El agua y Wall Street: guerras y desigualdad

A partir del 7 de diciembre del año pasado, el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas. Debido a la escasez de este bien, su precio fluctuará como lo hacen aquellos del petróleo, del oro o del trigo. El agua cerró su primer día de operaciones en 486.53 dólares por acre-pie (1 233.49 m3), con una ganancia del 1.06 %. Los defensores del derecho al agua en los mercados financieros argumentan que la cotización del líquido resultará en una mejor gestión del riesgo futuro vinculado a este bien, favorecerá un precio fijo y así se ganará certidumbre. En el polo opuesto del debate, hay quienes expresan preocupación por el riesgo que este nuevo mercado crea para las economías dependientes del uso del agua, tales como pequeños y medianos productores agrarios, los cuales podrían terminar en la quiebra. Además, la cotización en Wall Street podría generar burbujas especulativas y amenazar el valor del agua como derecho humano, lo que podría tener consecuencias desastrosas para la economía, similares a lo sucedido en el siglo XVII con la “tulipomanía” o la crisis de 2007 que dejó a miles de personas en la calle. Pero la previsión más preocupante es que, en un futuro no tan lejano, el agua podría ser el origen de conflictos armados y desplazamientos masivos, tal y como ya sucedió con el petróleo.

Ilustración: Víctor Solís

Ciudad contra el campo. O viceversa. La falta de agua ya ha provocado al menos 343 conflictos en el mundo. El primero del que se tiene registro se libró en 2500 a. C. en Mesopotamia, cuando el rey de Lagash construyó canales para desviar un río mediante la eliminación del líquido en Umma, cerca de la actual Bagdad. Hasta antes del siglo XXI, las guerras por el agua se resolvieron negociando; sin embargo, estos conflictos sucedieron cuando todavía había agua para todos, lo que ya no es el caso.

Actualmente 70 países sufren problemas graves relacionados con el agua, y no hay ninguna proyección para 2050 que prevea un escenario mejor. De acuerdo con el World Resources Institute, más de 1000 millones de personas viven en regiones con escasez de agua y hasta 3 500 millones podrían sufrir escasez de ella en 2025, siendo Oriente Medio y el Norte de África las zonas más afectadas. A nivel global, de acuerdo con datos del Banco Mundial, la disponibilidad de agua dulce per cápita entre 1962 y 2014 ha disminuido un 55.74 %; en el caso de México, en un 66.6 %.

Gráfica 1. Recursos renovables de agua dulce per cápita (m3/p)

Gráfica 1. Recursos renovables de agua dulce per cápita (m3/p)

Fuente: Banco Mundial

El aumento acelerado del consumo del agua sigue el ritmo del crecimiento de la población y las economías; más personas significan más hogares y ciudades en crecimiento con mayor necesidad de agua. Los sectores industrial, ganadero, agropecuario y el de uso doméstico son los que más agua utilizan cada año, siendo la demanda de los hogares la más significativa con un aumento del 600 % entre 1960 y 2014. Así, reducir la demanda de agua de los hogares, incluso a medida que aumenta la población, requiere la acción de empresas, gobiernos y población. Algunas de las estrategias para ralentizar el crecimiento de la demanda de agua de los hogares son innovar con productos que requieran menos agua del grifo, regular la fabricación de electrodomésticos con certificaciones de eficiencia energética y educar a los consumidores para cambiar sus hábitos de uso del agua.

Gráfica 2. Principales sectores del uso del agua potable

Gráfica 2. Principales sectores del uso del agua potable

Fuente: World Resources Institute

No obstante, el aumento del consumo de agua en los diversos sectores no es el único problema. Por ejemplo, más de la mitad de los países de la región de Asia y el Pacífico son vulnerables a la escasez de agua como consecuencia del cambio climático y del consecuente aumento en la frecuencia de los desastres naturales. En América Latina y el Caribe, 37 millones de personas no tienen acceso al servicio de agua potable; además, en el ámbito urbano no existen suficientes fuentes de agua potable ni infraestructura de saneamiento básico. Igualmente, el crecimiento de suburbios, donde la pobreza es protagonista, ha impedido dar respuesta a los problemas derivados del agua. En el ámbito rural, por otro lado, la falta de infraestructura que transporte agua limpia y segura aumenta su costo, volviéndola inaccesible para gran parte de la población.

