De Aristóteles, clase media y políticas públicas

El presente artículo tiene como objetivo revisar el concepto de “población vulnerable” —frecuentemente utilizado en México por académicos e instituciones gubernamentales para diferenciar a la clase pobre de la clase media en el marco de la evaluación y aplicación de políticas públicas para combatir la pobreza— desde la teoría política aristotélica.

Ilustración: Víctor Solís

Primero, pienso discutir las limitaciones del concepto para explicar las dificultades del tránsito de la pobreza a la clase media, así como para hacer un diagnóstico sobre la condición actual de la clase mesocrática. Después, y con la intención de hacer una contrapropuesta a la forma de evaluación y aplicación de las políticas de desarrollo y de justicia social que se emplean actualmente en México, haré una crítica de tres de los programas sociales más emblemáticos de este sexenio —Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida— con base en la definición de Aristóteles de la clase media.

La “población vulnerable”: la contención artificiosa de la pobreza en la 4T

El concepto de “población vulnerable”, de frecuente uso en la literatura económica contemporánea,1 define a “aquellos que, habiendo superado el umbral de la pobreza, aún no logran alcanzar una serie de condiciones que les garanticen estabilidad y seguridad económica suficientes”. Esta población se caracteriza por ser altamente inestable; es decir, por su vulnerabilidad ante cualquier altibajo o crisis económica, o incluso ante un cambio de aires políticos. Concretamente, estas personas son las más susceptibles de caer nuevamente en la pobreza.

En apariencia, podríamos considerar a esta “población vulnerable” como una clase media en proceso de cambiar su estado social. Sin embargo, su incapacidad de mantenerse económicamente estables demuestra que aún están muy lejos de ser clase media. Al respecto, el presente trabajo coincide con la ortodoxia académica en que la condición de esta población se debe a que “no logran alcanzar una serie de condiciones que les garanticen estabilidad y seguridad económica suficientes”, pero disiente con la ortodoxia en cuanto a lo que esas “condiciones” son y quieren decir.

En el caso de la definición economicista del Banco Mundial, y replicada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en sus estudios, esas condiciones se refieren al acceso a servicios básicos como la salud, la educación y una vivienda digna. Sin embargo, tales categorías tienen un significado político más extenso que rebasa y determina al económico.

Cuando hablamos de las condiciones que tienen que prevalecer para que el tránsito de la pobreza a la clase media sea posible, nos referimos no solamente a aquellas que debe garantizar y promover el gobierno, sino también a la capacidad del mismo para instruir a los gobernados sobre cómo ser actores políticos libres, condiciones que solamente un gobierno administrado sobre la base del principio constitucional republicano que, de acuerdo a Patricio Marcos, no es otra cosa que ensanchar el mesón de las clases sociales al mismo tiempo que se disminuye el crecimiento de los “extremos de riqueza y pobreza”.2

Como bien apunta Patricio Marcos, siguiendo a Aristóteles, para que una persona pueda ser considerada de clase media tiene que ser “liberal” en el sentido original del término, que nada tiene que ver con el uso que actualmente se le da, especialmente a través del término “liberalismo”, que paradójicamente ha sido usado para encubrir la naturaleza codiciosa y avara de los Estados plutocráticos de la modernidad. Es decir: tienen que  poseer la capacidad para disponer libremente de su ingreso y de su gasto, sin acumular uno ni derrochar otro innecesariamente.3

Más aún, de acuerdo con Aristóteles, al estar alineado con la inteligencia, el deseo de la clase media siempre va de acuerdo con el justo medio y se encuentra fuera de toda desproporción, en este caso, material:

Así pues, puesto que se reconoce que lo moderado y lo intermedio es lo mejor, es evidente que también la posesión moderada de los bienes de la fortuna es la mejor de todas, pues es la que más fácil obedece a la razón.4

Así, podemos entender por qué el tránsito de la clase baja a la clase media es cada vez más desafiante en México: los programas sociales del gobierno federal no apelan al principio político liberal republicano que, como bien indica Marcos, se encuentra grabado originalmente en la Constitución Mexicana de 1917. Al contrario, estos programas tienen un tinte cada vez más iliberal. Esto se debe a que los programas causan que los beneficiados sean cada vez más dependientes del dinero que se les otorga, dinero que no se encuentra respaldado por un proyecto político que promueva que la gente se independice de la asistencia; es decir, que puedan ser libres para adquirir y gastar su propio dinero —a través de un empleo digno, una empresa familiar, una iniciativa o proyecto social, capacitaciones laborales y empresariales o una pensión justa— sin depender de la renta que reciben prácticamente regalada y sin condiciones por parte del gobierno federal.

La manera en que estas políticas perpetúan la dependencia económica de los estratos más vulnerables es preocupante, pues no resuelven el problema, sino que lo maquillan. Cabe entonces preguntarse: ¿qué sucederá cuando llegue otra administración y decida cancelar esos programas? Todas esas personas serán nuevamente desplazadas hacia condiciones aún más precarias que en las que viven actualmente.4

Primero los pobres, ¿y después?

Tomemos como ejemplo tres de los programas federales más emblemáticos del gobierno en turno. Comencemos con el Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, pilar y orgullo del obradorismo desde que el ahora presidente fuera jefe de Gobierno, que en este sexenio pasó de ser un programa capitalino a uno de alcance nacional.

Dicho programa es sintomático de las carencias de nuestro sistema laboral, así como de su incapacidad para garantizar las condiciones mínimas para el ejercicio del derecho a disfrutar de una pensión justa y digna después de una vida de trabajo. Este apoyo a adultos mayores no hace más que compensar y encubrir el verdadero problema que se halla detrás: las condiciones laborales precarias en las que se encuentran los adultos al llegar a la vejez.

