La igualdad —o más bien: la falta de ella— se ha vuelto uno de los temas más importantes de nuestro tiempo. Motivo de malestar social, bandera activista, consecuencia del modelo de desarrollo y sus interacciones con los factores reales de la política. Dicha importancia ha llevado a investigadores y al público en general a preguntarse por sus orígenes, a buscar comparar la desigualdad actual con la del pasado, en un intento por entender cómo llegamos aquí y por qué hoy es, o no, diferente.

Cuando nos hacemos estas preguntas es usual retroceder veinte o cincuenta años atrás en el tiempo; los más osados entre nosotros quizá nos aventuramos un par de siglos o hasta donde los datos e información existente nos permitan hacer estimaciones. Este no es el caso para Oded Galor, quien en su nuevo libro, The Journey of Humanity: The Origins of Wealth and Inequality, decide llevar su búsqueda por las causas de la desigualdad viajando entre 100 000 y 200 000 años, a los momentos en que el homo sapiens aparece y hasta nuestros días. Hacer el esfuerzo de contar una historia en una extensión temporal tan larga a partir de un par de temas (crecimiento y desigualdad) de los que nuestro conocimiento es aún imperfecto es una tarea complicada. Es aquí donde el libro sufre una de sus principales debilidades y al mismo tiempo una de sus fortalezas: la ambición.

Una historia tan ambiciosa por necesidad debe omitir detalles. La idea es hablar de las grandes tendencias más que profundizar en algunos aspectos. La primera mitad del libro es donde esto se nota más. Esta parte busca resolver el misterio del crecimiento económico; para ello, el autor nos lleva en un viaje desde la Revolución Neolítica hasta la Revolución Industrial y el presente. La escritura es sencilla; la argumentación sigue de cerca la evolución de las distintas literaturas de la historia económica y al mismo tiempo echa mano de otras disciplinas como la antropología y la biología evolutiva. Al final de este viaje milenario, el autor nos plantea las fuerzas detrás del crecimiento: la combinación de la transición demográfica que poco a poco fue generando condiciones de mayor innovación al contar con un número mayor de personas (mayor densidad poblacional significa un universo más grande de inteligencia de la cual se puede disponer) y el capital humano (mayor desarrollo tecnológico genera mayor demanda de habilidades y, así, por generaciones, hasta la llegada de la Revolución Industrial). La combinación de estas dos fuerzas que se retroalimentan nos permitió escapar de la trampa malthusiana (estar atrapados en un ciclo de aumento y disminuciones de estándares de vida conforme la población sube o baja). Hasta este punto, la primera parte del libro es meramente una recapitulación de lo que sabemos sobre la evolución de las economías preindustriales.
Es la segunda mitad del libro la que resulta mucho más interesante. Oded Galor, aunque nominalmente es un economista con importantes aportaciones teóricas en el campo del crecimiento económico —por ejemplo: el modelo Galor-Zeira y la teoría unificada del crecimiento—, es un científico social difícil de encasillar. Frecuentemente se mueve en áreas interdisciplinarias, particularmente de la biología, y esto se nota en la segunda parte. En esta mitad, Galor se propone descifrar el misterio de la desigualdad y nos lleva siguiendo el mismo método que en la primera parte en un viaje de miles de años hasta el neolítico. Nos hace revisar distintas explicaciones sobre por qué somos desiguales en el mundo (instituciones, geografía, cultura) y pondera cada una de ellas, capítulo por capítulo, hablándonos de sus virtudes como explicaciones y de lo que no puede no se puede comprender. Al final, ofrece una explicación bastante inusual: el origen de la diferencia de riqueza entre naciones, y por lo tanto de la desigualdad, está fundamentalmente relacionada con la diversidad.
Generalizando el argumento de Galor, su explicación es que las sociedades que por diferentes factores lograron encontrarse en un equilibrio en el que eran suficientemente diversas (genética y culturalmente) como para fomentar el surgimiento de nuevas ideas, pero no tan diversas como para fomentar conflictos sociales, lograron generar un círculo virtuoso en el que acumularon mayor capital humano y fueron más tolerantes, permitiéndoles aprovechar ese mayor capital humano. Aquellas sociedades que se volvieron menos diversas se quedaron atrás en términos de desarrollo, con menos ideas; aquellas demasiado diversas se volvieron inestables, produciendo reacciones que limitaron su potencial.
