De lo vital, las emociones y la movilidad social

Este ensayo forma parte de una selección que se realizó entre el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) y colaboradores permanentes de Economía y sociedad, a partir de los trabajos finales presentados en la Escuela de Verano de Movilidad Social del CEEY de 2021. Los trabajos escogidos (cinco de entre más de doscientas postulaciones) fueron publicados a lo largo de varias semanas en este espacio y representan un esfuerzo por dar espacio a voces jóvenes que comienzan su camino en la investigación económica.

Ilustración: Oldemar González

Pareciera que en los últimos dos años se han acumulado muchos miedos sociales a propósito de la pandemia de covid-19, pero, si viramos hacia el malestar de finales de los noventa, son los mismos temores los que nos aquejan. En 1998 Robert Lechner1 ya nos advertía sobre el miedo a la exclusión, el cual está sustentado en la desconfianza de poder obtener una educación y capacitación adecuadas. Aun las personas con ocupación temían quedar excluidas de una mejor posición laboral, así como del sistema de salud. Este sentimiento de inseguridad, derivado de la falta de medios para tener un estatus social y bienestar, está directamente relacionado con las dimensiones más comunes de la movilidad social: educación, ocupación, así como ingreso y riqueza y la percepción de las mismas.2

Los resultados de diversas encuestas y estudios sobre el tema en México y en América Latina afirman que nuestro país ya presentaba una baja movilidad desde principios del siglo XXI, sobre todo en las partes extremas de la distribución del ingreso3 y son estos puntos de la escala los que se resaltan dentro de la percepción social; es decir, la opinión que se tiene respecto al sector más pobre y rico de la sociedad, para en esa medida conocer las actitudes y desentrañar los elementos que tienden a propiciar una tolerancia a la desigualdad.4

Francesco Alberoni planteó que cuando la sociedad se encuentra en un momento de cambio es fácil perder el sentido del futuro; sin embargo, apunta hacia las fuerzas que encauzan a la humanidad hacia lo vital. En este mismo sentido, es casi inercia aspirar a un horizonte de existencia en el que haya pocos obstáculos para elevar el nivel de vida.

En su afán de alcanzar una elevada condición socioeconómica, las personas desean riqueza, poder y prestigio porque “son grupos de medios potenciales a nuestra disposición que sirven para satisfacer aquello que ya deseamos y aquello que nace en nosotros de la comparación con los demás”.5 Estos tres elementos se traducen en la posibilidad de ser desde la visión del autor.

Los estudios de movilidad social pueden abrir el camino hacia lo que Alberoni cree necesario en tiempos de crisis. La distribución de oportunidades puede instarse si se conocen los factores estructurales que afectan en la persistencia intergeneracional, y si bien se reconoce el carácter subjetivo que incide en la movilidad, aún hay que poner mayor atención en las variables psicosociales que tienen un efecto negativo sobre el ascenso de las personas. La depresión, por ejemplo, es una de ellas.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-19 del INSP, 17.9 % de los adultos en México presentaron sintomatología depresiva. La misma encuesta, pero del año 2019, considera probable un aumento de la afección por la pandemia. El sentimiento de pertenencia —dentro de la familia o un grupo social— puede disminuir las emociones negativas, así como el sentimiento de fatalismo derivados de pertenecer al grupo de ingresos bajos.6

El carácter emocional es importante para ponderar hacia lo vital, así como para tener un movimiento ascendente. El miedo a estar al margen social es una constante, pero quizá en tiempos de crisis, como los de ahora, se acrecientan. Poner énfasis en la salud mental de los mexicanos es primordial, así como en la creación de redes de apoyo.

La movilidad social está mediada por varios factores y considerarlos todos nos llevará a aminorar las condiciones de origen para la igualdad de oportunidades y darle un sentido al futuro.

 

Alejandra Jimena Arias Vásquez
Participante de la Escuela de Verano de Movilidad Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias


1 Lechner, N. “Nuestros miedos”, México, Perfiles Latinoamericanos, núm. 13 de diciembre, FLACSO-México, 1998, pp. 179-198.

2 Vélez Grajales, R., y otros. Informe Movilidad Social en México 2013. Imagina tu futuro, Centro de Estudios Espinosa Yglesias, México, 2013.

3 Vélez-Grajales, R., y Monroy-Gómez-Franco, L. Á. “Movilidad social en México: hallazgos y pendientes”, Revista de Economía Mexicana, núm. 2, 2017, pp. 97-142.

4 Campos-Vázquez, R., y otros.  Perceptions of Inequality and Social Mobility, Centro de Estudios Espinosa Yglesias, México, 2020.

5 Alberoni, F. El árbol de la vida. Un aporte para enfrentar los cambios de la sociedad actual, Gedisa, Barcelona, 2001.

6 Palomar, J. “La influencia de los factores psicológicos en la movilidad social”, Comercio Exterior, febrero, vol. 56, núm. 2, 2006, pp. 89-104.

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Publicado en: Sociedad