Es claro que la escasez de agua en el mundo es un problema que puede aumentar y producir consecuencias graves tanto para el medio ambiente como para las personas; provocar enfermedades, hambre, desaparición de especies vegetales; frenar al desarrollo social y económico, y ocasionar migraciones forzosas, sobre todo violencia y conflictos. La vida sin agua en cualquier parte del mundo significa ansiedad, agotamiento y desesperación, factores que pueden llegar a tensar la cuerda entre países y desembocar en enfrentamientos. Si durante el siglo XX el petróleo fue el principal desencadenante de conflictos, en el siglo XXI la disputa por el agua será la primera causa de tensiones.

En esta línea, la incorporación del agua a los costos de los bienes primarios —además de las fluctuaciones en los precios de los alimentos y productos que utilizan agua para su elaboración— trae consigo  una creciente vulnerabilidad a malas prácticas que, con el fin de aumentar el precio del agua, reducirían la cantidad disponible. Además, el modelo de gestión de agua podría llevarnos a una situación en la que su control, a falta de regulaciones, quede en manos de quienes cuenten con recursos suficientes como para acaparar este bien.

En México, por ejemplo, gracias a la Ley de Aguas Nacionales de 1992 —que  sigue vigente porque el Congreso aún no ha aprobado una iniciativa ciudadana para una Ley General de Aguas que garantice un acceso equitativo— las empresas, asociaciones civiles y prestanombres conocidos como los “millonarios del agua” han acaparado grandes cantidades de este recurso. Esta ley, que fue aprobada como parte de las exigencias de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional que buscaban establecer políticas neoliberales con el fin de dar mayor certeza a la inversión privada, ha permitido que el sector privado monopolice legalmente el agua del país para fines de lucro, y ahora con la posibilidad de mayores ganancias en Wall Street.

Así, es importante tomar en cuenta las consecuencias negativas de cotizar los derechos humanos en la bolsa. La crisis sanitaria actual es un catastrófico ejemplo. La inevitable saturación en clínicas públicas obligó a la población a buscar tratamientos muy costosos en hospitales privados, cosa que llevó a muchas familias a vender sus bienes y pedir préstamos. Para Javier Potes, director del Consorcio Mexicano de Hospitales, los costos de atender a un paciente de covid resultan elevados porque el precio de los insumos ha aumentado al punto que costear una hospitalización puede consumir el equivalente a los ingresos de 25 años de una familia promedio.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, los costos diarios de atender a un paciente de covid en hospitales de la Ciudad de México oscilan entre los  25 000 y los 40 000 pesos. En los estados de la República hay casos en los que los hospitales, asumiendo que tengan lugar, piden un monto inicial de 100 000 o 150 000 pesos como garantía del pago de  una atención que en ciertas entidades puede llegar a costar hasta dos millones de pesos.

Si bien es cierto que esta enfermedad puede ingresar al organismo de cualquier persona, la desigualdad entre las clases sociales significa que el virus no afecta a todos por igual. En Estados Unidos, por ejemplo, un gran número de personas infectadas con covid optaron por no solicitar tratamiento por su elevado costo, que puede llegar a ascender a 35 000 dólares sin entubación y hasta a 40 000 dólares si  se utiliza un respirador por 96 horas. En otras palabras, para quienes no tienen seguro el costo de la atención médica por coronavirus genera una deuda devastadora. Esto es trágico, en especial considerando que en fechas recientes el número de estadunidenses sin seguro médico aumentó por primera vez en una década.

De acuerdo con Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, durante los últimos 50 años la ideología neoliberal ha prevalecido cada vez más en grandes partes del mundo. Esta ideología ha traído consigo un enfoque centrado en las nociones de que el mercado es el eje central de la economía mundial, de que  el “negocio de los negocios es negocio” y de que el gobierno debe abstenerse de establecer reglas claras para el funcionamiento de los mercados. Todas estas ideas han demostrado ser falsas, pero no por ello han dejado de tener serias repercusiones.

Así pues, debemos aprender del presente y no cometer con el agua el mismo error que cometimos con el acceso a los servicios de salud. Debe existir un mayor cuidado de los recursos escasos, sí, pero no debemos permitir que el agua deje  de ser un derecho humano y pase a ser un bien a disposición del mejor postor. Esto es más importante que nunca en tiempos de incertidumbre como los que vivimos, cuando la única certeza que tenemos es que las desigualdades socioeconómicas seguirán creciendo.

 

Christian Martínez Olivera
Estudiante de Doctorado en Ciencias en Desarrollo Regional y Tecnológico en el Instituto Tecnológico de Oaxaca.

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Publicado en: Economía, Sociedad