Desafortunadamente, para todas las partes de la discusión, mi respuesta preliminar será un rotundo depende. Primero explico por qué es complicado el término neoliberalismo para usarlo como causa de ciertos fenómenos sociales (violencia en este caso) y luego hago una examinación muy somera de lo que sabemos con la información y evidencia hasta la fecha.
Es un problema usar conceptos que los académicos conocemos como “esencialmente controvertidos”, neoliberalismo como término académico —y político— está en disputa, lo cual hace que cualquier argumentación sobre él termine en el terreno de la especulación. Como lo argumentan Boas y Gans-Morse,1 mucho de lo que es calificado como neoliberal puede ser entendido como una escuela de análisis, una ideología, un fenómeno del capitalismo o una época histórica. En estos días de gobierno de López Obrador, como se ha notado, este término ha terminado de ariete de batalla, pero ha perdido mucho de su contenido.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck
Para fines prácticos de este texto, usaré un concepto muy orientado a políticas y fenómenos económicos concretos y lo orientaré a lo que ha sucedido a la economía mexicana en décadas recientes. Nicola Smith argumenta que el neoliberalismo es un modelo que enfatiza el libre mercado, intervención mínima del Estado, libre comercio y flujo de capital.2 Estas políticas, que Esquivel les llama estancamiento estabilizador3 y que Ros calificó de trampa de lento crecimiento,4 para el puro contexto mexicano, son: apertura comercial (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte), reducción del Estado y sus capacidades (vía el gasto público), y la restricción salarial (mantener el salario mínimo controlado para mantener baja la inflación). La lista no es exhaustiva, pero al menos con eso podemos trabajar una respuesta mínima y preliminar a la pregunta.
Antes de responder tres preguntas derivadas de esto, la gráfica que siempre debemos observar es la de homicidios en México desde 1990 a 2018. No diré cuándo inició la “época neoliberal” en México. Quizás en 1982 con la entrada del GATT con Miguel de la Madrid o en 1994 con la entrada en vigor del TLCAN. Pero los datos de homicidios sólo nos permiten ver una parte del periodo. Lo claro es que en México hubo un declive secular del homicidio hasta el año 2007. Las tres gráficas que se presentan a continuación lo anuncian. Esto en general nos deja una idea: la pacificación después de la Revolución Mexicana fue clara y ni el desarrollo estabilizador (o cualquier otro nombre que se le ponga) ni la época del neoliberalismo cambiaron estas tendencias. Este aumento fue claramente producto de la decisión del presidente Calderón de enfrentar de manera militarizada a las organizaciones criminales.
Sin embargo, no niego que hay efectos de la economía sobre el crimen y la violencia. Al contrario, mi trabajo académico actual versa efectivamente sobre eso. No obstante, explicar el aumento de la violencia con el neoliberalismo requiere de abrir el concepto a escrutinio. Más bien, como yo lo veo, los patrones y tipos de homicidio pueden comportarse o verse facilitados por el modelo económico; empero, no causarlos o provocar su aumento en México.
¿El libre comercio cambió la violencia en México? Es una pregunta complicada. La política, sin duda, dado el levantamiento zapatista en 1994. Pero la criminal se mantuvo en franco descenso. Primero hay que pensar qué implica la apertura económica: flujos más amplios de mercancías por las fronteras, transformación industrial en el país —en este caso el crecimiento del sector maquilador— y la aceleración de la migración del México rural hacia Estados Unidos.
