Desde hace algunas décadas, la economía experimenta una constante desacreditación, principalmente debido al distanciamiento entre la teoría que se enseña en las escuelas y la realidad observada. Desde los ochenta, la desigualdad ha aumentado en todo el mundo y las crisis han lastimado el bienestar de millones de personas.

Ilustración: Gonzalo Tassier
La discusión sobre el papel que la economía debería jugar, así como sus fallas actuales, refleja la consistencia lógica y la capacidad de predictibilidad de la teoría económica (dimensión epistemológica) y las ideas sobre el mundo real que predominan entre corrientes críticas (dimensión ontológica).
Además, dentro de la economía en general existe un abandono de la dimensión normativa; es decir, de sus cuestiones éticas y morales en aras de conservar el carácter científico de la teoría. Esta situación, junto al malestar de una mayoría creciente de la población mundial, ha planteado la coyuntura perfecta para que la política señale a los economistas como los culpables de la implementación de políticas económicas que han generado creciente desigualdad, corrupción, degradación del medio ambiente y el abandono de sectores históricamente desfavorecidos.
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, identificó dos orígenes de la economía: el ético y el técnico. Por el lado de la ética, Aristóteles se enfocó en el logro social y, como la política es el arte principal, la economía por su parte tenía el fin de conseguir lo bueno para los seres humanos y las naciones; en cambio, en el enfoque técnico se centraría, según León Walras, en el funcionamiento de los mercados, el equilibrio general y la competencia perfecta.
De acuerdo con Sen, la compatibilidad de la racionalidad económica con el comportamiento moral depende de lo que está maximizando el individuo "racional", y distingue entre tres tipos de motivaciones: interés propio, simpatía por los demás y deber o compromiso con principios morales.
La consideración anterior ha sido reforzada por la economía conductual. Dos de sus precursores recibieron el mismo reconocimiento que Sen por sus aportes desarrollados desde la perspectiva de la economía conductual: Daniel Kahneman en 2002 y Richard H. Thaler en 2017.
Diversos experimentos y análisis realizados en la economía conductual demuestran que el homo sapiens puede valorar motivaciones intrínsecas personales, por lo que puede dejar el beneficio económico de lado. Igualmente, señalan que la sociedad es heterogénea; es decir, existen individuos puramente egoístas, pero también coexisten con individuos que tienen una aversión a la desigualdad y preferencias sociales como altruismo y confianza.
Otro enfoque que ha explorado explicaciones económicas distintas a las que sólo refieren a los tipos individuales y racionales es la economía institucionalista. En este ámbito, el trabajo de Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson concibe el nivel de desarrollo institucional como determinante del desarrollo económico de un país; desde su perspectiva, las instituciones económicas generan los incentivos que cada actor económico enfrenta y que moldean los resultados económicos. En este sentido, el Estado y las instituciones, mediante normas y una correcta impartición de justicia, pueden favorecer un ambiente de honestidad.
Ahora bien, la economía conductual, y específicamente la teoría denominada racionalización, indica que una persona cualquiera comete actos de deshonestidad hasta el punto en que pueda mantener su imagen de persona honesta; es decir, una persona se permite realizar actos deshonestos mientras se pueda convencer a sí mismo de que no ha hecho ningún mal.
Experimentos desde el enfoque de la psicología evolutiva indican que los humanos adoptan conductas de sus semejantes por imitación, lo que podría extenderse a situaciones de deshonestidad. En consecuencia, la economía conductual sugiere que cambios en la honorabilidad, moralidad o normas sociales influyen directamente en el grado de honestidad y corrupción de una población, lo cual se acentúa entre aquellas personas que se perciben como sus iguales.
En el marco de lo expuesto, el pensamiento de Muhammad Yunnus resulta familiar, pues parte de la premisa de que la persona real es un compuesto de muchas cualidades. Ya que, si bien es cierto que las personas son a veces egoístas, también son cariñosas, confiadas y desinteresadas. El incentivo de su trabajo no es sólo conseguir dinero para ellas mismas, sino también beneficiar a otros para mejorar la sociedad, para proteger el medio ambiente y para contribuir a traer más alegría, belleza y amor al mundo.
