So they say
Dance for me, dance for me, dance for me, oh, oh, oh
I’ve never seen anybody do the things you do before
They say move for me, move for me, move for me, ay, ay, ay
And when you’re done I’ll make you do it all again
—“Tones and I”, Dance Monkey
Pedagogía civil en calzones
Hace casi una década me quité los pantalones en el Metro. Había recibido la convocatoria de Flashmob México por correo electrónico y acudí puntualmente a la cita, junto con cientos de desconocidos más.
El primer paseo sin pantalones ocurrió en Nueva York a principios del milenio. Desde 2002, el colectivo Improv Everywhere lo convoca año con año con el propósito de divertir e inspirar a los ciudadanos en el ejercicio de tareas conjuntas. La actividad se replica en distintas ciudades del mundo, incluida la de México, en cuyo Metro me quité los pantalones junto con otros tantos cómplices dispuestos a dedicar su tarde a dicha misión; observar a la gente realizando esta actividad de manera coordinada me hizo sentir parte de una gran tribu de calzonudos. “Si logramos esto, ¿qué más podríamos hacer juntos?”, me pregunté.
En 1993, Howard Rheingold anticipó la capacidad de Internet como territorio para la expresión de la acción colectiva en The Virtual Community, donde abordó el caso específico de The Well, la primera comunidad en línea. Años más tarde, el mismo autor aludió al potencial de los teléfonos inteligentes para la organización de acciones con impacto social en Smart Mobs: The Next Social Revolution (2002), obra en la que expuso cómo es que al volverse masivo y simple, el acceso a la red transforma la manera en la que los humanos establecemos y ponemos en práctica nuestros acuerdos.

Ilustración: Ricardo Figueroa
El reino de Charli D’Amelio
Muchas personas disfrutan de TikTok, red social de creciente popularidad lanzada en 2016 por Byte Dance. El propósito de la aplicación es sencillo: compartir información mediante videos de entre 15 y 60 segundos. La mecánica resulta suficiente para que más de 800 millones de usuarios alrededor del mundo intercambien cada día materiales multimedia sobre los más diversos temas: música, cultura pop, arte, ciencia y gallinas, sólo por mencionar algunos.
La mayor parte de los usuarios de TikTok habitan en China (donde la aplicación tiene una variante específica llamada Douyin), Corea del Sur, Estados Unidos, La India, México, Rusia y Turquía, entre otros países. La tiktoker con más usuarios en el mundo al cierre de esta edición es Charli D’Amelio, joven estadounidense con 70 millones de seguidores que publica videos de baile y gana un promedio de 100 000.00 dólares por cada clip patrocinado.
D’Amelio danza frente a la cámara y otros usuarios comparten su vida cotidiana, reflexionan acerca de sus preocupaciones, creencias y anhelos. En suma, esta plataforma es un lugar idóneo para la observación y el análisis del comportamiento colectivo.
Además de haberse colocado en el ojo público por el incremento de seguidores que la aplicación registró durante la pandemia, en fechas recientes TikTok ha sido motivo de conversación por razones políticas. El pasado 20 de junio, Donald Trump convocó a un mitin de campaña en la ciudad de Tulsa, esperando ver congregados allí a ríos de simpatizantes.
Pese a las altas expectativas del equipo de campaña por la alta demanda de boletos (alrededor de un millón de lugares fueron solicitados), al encuentro acudieron poco más de 6000 personas. Las investigaciones preliminares arrojan que la gente no sintió confianza ante la posibilidad de confluir en medio de una crisis pandémica, pero entonces, ¿qué explica la alta demanda de reservaciones?
Todo parece indicar que algunos usuarios de TikTok e Instagram boicotearon el evento, posibilidad que los organizadores del mitin desestimaron pese a las señales de alerta. Entre otras personas que compartieron videos manifestando su intención de reservar entradas y no acudir a la reunión se encuentra Mary Jo Laupp, quien a raíz de su publicación fue invitada a colaborar en la campaña del candidato demócrata Joe Biden para coordinar la producción de contenido multimedia para redes sociales como las antes referidas.
¿Cambiando el mundo un clic a la vez?
Siguiendo a Rheingold, lograr el fracaso del encuentro en Tulsa no representó un gran esfuerzo para los involucrados, quienes sin salir de casa ni quitarse la ropa contribuyeron a cambiar el curso de los acontecimientos. ¿Quienes participaron esperaban ese resultado? ¿Se sumaron masivamente por convicción o porque les pareció divertido? Si bien se ignoran las motivaciones profundas de los usuarios, los resultados están sobre la mesa y son examinados por un equipo de asesores que todavía se rascan la cabeza con cara de signo de interrogación.
Las consecuencias de este hecho aún no terminan de asentarse. A raíz del fracaso en Tulsa, la administración de Trump pretende prohibir el uso de TikTok en todo el país, como en su momento lo pretendió con Twitter y Facebook. Se desconoce todavía si la medida será procedente y cuáles serán sus alcances, pero esta reacción evidencia la capacidad de Internet para convocar a las comunidades y el alcance de los grupos de interés cuando actúan de manera concertada.
Llenar un formato para solicitar boletos para un mitin no se compara con el gasto energético de votar o tomar las calles. ¿Qué esfuerzos están dispuestos a realizar quienes participaron en el boicot para cambiar la realidad política que cuestionan? ¿Qué esfuerzos estamos dispuestos a realizar cada uno de nosotros y cómo podemos utilizar nuestros dispositivos tecnológicos para decantar el cambio?
Karla Paniagua Ramírez
Coordinadora de Estudios de futuros en CENTRO. CFO en Punk. La autora agradece al equipo asesor del STEAM-Lab CENTRO por su colaboración para el desarrollo de este texto.