Desenmascarar la Raza Cósmica

El legado de Vasconcelos goza de cabal salud. Casi un siglo atrás, el intelectual mexicano no vaciló en predecir: “Llegaremos en América, antes que en parte alguna del globo, a la creación de una raza hecha con el tesoro de todas las anteriores [el negro, el indio, el mogol y el blanco], la raza final, la raza cósmica”.1 Si bien no utilizamos el término “raza cósmica”, en América —la Latina— sí llegamos primero a la creación y expansión de la idea del “mestizo” o “mulato”: la mezcla de europeos, indígenas y población africana.2

Ilustración: Raquel Moreno

Con excepción de los países del Caribe, y de países como Argentina, Uruguay y Chile —lares con amplia recepción de la teoría racial del siglo XIX—, la mayoría de la población en la región se define a sí misma como mestiza. Encima, el mestizaje efectivamente esmeriló nuestra diversidad racial: entre quienes se definen mestizos, hay personas con todo tipo de fenotipos raciales aproximados por color de piel. Así, pensar en mestizaje y negar disparidades raciales es, en realidad, pensar en términos de mayorías.

Gráfica 1. Distribución de etnia por país

Fuente: Elaboración propia con datos del Barómetro de las Américas del Latin American Public Opinion Project (LAPOP)

Tan persistente es la idea de mestizaje en América Latina que causa recelo hablar de raza o color de piel.3 En el extremo, a algunos liliputenses inquietísimos, con pocas y dudosas virtudes —si ser estridente se considera virtud—, les da agruras confrontar un mar de evidencia histórica, anecdótica y observacional.4 Preguntan, por ejemplo, ¿por qué importar categorías de otros contextos? Porque, evidentemente, las categorías del liberalismo surgen de un panfleto de juristas, el concepto de bienestar lo desarrolló un tabasqueño,  y la teoría de las capacidades nació en cubículos de universidades mexicanas. No hay que ser parroquialista para darse cuenta de que la cuestión racial en México no es la misma que en Brasil  —ni de que la cuestión racial brasileña es igual a la estadunidense. Los conceptos y experiencias históricos varían considerablemente entre países, e incluso dentro de ellos. Pero el argumento que repiten resulta sumamente pobre en contextos donde, en promedio, la población con fenotipos más blancos tiene mejores resultados de vida que cualquier otro grupo racial. Para su colmo e infortunio, también resulta que, como argumenta Mauricio Tenorio Trillo, América Latina es una categoría racial.5

Gráfica 2: Etnia y raza

Fuente: Elaboración propia con datos del Barómetro de las Américas del Latin American Public Opinion Project (LAPOP)

Así pues, la consecuencia más grande de la idea del mestizaje es la de encubrir las desigualdades económicas entre grupos raciales e ignorar las consecuencias que éstas tienen en el desarrollo de los países. Aun cuando existen experiencias históricas de odio a grupos indígenas y sinofobia, la cuestión racial del siglo XX en América Latina no llegó a los extremos de la segregación y linchamientos raciales en Estados Unidos, o la ideología Nazi.6 No obstante, los países latinoamericanos han velado las disparidades raciales dado que en cada nación la mayoría nos convertimos en mestizos o mulatos. Lo anterior también explica por qué gobiernos latinoamericanos de todas las corrientes políticas han sido profundamente antitéticos a la idea de una nación que acepte la diversidad étnica y racial.7 En ese sentido, al defender la idea de mestizaje en México, los liliputenses inquietísimos y tetratransformadores defienden la misma historia monumental de Vasconcelos.8

En un nuevo documento de trabajo, estudio qué hay detrás de la máscara del mestizaje o la raza cósmica.9 Utilizo el Barómetro de las Américas con datos para más de 100 000 personas en 26 países latinoamericanos para mostrar cómo las características fenotípicas, aproximadas por la paleta de color de piel PERLA, afectan variables económicas a nivel individual y a niveles agregados. De manera más específica, estudio las disparidades y discriminación raciales, cómo han sido veladas por el mestizaje y cuáles han sido sus implicaciones para el desarrollo económico en los países de América Latina. En este texto hago una breve recopilación de los resultados principales.

En la primera parte, estudio las disparidades económicas por color de piel a nivel individual. La gráfica muestra cómo, en promedio, las personas con color de piel más claro tienen mayores niveles de ingreso que las personas con color de piel más oscuro. En una escala de once tonos de piel, una persona con un tono de piel más oscuro tiene un ingreso, en promedio, 6 % menor a la persona con un tono de piel ligeramente más claro. Hago hincapié en la palabra “promedio” pues, como también muestran las gráficas, para cada color de piel hay una gran variación de ingreso; ello implica que el color de piel no es la única característica para determinarlo, pero de entrada es un factor relevante. Lo ideal sería no encontrar esa pendiente negativa.

