El cambio climático es uno de los problemas más apremiantes de nuestro tiempo. Recientemente se han anunciado una serie de ambiciosos compromisos para alcanzar la neutralidad de carbono, tanto por parte de gobiernos como de empresas. Si bien tales objetivos son una señal positiva, aún quedan dudas sobre su credibilidad debido a la falta de planes de transición.
Ante dicha situación, el sistema financiero tendrá un papel clave para ayudar a la transición y mitigación de los impactos del cambio climático y los bancos centrales alrededor del mundo —como actores centrales en la arquitectura financiera global— reafirmarán su posición indispensable en esta discusión. ¿Qué pueden hacer las autoridades bancarias centrales para prevenir la tragedia del horizonte?1 En este texto se explorará el papel de los bancos centrales para conseguir una descarbonización acelerada y mitigar el impacto del cambio climático.
Los bancos centrales y sus mandatos
Desde la crisis financiera global, los bancos centrales (incluido el Banco de México) han reenfocado esfuerzos para preservar la estabilidad del sistema financiero como una finalidad o, en algunos casos, como un mandato legal adicional. La preocupación por el mantenimiento de la estabilidad financiera ha estado ligada a la naturaleza y finalidad de los bancos centrales desde sus orígenes, ya que la estabilidad financiera es una condición necesaria para la económica y de precios.
Hoy en día los bancos centrales tienen mandatos claros y específicos que se concentran en su mayoría en mantener niveles de inflación bajos y estables y en asegurar un funcionamiento adecuado del sistema financiero. Recientemente, el cambio climático se ha convertido en un tema central en la discusión global entre banqueros centrales, debido a los riesgos que representa para la estabilidad macroeconómica y financiera.2

Los riesgos climáticos y sus impactos
Los riesgos climáticos pueden tener implicaciones en la actividad económica y financiera. Por un lado, los efectos en la actividad económica del cambio climático pueden transmitirse a través de varios canales, incluidos los precios de materias primas, las cadenas de valor y la migración, entre otros.3 Por otro lado, las implicaciones financieras pueden surgir a través de interconexiones entre las exposiciones de la banca, los seguros y otras instituciones financieras en los ámbitos nacional e internacional.4 En consecuencia, una de las principales formas en las que los bancos centrales pueden contribuir a salvaguardar esta estabilidad es ayudando a que el sistema financiero se adapte y apoye en la mitigación del cambio climático.
En las economías emergentes, en particular, el cambio climático puede ser disruptivo en al menos cuatro dimensiones.5 La primera se refiere al reajuste en los flujos globales de capital, ante el surgimiento y auge de iniciativas para destinar recursos a proyectos verdes y sostenibles.
En segundo lugar, pueden generarse disrupciones en las cadenas de valor y en la inversión extranjera directa si se imponen restricciones o cambios en las preferencias respecto a la adquisición de bienes (finales o intermedios) provenientes de economías cuyos procesos productivos no estén alineadas a un entorno de menores emisiones.
En tercer lugar, es factible que en el futuro cercano enfrentemos mayores precios del carbono. Esto conllevaría importantes riesgos de transición para economías emergentes y en desarrollo, particularmente en aquellos casos cuya actividad económica se sostiene en sectores altamente contaminantes o intensivos en carbono y cuya política fiscal resultaría insuficiente para enfrentarlos.
Por último, el riesgo de inestabilidad financiera incrementa en la medida en que los riesgos asociados al clima puedan tener consecuencias directas, indirectas y efectos de contagio significativos en el sistema financiero. Estos últimos efectos deben ser previstos y gestionados por supervisores y reguladores financieros para evitar un impacto sistémico.
¿Qué hacer?
Ante la evidencia de los impactos del cambio climático sobre las economías y su estabilidad financiera, el debate ya no es si los bancos centrales deben actuar en relación con los riesgos financieros asociados al clima, sino cómo hacerlo. Aunque los gobiernos son los principales responsables de facilitar una transición ordenada, los bancos centrales son responsables del sano desarrollo del sistema financiero y pueden ayudar a que este se encuentre mejor preparado para enfrentar de diversas maneras los riesgos financieros asociados al clima.6
Por un lado, su labor puede ser relevante para obtener y proporcionar más y mejor información sobre estos riesgos, información que en general es difícil de recabar. Contar con información consistente, comparable y confiable ayudaría a las instituciones financieras y los mercados a obtener una mejor evaluación de los riesgos y que los precios de mercado los reflejen.7
Otra tarea fundamental será promover la adopción de mejores prácticas en la gestión de riesgos financieros para que se incluyan aquellos relacionados con el clima. Esta tarea no es sencilla, debido a los retos de medición y estimación. Existe gran incertidumbre en cuanto a las proyecciones, datos, y modelos que las instituciones financieras usan para su evaluación; en parte, debido a que se desconoce cuándo podrían materializarse los riesgos climáticos.
