En agosto próximo, el Coneval dará a conocer las estimaciones de pobreza para el año 2020. Debido a múltiples factores, sobre todo como consecuencia de la crisis sanitaria, se espera que esta medición dé como resultado un incremento de la pobreza; sin embargo, la pregunta que queda es ¿de qué magnitud y características podría ser dicho incremento? En ese sentido, vale la pena reflexionar sobre la evolución de los diferentes componentes e indicadores que conforman esta medición.
Lo primero que debe tomarse en cuenta es que la medición de la pobreza es multidimensional, por lo tanto, se conforma de indicadores definidos en dos espacios del desarrollo social: el de los ingresos económicos de las familias y el de los derechos sociales de las personas, estos últimos expresados en términos de carencias. En cada uno de estos espacios, los diferentes componentes de los indicadores muestran tendencias distintas, al menos durante el periodo 2016-2020.

Ilustración: Víctor Solís
El espacio de los ingresos
En el caso de los ingresos económicos, la metodología del Coneval toma en cuenta los ingresos monetarios y no monetarios de diferentes rubros y fuentes de los hogares (laboral, rentas de la propiedad, transferencias del gobierno, remesas, etc.) y promedia los ingresos mensuales de febrero a noviembre del año del levantamiento. Este promedio se lleva a precios de agosto de ese año y se compara con el valor de las líneas de pobreza por ingresos de ese mismo mes para cada integrante del hogar.
Con la información disponible, podemos seguir la evolución de algunos componentes de la medición de pobreza por ingresos como las líneas de pobreza, el ingreso laboral, las remesas y la cobertura de programas sociales monetarios.
En el caso de los valores de las líneas de pobreza, puede apreciarse que, porcentualmente, aumentaron más entre 2016 y 2018 que entre 2018 y 2020. Esto es compatible con la baja inflación observada a lo largo de 2020.
Con la información del ingreso laboral del Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP), puede apreciarse que, al menos para los trimestres comparables en los periodos de referencia, las variaciones podrían no ser tan profundas. De hecho, con estos datos, se muestra que el ingreso laboral per cápita del cuarto trimestre de 2020 es mayor que el del mismo periodo de 2018 y 2016, medido en términos reales. La caída del ingreso laboral dependerá de qué tan profunda fue su disminución en los dos primeros trimestres de 2020.
Otro componente del ingreso de algunos hogares son las remesas. Éstas alcanzaron niveles históricos durante el confinamiento, tal vez como estrategia seguida por los hogares para enfrentar la caída de otros ingresos. La mayoría de los hogares que reciben remesas tienen un ingreso que los ubica entre las líneas de pobreza y de pobreza extrema, pero no rebasa el 6 % de este grupo.
Un componente adicional del ingreso son las transferencias monetarias del gobierno. De acuerdo con la información del Inegi, el porcentaje de hogares que reportaron ingresos por programas sociales muestra una tendencia decreciente entre 2016 y 2020. Cabe aclarar que para 2020 la fuente de información es el Censo de Población y Vivienda, el cual se levantó antes de iniciar el confinamiento y podría no tomar en cuenta las acciones que implementó el gobierno para mitigar el efecto de la pandemia. Para las fechas del levantamiento de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), de agosto a noviembre, podría ser que estos programas de emergencia ya hayan sido identificados entre las familias entrevistadas.
El espacio de los derechos sociales
En cuanto al espacio de los derechos sociales, se puede observar el comportamiento de las carencias por acceso a la salud, educación, algunos componentes de calidad y espacios de la vivienda, y de servicios básicos en ella.
Con respecto a la carencia por acceso a servicios de salud, se observa su incremento en 2020 en comparación con las dos mediciones anteriores. Esto pudo ser motivado por el cambio en el sistema de salud pública que pasó del Seguro Popular al Insabi.