Gráfica 3: Tono de piel e ingreso mensual per cápita

Fuente: Elaboración propia con datos del Barómetro de las Américas del Latin American Public Opinion Project (LAPOP)

Ahora bien, es tentador, aunque errado, concluir que toda la brecha en variables económicas por color de piel es resultado de discriminación racial. Sin embargo, la disciplina económica intenta distinguir las explicaciones de estas brechas raciales. Por ejemplo, las diferencias en ingresos entre grupos raciales pueden explicarse simplemente porque las personas con color de piel más oscuro viven en regiones con menos desarrollo económico o con menor acceso a trabajos con buenos salarios. También sabemos que, dada la disparidad de provisión de educación —en cantidad y calidad—, las personas con color de piel más oscuro tienen menos años de escolaridad en promedio, de forma que es posible que consigan trabajos peor pagados.

Para poder explicar mejor qué elementos explican las brechas raciales en ingreso, hay métodos para “descomponer” en: una parte que explica la brecha dadas las diferencias promedio en otras características entre grupos raciales (años de escolaridad, región geográfica, tipo de ocupación, entre otras); otra parte que captura lo que no puede ser explicado por esas diferencias en características observables.10 La discriminación racial no es observable en datos: no hay una medida que indique con certeza cuán discriminada es una persona. Es por ello que el último componente se interpreta como una aproximación a una medida de discriminación. Si no existiese discriminación, el segundo componente tendría que ser igual a cero. Utilizando los métodos de descomposición, encuentro que más del 50 % de la brecha racial no puede ser explicada por diferencias en características como educación, región geográfica, género, experiencia, o incluso otras variables que podrían (o no) ser una aproximación a valores personales que afectan el trabajo individual, como confianza interpersonal o creencias religiosas. Así, además de que la brecha racial existe, el trabajo aporta más evidencia en favor de la hipótesis de discriminación racial.

Una preocupación legítima es si los resultados previos no están sesgados porque no se incluyen variables que determinen ingreso y al mismo tiempo estén correlacionadas con el color de piel. Esto sería un problema sólo si hubiera variables que se distribuyen de forma desigual entre los grupos raciales, las cuales definitivamente existen. Por ejemplo: el ambiente familiar en donde las personas crecen. Las personas con colores de piel más oscuros tienen infancias con menos comodidades y oportunidades que aquellas con tez de piel más clara, y el desarrollo temprano de la infancia tiene efectos de largo plazo en el desarrollo individual; entonces, al no poder tomar en cuenta estas variables, hay un problema de sesgo que le atribuye al color de piel un efecto más grande o pequeño sobre el ingreso. También es posible que existan problemas al medir el color de piel que bien pueden sobre o subestimar su verdadero efecto en ingreso o educación.11 Para asegurarme de aislar el efecto del color de piel, utilizo métodos econométricos que permiten limpiar o purgar los posibles sesgos.12 Los resultados persisten al utilizar estos métodos: las personas con color de piel más oscuro ganan menos que las personas con tez blanca, y más del 50 % de la brecha se sigue atribuyendo a discriminación.

Gráfica 4: Efecto del color de piel en ingreso per cápita y componente de discriminación

Fuente: Elaboración propia

La discriminación y desigualdades raciales se expresan en lo local. Al analizar país por país, resulta que sólo hay tres en donde el color de piel no tiene ningún efecto sobre el ingreso: Belice, Haití y Guyana. Para todos los demás, tener un color de piel más oscuro se asocia con menores niveles de ingreso. La gráfica muestra el coeficiente del efecto del color de piel sobre el ingreso y el componente asociado a discriminación. Países como Uruguay, Paraguay, Bolivia, Guatemala, México y El Salvador tienen las brechas raciales más grandes. En cambio, las correspondientes a Chile, Honduras, Panamá y Costa Rica son de las más pequeñas, las cuales se explican por diferencias en retornos a características observables y no a discriminación. La evidencia es contundente: en América Latina hay grandes brechas y discriminación racial a nivel individual.
¿Tienen las desigualdades raciales alguna consecuencia para el bienestar agregado? En la segunda parte del estudio analizo si las desigualdades raciales tienen efectos en el desarrollo económico a nivel nacional. Un estudio previo de investigadores de Harvard, Brown y London Business School muestra que, entre más desigualdad económica existe entre grupos étnicos de un país, menor es el PIB per cápita.13 En América Latina, la extensión del mestizaje influyó en que las personas se identificaran como mestizos antes que como parte de sus grupos étnicos. Entonces, es posible que las diferencias entre grupos étnicos sean menos relevantes para explicar el desarrollo económico que las diferencias entre grupos raciales. Para probar dicha hipótesis, primero construyo índices de desigualdad racial. Esta es la desigualdad de ingresos entre grupos raciales, medidos por color de piel, como porcentaje de la desigualdad total de ingresos. El mapa muestra el índice de desigualdad racial para cada país en la región. Como ejemplo, en los últimos diez años, la desigualdad de ingresos entre grupos raciales representa aproximadamente el 5 % de la desigualdad total de ingresos en Brasil, Bolivia o Colombia; mientras en países como Chile o Costa Rica representa menos del 3 %.