Para probar su punto, Galor propone una medición innovadora de la diversidad y el uso de técnicas econométricas comunes (variables instrumentales). Sugiere que la distancia migratoria de África hace miles de años como instrumento de la diversidad (medida en un índice de su construcción) tiene un nivel predictivo importante sobre niveles de desarrollo. Más allá de las tecnicalidades de esta medición (la validez del instrumento) lo interesante es la vinculación entre diversidad (la composición de la población) con la densidad poblacional y una serie de factores culturales e institucionales, que en su conjunto serían para Galor los motores del desarrollo tecnológico. Ese desarrollo tecnológico luego nos liberaría de la trampa malthusiana y crearía las condiciones para que el mundo de hoy existiera con todas sus desigualdades y toda su riqueza.
La idea central es novedosa en el universo de explicaciones sobre la desigualdad, pero ¿es convincente? Aunque Galor pretende darles la vuelta, hacia al final regresa a las explicaciones institucionales, culturales y geográficas. Si bien en su argumento la diversidad es la causa fundamental de diferencias, los otros factores parecieran ser los mediadores, aunque probablemente esto es un mero subproducto de la visión holística de la “teoría unificada” (la versión económica de la teoría del todo).
El libro es ambicioso y eso lo hace controversial y entretenido, pero esa misma ambición por momentos lo hace caer en el gran pecado de muchos economistas que trabajan temas de desarrollo cuando estudian el muy largo plazo: el problema de la compresión de la historia. ¿Podríamos creer que un suceso que ocurrió hace 2000 años en el Imperio Romano sigue afectando los niveles de PIB en Italia? Difícilmente. ¿Podemos creer que algo que ocurrió hace 200 000 años es uno de los determinantes de que México tenga la renta de un país medio? Poco creíble; es decir, probablemente importaron más, muchas más, cosas vividas recientemente.
Esto no quiere decir que la diversidad no sea un factor relevante o que no opere de la manera en que Galor sugiere; es un tema más bien de temporalidad y de concepción de la historia. El problema no es que no sea creíble o que no sea una importante aportación al estudio de la diversidad genética y cultural en niveles de desarrollo; el autor mismo lo ejemplifica con el nacimiento del rock n’ roll, un producto nacido de la diversidad. El problema es perder de vista la importancia del contexto y de las millones de variables que pudieron pasar en esos cientos de miles de años y que no tenemos forma de saber. Es una noción que se vuelve un tanto determinista, a menos de que introduzcamos el rol de la política, de las instituciones, de la geografía y de la cultura. Pero si hacemos eso, ¿entonces la diversidad sigue siendo el factor más importante, o se vuelve uno más de entre muchos?
Uno de los problemas del nuevo institucionalismo económico es que en sus trabajos más emblemáticos parecieran dejar poco espacio de agencia para cambiar las cosas. El argumento que Journey of Humanity presenta sufre de algo parecido. Al final del libro, cuando Galor nos deja unas breves pero sensatas recomendaciones, parece reconocer ese mismo problema y trata de solucionarlo. La diversidad es importante, pero de pronto son políticas específicas las que dictan su efecto. Nos dice que quizá la esperanza del futuro de la humanidad en su camino incierto es que los países más homogéneos adopten políticas que los abran poco a poco nuevas ideas, y que los más diversos fomenten la tolerancia. La combinación de ambas fuerzas debería llevar idealmente a un equilibrio virtuoso en el que se produzca mucho rock n’ roll y sus ganancias se distribuyan más equitativamente.
The Journey of Humanity: The Origins of Wealth and Inequality de Oded Galor es un libro ambicioso, divertido y controversial, con una visión muy diferente sobre la desigualdad y la forma en que la pensamos. Cuenta con un estilo narrativo que utiliza muchas analogías, haciéndolo de una lectura fluida. Su mensaje es importante para los tiempos en que vivimos y aunque quizá al final no logra resolver los misterios que se proponía en un inicio, sigue siendo una adición interesante a uno de los debates más importantes de nuestro tiempo.
• Oded Galor, The Journey of Humanity: The Origins of Wealth and Inequality, Penguin Random House, 2022, 304 pp.
Diego Castañeda
Economista por la University of London e historiador económico por la Universidad de Lund