Además, el cambio climático tiene una naturaleza sistémica, que puede implicar muchas interconexiones, ciclos de retroalimentación y amplificaciones. Esto quiere decir que la relación histórica entre el cambio climático y la economía no es del todo útil para los pronósticos. Ante ello, los bancos centrales pueden tener un papel fundamental de desarrollo de capacidades y acompañamiento para generar e incorporar herramientas de análisis que sean adecuadas para el sistema financiero, como el desarrollo de análisis de escenarios y de pruebas de estrés.8
En este sentido, es importante destacar que en 2017 se creó la Red para Enverdecer el Sistema Financiero (NGFS, por sus siglas en inglés). El Banco de México es uno de sus ocho miembros fundadores. La Red tiene como propósito fortalecer la respuesta global requerida para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París9 y mejorar la capacidad del sistema financiero para gestionar riesgos y movilizar capital para inversiones verdes. La Red ha promovido, entre otras cosas, que los bancos centrales y los supervisores integren factores de sostenibilidad en la gestión de su cartera de inversión e, incluso, principalmente en economías avanzadas, apoyen industrias verdes a través de esquemas de compra de activos, conocidos como "green quantitative easing”.10
¿Qué está pasando en México?
En México, lejos de lo que muchos creen, la discusión en cuanto al cambio climático y los riesgos que representa para el sistema financiero ha sido muy rica y se encuentra en constante evolución, en parte gracias al liderazgo del Banco de México. En 2020 se creó el Comité de Finanzas Sostenibles en el seno del Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero.11 En este Comité, todas las autoridades financieras mexicanas participan como miembros y los presidentes de las principales asociaciones gremiales del sector financiero participan como observadores.
Dentro del Consejo se establecieron cuatro grupos de trabajo enfocados en las principales áreas de discusión sobre el cambio climático y el sistema financiero:
• El desarrollo de una taxonomía para el financiamiento sostenible;
• La integración de riesgos climáticos, ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las actividades de supervisión y en el mercado financiero;
• La mejora en la cantidad y la calidad de divulgaciones ASG por parte de instituciones financieras y no financieras; y
• La creación de condiciones para el aumento de la movilización de capitales hacia actividades sostenibles.
La sociedad ya ha depositado la confianza en los bancos centrales para resguardar la estabilidad del sistema financiero. Ante los retos que el cambio climático representa, su posición es idónea para impulsar de manera global acciones e iniciativas, y al mismo tiempo aterrizarlas en acciones locales que se adecuen a las particularidades de cada país.
José Luis Reséndiz
Investigador y candidato a Doctor del Grupo de Finanzas Sostenibles de la Universidad de Oxford
Claudia Ramírez
Especialista Financiero, Banco de México
Las opiniones expresadas en este artículo son a nombre de los autores y no representan de manera alguna la posición institucional del Banco de México ni de la Universidad de Oxford.
Referencias
Banco de México. Declaración de Banco de México en el marco de la Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático (COP26), Noviembre, 2021.
Bolton, P., y otros. The green swan: central banking and financial stability in the age of climate change. Bank for International Settlements & Banque de France, 2020.
Basel Committee on Banking Supervision (BCBS). Climate-related risk drivers and their transmission channels, abril, 2021.
Díaz de León, A. How can central bankers and supervisors support climate risks and green finance and manage risks? Remarks at The Toronto Center Virtual Panel Session, julio 2021.
Diluiso, F. y otros. Climate actions and macro-financial stability: The role of central banks. Journal of Environmental Economics and Management 110, (2021).
Financial Stability Board (FSB). The implications of climate change for financial stability, noviembre, 2020.
Lagarde, C. Climate Change and Central Banks: Analysing, Advising and Acting, julio 2021.
NGFS. Guide to climate scenario analysis for central banks and supervisors. junio, 2020a.
NFGS. Adapting central bank operations to a hotter world, reviewing some options, 2020b.
NGFS. Guide on climate-related disclosure for central banks, diciembre, 2021.
1 La “tragedia del horizonte” es un concepto acuñado en 2015 por Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra en ese entonces, que se refiere a que el cambio climático es un problema a largo plazo que tendrá un impacto desproporcionado sobre los jóvenes y las generaciones futuras. Sin embargo, el grupo encargado de abordar el cambio climático está compuesto principalmente por líderes actuales en el gobierno y las empresas cuyos horizontes temporales, tanto en términos de carrera como de esperanza de vida, son mucho más cortos.
2 Bolton, P., y otros. (2020).
3 Financial Stability Board (FSB) (2020).
4 BCBS (2021).
5 Díaz de León, A. (2021).
6 Lagarde, C. (2021).
7 NGFS (2021).
8 NGFS (2020a).
9 El Acuerdo de París es un tratado internacional sobre el cambio climático. Fue adoptado por 196 Partes en la COP21 en París, el 12 de diciembre de 2015 y entró en vigor el 4 de noviembre de 2016. Su objetivo es limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales.
10 NFGS (2020b). Véase también: Diluiso y otros. (2021).
11 Banco de México (2021).