Despegando a contracorriente: ¿cómo (no) se financian los nanosatélites mexicanos?

Sonreímos y festejamos cuando un connacional trasciende y lo celebra el mundo. Cuando las espléndidas palabras de una pluma se transforman en best sellers, la visión creativa de una mente que nada entre monstruos gana premios Óscar o cuando, en 2019, un equipo de estudiantes y profesores de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en coordinación con la Agencia Espacial Mexicana (AEM), lanzaron al espacio a AztechSat-1, el segundo nanosatélite Made in México (Arias, 2019).

A saber, los nanosatélites son pequeños satélites especializados, que normalmente operan a baja órbita en todo tipo de tareas, como investigación científica, monitoreo orbital, telecomunicaciones, y posicionamiento global; se han visto sumamente beneficiados en términos de inversión privada por los recientes abaratamientos en costos de lanzamiento debido a la creación de cohetes reutilizables, miniaturización, disponibilidad tecnológica y el distanciamiento social que obliga a una mayor adopción de actividades “desde lejitos” (Nanosats, 2020). Lo más probable es que tu app favorita use la información captada por estos enjambres espaciales, hayan ayudado a llevarte el último paquete o comida que ordenaste por internet, y colaboren en la supervisión de los cultivos en sus ingredientes.

El AztechSat-1, una pequeña montaña de esfuerzo científico de 10 cm³ y un kilogramo de peso, es migrante a su propia manera, viajando del altiplano central mexicano hasta Cabo Cañaveral en Florida; después, montado en uno de los viajes de re-abastecimiento de la Estación Espacial Internacional pilotados por la empresa SpaceX. Ya sobrevolando la Tierra, comenzó su misión buscando mejorar la operación de nanosatélites de telecomunicaciones uniéndose a la constelación satelital Globalstar (Notimex, 2019).

Antes de su materialización, la presión, pericia y paciencia de sus creadores fue puesta a prueba para convertir décadas de estudio combinadas en una pieza de realidad tangible, compitiendo con otros equipos para ser financiados por el Fondo Sectorial de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación en Actividades Espaciales (CONACYT-AEM). El equipo de AztechSat-1, junto con el financiamiento universitario de la UPAEP y el ya mencionado apoyo de CONACYT, recibió crucial asistencia internacional, donde, desde Estados Unidos, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por sus siglas en inglés), asesoró en aspectos técnicos al equipo de la UPAEP, facilitó instalaciones de prueba y cubrió los gastos de lanzamiento del nanosatélite poblano (Arias, 2019).

Los creadores del AztechSat-1 tienen corazón de guerrero jaguar por vencer a los empantanados caminos de la ciencia en México. El ingenio y la pasión combinados es como se crean las maravillas más brillantes, pero, eligiendo el camino de la celebración sobria, las lecciones del pequeño satélite se extienden más allá de lo científico.

La historia de este tipo de pequeñas máquinas es antigua, remontándonos al paleozoico año de 1998, sumando, entre lanzamientos privados, públicos, nacionales e internacionales, 2238 nanosatélites en todo el mundo, aunque, hay que decirlo, no todos llegaron a órbita (Nanosats, 2020). Entonces, ¿por qué es el AztechSat-1 el segundo nanosatélite hecho en México?

Ilustración: Izak Peón

Diferentes factores contribuyen al atraso tecnológico en esta área, pero uno de los más importantes es sin duda el financiamiento espacial o, en el caso de México, la ausencia de éste. La mayor parte de la información referente al financiamiento gubernamental de programas espaciales (no necesariamente limitados a agencias espaciales, incluyendo también proyectos militares, por ejemplo) se concentra en los jugadores mundiales más importantes, particularmente en Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Japón. En 2018, estos cinco países combinados financiaron el 81 % de la investigación espacial gubernamental; Estados Unidos es el mayor inversor, con 40,996 millones de dólares representando un 58 % del total mundial; con los otros cuatro más grandes competidores combinados llegando sólo al 23 % total, con 16,217 millones de dólares; México, por la misma métrica, apenas llegó a la estándar mínimo de diez millones de dólares al tipo de cambio del momento, lo que es el 0.0001 % del total mundial (Euroconsult, 2019).