En cuanto a la carencia en educación, prácticamente permaneció sin cambios; sin embargo, hay que tomar en cuenta que el levantamiento de la ENIGH coincide con el cambio del ciclo escolar. Este punto, junto con el confinamiento, podría ser un factor que influya en el comportamiento de la medición de esta carencia. No obstante, cabe aclarar que este indicador sólo mide la inasistencia escolar de niñas, niños y adolescentes hasta los 15 años de edad, y el grado académico alcanzado por las personas mayores. No contempla otros indicadores como el acceso remoto a clases y tecnologías disponibles para el aprendizaje desde los hogares, los cuales se volvieron sumamente relevantes para el acceso a la educación desde el confinamiento.
De los componentes de la carencia por calidad y espacios de la vivienda, se observa una tendencia decreciente en los materiales inadecuados para los pisos, paredes y techos, mas no así en el hacinamiento, que es el componente más alto de esta carencia y que permanece sin cambios relevantes desde 2016.
Por otra parte, de los componentes de servicios básicos en la vivienda, cabe destacar la disminución de la falta de acceso a agua entubada en 2020. La carencia de drenaje disminuyó, y la de electricidad se mantuvo en los niveles más bajos de todos los componentes. Este es un resultado muy importante: refleja una mayor disponibilidad de estos servicios en la vivienda, algo que se volvió relevante durante el confinamiento.
La carencia más alta de todas las que conforman la medición de la pobreza es la falta de acceso a la seguridad social. No se cuenta con datos suficientes para prever cuál será el nivel que alcance en 2020. Sin embargo, una estimación con los datos de las Encuestas Nacionales de Ocupación y Empleo (ENOE) del tercer y cuarto trimestre de ese año, nos permite apreciar un posible incremento de la carencia en alrededor de tres puntos porcentuales. Esto es compatible con los datos que se reportan sobre la recuperación del empleo formal hacia finales de 2020.
Reflexión preliminar
De esta manera puede observarse que, en términos de la medición multidimensional de la pobreza, los cambios en sus componentes podrían no ser tan profundos, salvo en algunos indicadores como el incremento en la carencia por acceso a los servicios de salud y la caída de algunos componentes relevantes de los ingresos.
En este último caso es de esperarse una disminución de los ingresos ocasionada principalmente por la caída de fuentes como el ingreso laboral, el trabajo independiente, la disminución de algunas transferencias y la renta de la propiedad; por otra parte, otras fuentes podrían incrementarse como respuesta de los hogares ante la crisis, como las remesas, el autoconsumo y algunas fuentes de ingresos no monetarios. En el caso de las transferencias del gobierno, su influencia en el ingreso es todavía incierta: dado el cambio en la política social y los montos en las transferencias monetarias, no es posible prever cuál será su posible efecto ni cómo lo habrán reportado los hogares entrevistados.
De las demás carencias sociales, algunas podrían mantener su tendencia decreciente, como son las relacionadas con los servicios básicos y condiciones materiales de las viviendas. Otras podrían no aumentar sustancialmente, como las carencias en seguridad social y educación. Por otra parte, la carencia por acceso a la alimentación sí podría tener un incremento significativo, principalmente por su relación con el nivel de ingresos de los hogares y el componente de percepción implícito en este indicador.
¿Por qué podría darse este comportamiento diferenciado en los componentes de la medición de la pobreza? Entre otras cosas, al menos por dos circunstancias: la primera, que se trata de una medición que se realiza y compara cada dos años y no con lo acontecido en los meses más recientes; la segunda, que el periodo de levantamiento coincide con los meses en los que inició la incipiente recuperación económica de la crisis ocasionada por la pandemia, así como por la baja inflación observada durante 2020.
Finalmente, habrá que considerar los cambios metodológicos y en los indicadores previstos por el Coneval, derivados de la revisión metodológica anunciada hace tiempo por este organismo. De igual forma, el Inegi posiblemente hará adecuaciones a los ponderadores a partir de los resultados finales del Censo de Población y Vivienda 2020, el cual mostró una menor población que la proyectada en años anteriores. ¿Cuál será el efecto de estos cambios en la medición? El resultado lo conoceremos pronto.
Enrique Minor
Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México