Gráfica 5: Desigualdad racial en América Latina

Fuente: Elaboración propia

Con estas medidas pongo a prueba si a mayor desigualdad de ingreso entre grupos raciales hay menos desarrollo económico. Aunque el índice de desigualdad racial parece pequeño, tiene consecuencias sumamente grandes: un aumento en 1 % en la desigualdad racial disminuye el PIB per cápita en 4 %. Evidentemente, no es lo mismo comparar a economías del tamaño de Brasil, Chile, Argentina o México, con economías más pequeñas, o con las economías del Caribe. Además, cada país tiene su propia historia, geografía y contexto. Para ello, uso un modelo que me permite eliminar esas diferencias y tomar en cuenta la variación del PIB per cápita dentro de cada país.14 Los resultados persisten al tomar en cuenta estas diferencias. Consistente con los estudios previos, los países que tienen más desigualdades entre grupos raciales consiguen un menor bienestar económico agregado.

En conclusión, las desigualdades por fenotipos raciales en América Latina están ahí y tienen consecuencias importantes tanto para el bienestar individual como para la economía de los países. Después de siglos de disparidades étnico-raciales, tengo la impresión de que hoy corresponde hacer algo más relevante que indulgencias y discursos chancla de oro para tomar conciencia de los históricamente rezagados o de aquellos, de plano, negados.15 También hace falta algo más que hacer úlceras por un meme que ilustra irónicamente una realidad de segregación laboral por fenotipos raciales: hace falta aportar más evidencia sobre qué explica y cuáles son las consecuencias de las desigualdades raciales.

Al final, podremos estar en desacuerdo sobre conceptos, categorías, estrategias de identificación o metodologías. Lo que no podemos ignorar o negar es la realidad de quienes hoy heredan la inercia histórica de racismo y desigualdad en América Latina. Afortunadamente, los mecanismos de política pública están ahí: política redistributiva en ingreso y riqueza. Cobrando más a quienes tienen más, se tendría que redistribuir a quienes tienen menos. Pero en nuestros países, resulta que quienes tienen más, en promedio, son de fenotipos más claros, y quienes tienen menos son, en promedio, los de fenotipos más oscuros. Un paso intermedio es desmitificar el mestizaje y señalar las desigualdades raciales, aunque signifique tocar fibras sensibles que a algunas personas les gustaría evitar.

 

L. Guillermo Woo Mora
Maestro en economía por el CIDE y estudiante de doctorado en la Paris School of Economics


1 José Vasconcelos, La Raza Cósmica. Misión de la Raza en Iberoamérica. Citado en Knight, Alan. “Racism, Revolution, and Indigenismo: Mexico, 1910-1940”, The Idea of Race in Latin America.1870-1940, Richard Graham (ed.), University of Texas Press, 1990, pp. 71–114.

2 En Brasil se utiliza el término mulato o pardo como en los demás países el término mestizo.

3 Sobre las diferencias entre raza y color de piel ver: Edward Telles, “The overlapping concepts of race and colourLatin America, Ethnic and Racial Studies, 35:7, 2012, pp. 1163-1168,

4 Sobre Liluput, los inquietísimos y algunas de sus pocas virtudes: Fernando Escalante Gonzalbo, Estampas de Liliput. Bosquejos para una sociología de México, Fondo de Cultura Económica, 2004.

5 Mauricio Tenorio Trillo, Latin America. The Allure and Power of an Idea, The University of Chicago Press. 2017.

6 En México están las matanzas de Acteal en 1997 o contra los chinos de Coahuila en 1911.

7 Con las excepciones recientes del Estado Plurinacional de Bolivia y, quizá próximamente Chile ante su nueva Convención Constituyente. Sobre el multiculturalismo en México: Mauricio Tenorio, “Multiculturalismo: ¿El último refugio de la izquierda?”, nexos, 2001

8 Nicolás Medina Mora, “Vasconcelos y los secretos de la regeneración nacional”, nexos, 2020

9 L. Guillermo Woo Mora, “Unveiling the Cosmic Race. Racial Inequalities in Latin America”, 2021. En el documento de trabajo se encuentran más detalles técnicos y metodológicos.

10 Hugo Ñopo, “An extension of the Blinder-Oaxaca to a continuum of comparison groups”, Economic Letters, 100 (2), 2008, pp. 292–96.

11 Patricio Solís, Marcela Avitia, y Braulio Güémez. 2020. “Tono de piel y desigualdad socioeconómica en México.  Reporte de la Encuesta Proder # 1.”  El Colegio de México. 

12 Funciones de control o variables instrumentales. Jeffrey Wooldridge, “Control Function Methods in Applied EconometricsJournal of Human Resources, 50 (2), 2015, pp. 420–45.

13 Alberto Alesina, Stelios Michalopoulos, and Elias Papaioannou. “Ethnic InequalityJournal of Political Economy, 124 (2), 2016, pp. 428–88.

14 Modelo de efectos fijos. Jeffrey Wooldridge, Introducción a la econometría. Un enfoque moderno. 2014. Cengage Learning.

15 Como recientemente lo hizo el presidente de México.

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Publicado en: Economía