Mirando alrededor, el “vecindario de PIBs per cápita” (medido con paridad de poder de compra, dólares constantes de 2017) tiene contiguos con prioridades científicas claras. Unas cuadras más arriba, Argentina con un poder adquisitivo 13 % mayor de acuerdo a su PIB per cápita apostó con 110 millones de dólares a sus proyectos espaciales; calles más abajo, Bielorrusia, con poder adquisitivo del 94 % comparado con México, colocó 28 millones; Brasil, cercano también en coincidencias históricas latinoamericanas, 122 millones; y en Asia, India con sólo el 32 % del poder adquisitivo por PIB per cápita, ejemplares 1,493 millones de dólares. Científicos y gobiernos en Tailandia, Sudáfrica, Egipto, Bolivia, Vietnam, Marruecos, todos promoviendo el desarrollo espacial desde casa y, todos ellos, con más financiamiento que en México y con PIBs per cápita y poder adquisitivos menores.

¿Con cuánto dinero trabaja la AEM?

Gráfica 1. Presupuesto de la AEM en millones de pesos, ajustado a inflación, 2012-2020

Fuente: Elaboración propia con datos de la Secretaría de Hacienda (2012-2020); Presupuesto de Egresos de la Federación, Ramo 09

La Gráfica 1 muestra cómo, en años recientes, los fundacionales 78 millones de pesos durante la administración de Calderón en 2012 (considerando inflación) se han contraído, pasando a sólo 67 millones bajo la administración actual; alcanzando sus alzas históricas durante el segundo y tercer año de la administración de Peña Nieto, precisamente el lapso de tiempo cuando se realizó el estudio en el cual México llegó al estándar de Euroconsult, “de panzazo”. Como nota curiosa, con el tipo de cambio actual, son poco más de 3 millones de dólares, y en 2019, Kyle “Bugha” Giersdorf ganó esa cantidad… jugando Fortnite en un torneo mundial. Un joven de 16 años tiene tanto dinero en su cuenta de banco por ser talentoso en un videojuego, como toda la Agencia Espacial Mexicana (Pei, 2019). Otro aspecto importante a mencionar es que la Agencia nunca ha contado con partida propia, siendo dependiente de las disposiciones del presupuesto que le designe la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

Los nanosatélites, aunque importantes en la dinámica moderna de la industria espacial diversificada en tecnología y naciones participantes, mientras más países con casi todo tipo de alcances económicos se suman a la gradualmente oligopólica democratización de la “frontera final”, forma sólo una parte de la conversación los problemas de desinterés gubernamental y privado en la ciencia mexicana, pero también un posible componente para convertir los pantanos que cruzó el Aztech-1 en verdaderos pastos verdes para retención y posterior atracción de cerebros.

El financiamiento es un problema clave, el Doctor Rodolfo Neri Vela, el primer connacional en ir al espacio, divulgador científico e importante figura del impulso a la exploración espacial en México, menciona cómo la mayor parte del presupuesto de la AEM se termina en el pago de la nómina de sus 100 empleados, dejando poco capital para su inyección en proyectos educativos e industriales. Sugiere ampliar el alfeñique presupuestal actual de 67 millones de pesos a 100 millones de dólares y la creación de planes que trasciendan a los periodos de los jefes del poder ejecutivo, lo que, a sus estimaciones, permitiría la preparación de más astronautas mexicanos y permitir el desarrollo industrial en el sector (Ramírez, 2017).