El Social Business, de acuerdo con Yunus, es una organización creada con el objetivo primario de resolver un problema social, ambiental, sanitario o similar, y con el objetivo paralelo y secundario de generar ingresos suficientes para ser sostenible en el tiempo. La maximización de ganancias y la satisfacción de los accionistas, principios rectores de la empresa capitalista tradicional, están fuera de este concepto.
Yunus establece los siguientes siete principios que caracterizan a la empresa social, por ejemplo:
1. El objetivo de la empresa es superar la pobreza o resolver uno o más problemas sociales, no el de maximizar las ganancias.
2. La empresa debe ser sostenible financiera y económicamente.
3. Los inversionistas sólo recuperan la inversión inicial.
4. Cuando se devuelve la inversión, las ganancias se reinvierten en la empresa para ampliación y mejoras; es decir, no hay dividendos.
5. La compañía será ecológicamente responsable.
6. Los empleados de la empresa tienen un salario y condiciones de trabajo iguales o mejores que el estándar local.
7. Este trabajo, ¡se hace con alegría!
¿Por qué una compañía con ánimo de lucro habría de querer crear una empresa cuya misión fuera abordar un problema social sin aspirar a obtener algún beneficio? Puede ser que los propietarios o altos ejecutivos tengan afinidad por un problema particular, como la pobreza, la educación o cualquier otro. Pueden considerar que respalda los objetivos de la compañía. Además, este enfoque puede ayudar a mantener a sus empleados comprometidos y entusiasmados con su trabajo, y a ganarse el reconocimiento y el elogio de la comunidad entera.
A todas las escuelas y corrientes económicas anteriores se suma la de la economía ecológica. El respeto a los límites climáticos y medioambientales es imprescindible para que la economía logre dar respuestas que ayuden al desarrollo humano sostenible en las próximas décadas.
Esta perspectiva se centra en las relaciones entre la economía y la naturaleza, y explora sus conceptualizaciones, potencialidades y limitaciones. Además, se utiliza para diseñar políticas ambientales que estén en armonía con objetivos económicos y viceversa. También hay otros enfoques que integran el medio ambiente, como la economía ambiental y el análisis económico de los recursos naturales.
Estos enfoques que contemplan al medio natural retan las ideas de la economía más neoclásica según las cuales los recursos naturales son inagotables, el crecimiento material de la economía no tiene límites y la función de producción sólo incluye mano de obra humana y capital, sin tomar en cuenta el capital natural necesario para estos procesos.
Al hacer un recuento de estas diferentes perspectivas económicas, es evidente que la disciplina trasciende las fórmulas matemáticas y los modelos que asumen la racionalidad perfecta. En tanto más se desarrollen visiones alternativas, más enriquecedora y útil para la sociedad será la labor de las y los economistas. Después de la crisis económica, política y humana que el covid-19 ha representado para millones de seres humanos, encontrar soluciones a los grandes problemas es urgente.
Rodrigo Osorio Díaz
Financiero por la Universidad de Saint Edward y director de la Agencia de Energía del Estado de Puebla. Experto en energía y negocios.
Obed Román
Economista por la UNAM con especialidad en economía monetaria y financiera. Es subdirector de planificación en la Agencia de Energía del Estado de Puebla.
Referencias
Sen, A. Sobre ética y economía, Alianza Editorial, España, 1987.
Acemoglu, D., y Robinson, J. A., Why nations fail: The origins of power, prosperity, and poverty, Crown Publishing Group, Nueva York, 2012.
Stiglitz, J. et al. Informe de la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social, 2008.
Martínez Alier, J., y Roca Jusmet, J., Economía ecológica y política ambiental. Fondo de Cultura Económica, México, 2013.