Por otro lado está el caso de Sembrando vida, el megaproyecto ambiental de la Cuarta Transformación. De acuerdo con múltiples investigaciones periodísticas, este programa ha resultado ser un ecocidio sistemático, todo por seguir la misma pauta de entrega de dinero insostenible, en este caso a los sectores más vulnerables del campo. Los agricultores que participan en esta iniciativa han empezado a deforestar bosques para sembrar los árboles que el gobierno federal dispensa y así recibir con mayor facilidad el apoyo económico prometido.

Encontramos el mismo patrón en Jóvenes Construyendo el Futuro, un programa que, si bien fue elaborado sobre la idea oportuna de emplear y profesionalizar a la juventud, ha sido implementado erróneamente. De entrada, no fue desarrollado a partir de datos oficiales emitidos por instituciones autorizadas, como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Más aún, de acuerdo con Mexicanos contra la Corrupción, se trata de un programa que opera con opacidad e irregularidades. Además, gran parte de los capacitadores inscritos al programa son pequeños y medianos negocios informales y cuasi-formales que con dificultad se mantienen al día. Éstos son los encargados de ofrecer un abanico de capacitaciones que poco o nada tienen que ver con las necesidades y aspiraciones laborales de la mayoría de los estudiantes y de los jóvenes desempleados.5

En suma, podemos decir que el hecho de que la clase media no esté creciendo en el actual sexenio no se explica solamente con variables económicas, como el aumento de los ingresos per cápita. Si una parte importante del sector vulnerable se sostiene dentro de los deciles de ingreso considerados de clase media —o por encima de lo que los economistas consideran la “línea de pobreza”— gracias a que recibe rentas por parte del gobierno, lo que realmente está sucediendo es que el gobierno está conteniendo una inminente recaída de esa población a la pobreza, pero no está apelando a las causas políticas de fondo que permiten la creación y el sostenimiento de la clase media.

Por consiguiente, el crecimiento de la clase media debe incentivarse de manera simultánea al abandono seguro, sostenido y estable del ámbito de la pobreza. De otra manera, lo único que se obtiene es una reincidencia aún más aguda en la pobreza. Así, es necesario tener en cuenta que la naturaleza liberal de la clase media, tal y como la definió Aristóteles, es eminentemente política. Esto quiere decir que, además de tener un papel activo al momento de garantizar las necesidades básicas de la población, el gobierno debe impulsar la existencia de una comunidad política compuesta por personas libres, liberales y semejantes en lugar de  por clientes electorales a merced del gobierno en turno.

Es necesario, por lo tanto, replantear los esfuerzos de combate a la pobreza del presente sexenio, ya que sus programas, de seguir con la misma lógica, continuarán incentivando el crecimiento de la pobreza, más no el de la clase media. En este sentido, la premura por apoyar a los pobres, por ponerlos en primer lugar, no es en absoluto contradictoria a la posibilidad de generar programas políticos de mediano y largo plazo que permitan hacer del estrato vulnerable una clase libre, cuya cualidad definitoria y más importante sea su facilidad para hacerse del patrimonio necesario y suficiente, sin derrocharlo ni acumularlo innecesariamente.

 

Mauricio Aguilar Madrueño
Estudiante de la maestría en Estudios Políticos y Sociales de la UNAM


1 En el contexto de México, fue introducido por instituciones como el Coneval y por académicos como Gerardo Esquivel a partir de la literatura académica estadounidense proveniente de los estudios del Banco Mundial. Ver acá.

2 La palabra “república” fue retomada en la modernidad de las traducciones latinas del título de la obra más conocida de Platón, sin embargo, el ateniense denominó originalmente a la república como timarquía, mientras que Aristóteles la designó con el nombre de politeia, palabra que se refiere no solamente al gobierno republicano, sino a todos los gobiernos propiamente dichos: realeza, aristocracia y república. De modo que la república, timarquía o politeia es el gobierno en donde la clase media ocupa y dirige las magistraturas del Estado a partir de la premisa política de la libertad”. Marcos, P. Diccionario de la democracia. Diccionario clásico y literario de la democracia antigua y moderna. vol. 2, Palibrio, México, 2012. p. 337.

3 Marcos, P. ob. cit., 2021, pp. 1477-1513.

4 Aristóteles. Política, traducción de Manuela García Valdés. Gredos, España, 2014. IV, II, 12695. Es en este capítulo, en el onceavo del libro cuarto de Política, que Aristóteles se dedica a definir la naturaleza de la clase media con base en el principio ético del justo medio.

5 En la mayoría de los casos, esas políticas federales carecen de planificación y visión a largo plazo porque son utilizadas como prebendas electorales para coaccionar y condicionar el voto según el partido en el poder que busque beneficiarse de ellas, tal y como se pudo atestiguar de manera recurrente y reiterada durante el último proceso electoral. De esta manera, el dinero que reciben las personas en situación vulnerable está ligado a condicionantes de tipo electoral, mas no está vinculado a ningún proyecto que supedite de manera propositiva la recepción del mismo. Es decir, no se invierten recursos con el objetivo de que las personas que los reciben aprendan a hacerse de un patrimonio de largo plazo por sí mismas; al contrario, las vuelve dependientes serviles según los propósitos electorales que se presenten al calor de las elecciones en turno. Véase aquí.

6 El presidente López Obrador intentó pasar Sembrando Vida y estas capacitaciones al sector juvenil (más cercanas a un servicio social o a un trabajo informal de medio tiempo) por empleos formales, anunciando así la creación de millones de empleos al mismo tiempo que se daban por inaugurados dichos programas. Ver aquí y aquí.

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Publicado en: Sociedad