Otras aproximaciones son mucho más demandantes, como las de la empresa Space JLTZ,  pionera en la industria espacial en México, que sugiere que una oferta de servicios y productos deseables para el mercado internacional podría requerir inversiones de hasta 1000 millones de dólares, necesarios para investigación y desarrollo, manufactura, comercialización y operación de estos hipotéticos bienes, pero las recompensas, como lo adelantábamos, trascienden generaciones y fronteras, buscando la transferencia de tecnologías de empresas extranjeras trabajando en sociedad con compañías nacionales y aportaciones a la creación de capital humano y puestos de trabajo bien remunerados en numerosas industrias de alta tecnología interrelacionadas (SPACE JLTZ, 2020).

Existen antecedentes históricos de maneras de hacer eficiente el gasto público en innovación espacial, como con SpaceX y Blue Origin, ambas compañías norteamericanas en la vanguardia de los cohetes reutilizables, y que han tenido un rápido nivel de desarrollo no sólo en parte por la innegable capacidad creadora de sus miembros, sino también por la forma de financiamiento basado en logros y realización de metas que recientemente la NASA ha adoptado para algunos de sus proyectos, así como la cercanía de una fuerte comunidad universitaria en California y Texas, donde estas empresas reclutan a sus nuevos pensadores estrella.

De igual forma, existen países con ventajas distintas, como un posicionamiento geopolítico privilegiado, centros de investigación establecidos y una historia de empresas de alta tecnología establecidas; aunque claro, estamos hablando de México. Es cierto que sería una verdadera batalla cuesta arriba tratar de replicar el éxito de empresas de cohetes reutilizables de la noche a la mañana y, aunque interiorizar una aparente imposibilidad es el primer paso a la derrota (en México no se puede X), existen distintas variedades y grados de especialización comerciales como los ya mencionados nanosatélites, plataformas de lanzamiento y sistemas de comunicación que otros países de Latinoamérica ya han aprovechado, aunque, hay que decirlo, con distintos grados de éxito (Grush, 2019).

Los beneficios económicos a largo plazo son tremendos, especialmente en el departamento del valor agregado donde nuevamente el Doctor Neri señala cómo por cada dólar invertido en la NASA, se crean siete en el sector privado; en China este retorno ronda entre 8 y 14 dólares (Rodríguez, 2010).

Olvidar el espacio nos deja fuera, no sólo del presente, sino, más importante aún, del futuro, con proyecciones respecto al valor de la industria espacial que varían de entre 1.5 a 3 trillones de dólares (Martin, 2019) para el año 2040, incluso antes de la pandemia que digitalizó tantos aspectos de nuestra vida, movimientos legales en derecho espacial para la nueva regularización de zonas de seguridad en bases y proyectos lunares sorteando tratados internacionales que impiden la propiedad privada en cuerpos celestes, garantías para la propiedad de extracción de recursos extraterrestres y desarrollo tecnológico en sectores clave, como el abaratamiento en el lanzamientos a baja órbita, la impresión 3D con materiales encontrados en el espacio para depender menos de la producción terrestre, el internet de las cosas y, nuevamente, la política global “quédate en casa”.

La reflexión sobre el AztechSat-1 trae consigo varios elementos a considerar. Por un lado, es el trago de sobriedad que muestra problema tras problema, con una agencia con 10 años de vida con cero ingresos por la venta de bienes o servicios (Ruiz, 2020); un presupuesto espacial, que independientemente de ser tanto como el premio en un torneo de videojuegos, es también uno de los más bajos a nivel internacional (Márquez, 2019); y un incumplimiento sistemático de las metas de inversión en investigación y desarrollo dispuestos en la Ley de Ciencia y Tecnología que mandata un gasto anual de 1 % del Producto Interno Bruto (PIB) para el desarrollo científico mexicano (Toche, 2019).

