organizaciones públicas al sector privado; el agotamiento de los recursos energéticos; el incremento de la interdependencia económica, política y social; así como la emergencia de nuevos trabajos en la era de la información, son algunas de las megatendencias que enfrentaremos a lo largo de este siglo, de acuerdo con los entendidos (Bas, 2004). ¿Y qué se hará al respecto? ¿Nos dejaremos ir en el trineo de bobsled rumbo al desfiladero, viviendo las catástrofes como algo inevitable o imaginaremos otras posibilidades capaces de inspirar la acción social? Más aún, ¿se podrán tomar decisiones para contribuir a un futuro que está más allá de mí, un futuro que no nos incluye en la fotografía?

¿Será que simplemente nos hace falta la Espada del Augurio, para ver más allá de lo evidente?

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.


Referencias

Appadurai, A., 2015. El futuro como hecho cultural. México: FCE.

Bas, E., 2004. Megatendencias para el siglo XXI. Un estudio Delfos. Barcelona: FCE.

CIDAC, 2014. Encuesta de competencias profesionales. México: CIDAC.

Davies, A. F. D. G. M., 2011. Future Work Skills 2020. México: Institute for the Future.

Godet, M., 1993. De la anticipación a la acción. Manual de prospectiva y estrategia. Barcelona: Marcombo.

Miklos, T. y. A. M. 2016. El Futuro a debate. Respuestas prospectivas y estratégicas ante la incertidumbre global. México: Limusa.

Miklos, T. y. A. M., 2008. Prospectiva y escenarios para el cambio social.

1 La autora agradece la coautoría de los Thundercats, quienes elaboraron los escenarios expuestos en esta entrega: Luis Bolaño, Macarena Castillo, Daniel Gaenza, Guadalupe Gutiérrez, Patricia Gutiérrez, Claudia López, Edmundo Montes de Oca y Sandra Vargas, con la guía de los talleristas Margarita Arroyo y Rafael Serrano.