¿Cuánto desarrollo ha perdido México por la pandemia de covid-19 y su manejo? ¿Qué tanto impacto tiene esta pérdida en el progreso y la desigualdad para las siguientes generaciones? Si nos guiáramos por la expectativa presidencial, la respuesta sería no mucho, pues “para mediados de este año ya vamos a estar en la situación económica que nos encontrábamos antes de la pandemia”.1 Si consideráramos uno de los indicadores favoritos del presidente, la felicidad, la pérdida sería minúscula: según el índice de satisfacción con la vida, en enero de 2021 los mexicanos habrían tenido un nivel de 8.2, en una escala del 0 al 10, apenas una décima menos que en el mismo mes de 2020. Esto contrasta con las cuantiosas pérdidas que podrían calcularse desde una perspectiva no tan simple.

Ilustración: Víctor Solís
La estimación de la reducción del desarrollo del país por las secuelas de la pandemia es algo más complejo que las cifras sobre el tamaño de la economía o la percepción subjetiva de las personas, empezando porque el desarrollo no es reducible a lo que tienen o sienten los individuos. Una idea más razonable del desarrollo la proporciona el premio Nobel de economía Amartya Sen, quien lo define como lo que pueden ser o hacer las personas; es decir, las oportunidades a su alcance para llevar la vida que desean.
Una forma de mantener dentro de lo manejable y medible este rico concepto es concentrándose en las posibilidades de las personas para llevar una vida saludable, adquirir conocimientos valiosos y percibir los recursos necesarios para una vida digna; ello se traduce en establecer cuál es su esperanza de vida, su escolaridad esperada y sus ingresos. En 2020, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó lo que México podría rezagarse en estas dimensiones y concluyó que el retroceso equivaldría a regresar a los niveles de estas variables de hace cinco o nueve años.
Un problema con las estimaciones de pérdida de desarrollo mexicano del PNUD es que lucen moderadas respecto a las que se obtendrían actualizando la información que les sirve de base. Puesto de otra forma, los nuevos datos, desconocidos en el momento de construir los posibles escenarios, llevan a un panorama más grave en cuanto a la esperanza de vida, la escolaridad esperada y el ingreso per cápita del país.
El PNUD estimaba que en 2020 la esperanza de vida al nacer podría reducirse poco más de un mes respecto a la de 2019, para situarse en 74.9 años. Estimaciones más recientes para América Latina sitúan la pérdida de la esperanza de vida al nacer en al menos un año bajo supuestos conservadores de la prevalencia y mortalidad de la enfermedad y sus secuelas. Asumiendo que México presenta un número de contagios por millón de habitantes relativamente moderado respecto al promedio de la región, esto se traduciría en regresar la esperanza de vida a niveles observados en 1999: veintiún años de avances en salud perdidos.
En lo que respecta a la educación, el PNUD estimó una reducción de 0.6 años en la escolaridad esperada de los alumnos en el sistema educativo para 2021 respecto a la que había en 2018, lo que retrocedería esta variable a niveles de 2015. Un supuesto crucial de esta estimación es que se mantendría la permanencia en la educación básica y habría una reducción de 15.5 % de la matrícula de educación media superior y superior del ciclo 2019-2020 al ciclo 2020-2021. Sin embargo, la Encuesta para la Medición del Impacto del covid-19 en la Educación (ECOVID-ED 2020) reporta una pérdida de 4 % en la matrícula de educación básica, y de 17.5 % en educación media superior. Esto significaría poco más de 0.7 años de reducción en la escolaridad esperada, lo que agregaría un año al rezago estimado originalmente; es decir, siete años de desarrollo educativo perdido.
Por último, el PNUD anticipaba una caída del Ingreso Nacional Bruto del país de 8.55 % en 2020, basada en la caída estimada del PIB, lo que situaba el ingreso per cápita a niveles observados en 2011. El pronóstico es particularmente acertado dado que el PIB realmente registró una contracción de 8.5 % de acuerdo a las cifras del Inegi. Sin embargo, con la información actualizada del Ingreso Nacional Bruto per cápita, del desempeño observado del PIB y del crecimiento demográfico registrado en el Censo de Población 2020, la reducción de este ingreso es de 9.4 % en 2020, lo que lleva a una cifra de 17 359 dólares de ingreso per cápita con paridad de poder de compra constante. El monto más cercano a esta cantidad se registró en 2004 (17 392 dólares) lo que representa un retroceso de dieciséis años.
Si pasar a entre siete y veintiún años de desarrollo perdido no fuera suficiente para darle mayor gravedad a las secuelas de la pandemia, debe considerarse el impacto que ha representado en la caída de la movilidad social intergeneracional. Para quienes nacieron al inicio de 2021 y que tuvieron padres de 25 años de edad —el promedio observado de edades del padre y la madre al tener un primer hijo—, es posible hacer una comparación simple del progreso intergeneracional con los indicadores de 1995 y los estimados para 2020.
De no haber existido la pandemia, quien naciera en 2021 habría tenido la expectativa de vivir cerca de dos años y medio más que sus padres, nacidos en 1995. Sin embargo, la pandemia, su manejo y sus secuelas reducirían 38 % esa movilidad en salud intergeneracional.
En cuanto a la escolaridad, sin pandemia era de esperarse que los hijos superaran en 4.1 años la escolaridad promedio de sus padres. Con la pandemia, esta movilidad educativa intergeneracional se reduciría 17 %, que corresponde a que en vez de cursar casi tres años de licenciatura ésta se abandone al segundo año.
Para los ingresos es complicado hacer comparaciones intergeneracionales, pues se ignora la remuneración esperada de padres e hijos para iguales edades laborales. Sin embargo, puede hacerse una primera aproximación de la caída de ingresos derivada de la pandemia para la generación que hoy entra al sistema escolar y comenzará a trabajar en quince años. Para ellos, reducir 0.7 años la escolaridad esperada y perder un año esperado de vida en el mercado laboral, con un rendimiento de 6 % por año de escolaridad (como lo estima Caamal Olvera), representaría una caída permanente de 5 % de sus ingresos futuros.
Perder entre 5 % y 38 % de la movilidad social en dimensiones clave del desarrollo es un duro golpe para la población del país, pero éste no ha sido asestado de forma homogénea. Aunque a nivel regional pareciera que el covid-19 ha afectado más a las entidades federativas con condiciones de salud y educación, y mercados de trabajo menos vulnerables, diferentes indicadores muestran que la desigualdad en los niveles de desarrollo y en la movilidad social ha aumentado a raíz de la pandemia.
Para el 40 % de la población que vive en los municipios con mayores grados de marginación, la proporción de muertes por casos registrados de covid-19 ha sido casi el doble que para el 10 % que vive en los municipios con menor marginación (ver Institute for Global Health Sciences, 2021). Prácticamente la mitad de quienes no pudieron concluir el ciclo educativo 2019-2020 declararon carecer de acceso a internet o haber perdido los recursos económicos necesarios para seguir estudiando (ECOVID-ED, 2020). El 50 % de la población más pobre llegó a reducir hasta en 10 % su ingreso laboral mientras que el resto sólo lo contrajo 7 % (ver Luis Monroy-Gómez-Franco, 2021).
Aún es necesario confirmar las tendencias antes expuestas y precisar las pérdidas finales. No obstante, todo apunta a un importante deterioro en el desarrollo, la movilidad social y la desigualdad. Uno que es imposible revertir en unos cuantos meses, que está dejando cicatrices en las nuevas generaciones y que no puede dejar satisfecho a nadie.
Rodolfo de la Torre
Coordinador Especialista en Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias
1 Conferencia de prensa matutina del 30 de abril.