Por otra parte, el dulce sabor del “¡sí se pudo!” cuando un proyecto que parecía imposible pasa de la mesa de diseño a, en este caso, brillar, en el sentido más literal, como una estrella. ¿Cómo se deja la cuna? Gateando, practicando ponerse de pie, caminando y, después, corriendo; el espacio es parecido, con financiamiento, educación, desarrollo, proyectos, industria y mucho valor. La Universidad Nacional Autónoma de México y la Agencia Espacial Mexicana se comprometen a promover el sector aeroespacial con financiamiento a más nanosatélites, formación de recursos humanos especializados, promoción de logros, y programas de posgrado (La Jornada, 2020); la industria aeroespacial en México, aunque disgregada en sus propias esferas sin lograr una integración sinérgica, genera 10 veces más empleos en 2020 que en 2004, y trabajos bien pagados (Vázquez & Bocanegra, 2018); y los gobiernos de México y Argentina promueven la integración espacial regional con la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE).

Se necesita el trago de sobriedad, dulces de esperanza, y mucho trabajo para resarcir rezagos industriales, formar lazos internacionales y cumplir leyes en favor de la innovación científica local. El esfuerzo no es vano, el producto es cumplidor también, y el 5 de octubre el AztechSat-1 terminó su misión al 100 % (Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 2020). El apoyo a la ciencia, y en particular a la ciencia espacial, es la diferencia entre otra oportunidad que nos pasa de largo, y poder voltear la mirada en la siguiente década y decir que el pequeño AztechSat-1 llegó tarde a la fiesta, pero trajo a los mariachis.

 

Arturo H. Mejía
Economista.

 

Referencias

Arias, A. (2019). “Alista Agencia Espacial Mexicana lanzamiento de nanosat”, El Heraldo de México, 2 de diciembre de 2019.

Grush, L. (2019). “Brazil’s launch site is in a great location, but will US rocket companies want to use it?”, The Verge, 21 de marzo de 2019.

La Redacción. (2020). “UNAM y Agencia Espacial Mexicana firman pacto para impulsar sector”, La Jornada, 15 de agosto de 2020.

Márquez, M. (2019). “Agencia Espacial Mexicana, la más pobre del mundo”, Transponder 1200, 30 de octubre de 2019.

Martin, M. (2019). “Officials: Space on Track to Become Trillion-Dollar Business Over 20 Years”, Huston, 20 de diciembre de 2019.

Nanosats. (2020). “Database”, Nanosats, 2020.

Nanosats. (2020). “What is a CubeSat? Nanosats, 2020.

Notimex. (2020). “Nanosatélite mexicano AztechSat-1 inició operaciones”, El Economista, 19 de febrero de 2020.

Pei, A. (2019, July 30). “Here’s the 16-year-old who won $3 million at the Fortnite World Cup”, CNBC, 30 de julio de 2019.

Ramírez, R. (2017). “Agencia Espacial necesita presupuesto de 100 mdd”, Vanguardia, 21 de octubre de 2017.

Rodríguez, I. (2010). “Agencia espacial no alcanzó presupuesto”, Expansion, 2 de diciembre de 2010.

Ruiz, J. (2020). “La agencia espacial a cargo de AMLO”, El Financiero, 28 de mayo de 2020.

Secretaría de Comunicaciones y Transportes. (2020). “Cumple con éxito su misión el primer nanosatélite mexicano Aztechsat-1”, Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Prensa, 4 de octubre de 2020.

Seminari, S. (2019). “Op-ed: Global government space budgets continues multiyear rebound”, Space News, 24 de noviembre de 2019.

Space JLTZ. (2020). “¿Por qué la industria espacial beneficiaría a México?”, Hacia el espacio, 25 de agosto de 2020.

Toche, N. (2019). “Presupuesto para ciencia en México, muy lejos de lo que la ley mandata”, El Economista, 19 de septiembre de 2019.

Vázquez Ruiz, M., &; Bocanegra, C. (2018). “La industria aeroespacial en México: Características y retos en Sonora”, Scielo, octubre de 2018.

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Publicado en: Economía, Sociedad