En estos aspectos, la respuesta a la pregunta es mixta. Claramente la entrada en vigor del tratado no afectó las tendencias del homicidio, pero quizás haya efectos derivados de la liberalización con la violencia. En el caso de las armas, suponiendo que el libre comercio permite mayor tráfico ilegal por la frontera dada la gran cantidad de cruces por la frontera, efectivamente un cambio de la política de armas en EE.UU. causó aumento de homicidios en el norte de México, como lo documentaron Dube, Dube y García-Ponce.5 Igualmente, el sector agricultura mexicano —vinculado con la producción de mariguana— está tan relacionado con el consumo de EE.UU., por eso, un cambio en los precios afectó la producción de drogas en México, como lo documentaron Dube, García-Ponce y Thom.6 El primer artículo que vincula efectivamente comercio y violencia es del Herrera, quien vincula esto al cambio de las formas de producción agraria en México.7
Ahora bien, en el caso de homicidios de mujeres, la relación es mucho más compleja. Como muestran Valdivia y Castro,8 la distribución geográfica de los homicidios de mujeres en México difiere de la de los hombres, entonces no podemos presumir que las muertes de hombres que mencionamos arriba causan las muertes de las mujeres. Efectivamente, por la distribución de los homicidios de mujeres parece que ciertos centros urbanos con industria maquiladora y con polos turísticos son polos de esta violencia.9 Esto coincide con los patrones de denuncia de violencia sexual en México.10 No obstante, hay que ser claros que muchos de estos enclaves turísticos e industriales surgieron antes de la entrada en vigor del TLCAN. ¿Fueron transformados por el tratado y provocaron ciertas dinámicas violentas? Eso parece indicar la literatura sobre feminicidios en Ciudad Juárez.11
¿La reducción del Estado cambió la tendencia de la violencia en México? Esto es mucho más complejo, porque hay que preguntarnos qué Estado se redujo, y claramente fue la participación del Estado en la economía con la privatización de empresas paraestatales. No es claro que esa privatización tuvo efectos en homicidios como las tendencias de largo plazo lo indican. Tampoco en términos presupuestales, dado que los ciclos de recortes iniciaron desde la crisis de 1994 y no hubo cambio en los homicidios. Desgraciadamente, la no presencia del Estado mexicano en temas de violencia es más bien una constante previa al neoliberalismo, un signo de la histórica debilidad estatal mexicana. Quizá lo que sí tuvo efecto es que el aparato tan limitado de seguridad que teníamos antes de la militarización en 2006 hizo más complicado enfrentar a las organizaciones criminales.12
¿La restricción salarial produjo violencia en México? Nuevamente, no parece ser el caso. De hecho, hay evidencia contradictoria, Enamorado y colegas llegaron a la conclusión que la desigualdad de ingreso afecta la tasa de homicidios en México y que eso se agravó por la crisis económica de 2008.13 Lo mismo que confirmó Ramírez de Garay.14 Pero no hubo cambios por el salario mínimo sino por shocks devenidos de la economía de Estados Unidos. Lo que estos estudios dejan en claro es que la pobreza y el desempleo no parecen tener efectos en homicidios para los periodos de tiempo que estudian. Incluso, detrás del deterioro salarial y la entrada del TLCAN podría decirse que causaron homicidios, pero justo dado que la pobreza absoluta no se correlaciona con homicidios, sería difícil argumentarlo. Aún más, parece ser que en los municipios con mayor tasa de migración y pobreza hubo un efecto contrario a la violencia, el surgimiento de autodefensas.15
Dicho lo anterior, más que el neoliberalismo, los homicidios en México —sólo los homicidios, no otros delitos— se explican en inicio, distribución y cambio por una serie de factores que pueden o no estar relacionados con las políticas económicas. Las políticas del neoliberalismo seguramente tienen efectos, pero de manera menos mecánicas que esperamos y, en más de una ocasión, menos protagónicas de lo que quiere hacer parecer el gobierno. Parecen ser más los efectos estructurales de la dependencia de la economía mexicana a los Estados Unidos o de la desorganización social derivada de los procesos de la industrialización mexicana post Revolución mexicana, en forma de consecuencias inesperadas.
Más bien valdría la pena desempaquetar las políticas y entenderlas en un marco mucho más complejo de factores explicativos. Además de considerar que muchas cosas del periodo neoliberal persisten, como la apertura comercial —creo no retroactiva—, otras cambiaron —el salario mínimo—, y otras parecen agravarse —los recortes presupuestales. Otros factores que están en la imaginación de muchos: marginación, empleo precario, son más bien manifestaciones del desarrollo desigual que existía previo al neoliberalismo y en algunos aspectos el neoliberalismo agravó, pero no en las maneras que esperamos que afecte a los homicidios. Valdría la pena salir de la lógica del ariete de batalla para pensar dos veces estas relaciones, o seguiremos escogiendo políticas equivocadas. Por ejemplo, pensar dos veces si un programa de primer empleo y becas para jóvenes de preparatoria afectará la violencia, cuando las víctimas y victimarios de homicidio suelen abandonar la escuela antes de terminar la secundaria.
Raúl Zepeda Gil
Sociólogo y politólogo. Estudiante de doctorado en King’s College London.
1 Boas, Taylor C. y Gans-Morse, Jordan (2009), “Neoliberalism: From New Liberal Philosophy to Anti-Liberal Slogan”, Studies in Comparative International Development, (44), pp. 137-161.
2 Smith, Nicola, “Neoliberalism”, Encyclopædia Britannica, 28 de junio de 2018, consultado el 19 de febrero de 2020.
3 Esquivel, Gerardo (2012), “De la inestabilidad macroeconómica al estancamiento estabilizador: el papel del diseño la conducción de la política económica” en Lustig, Nora (coord.), Los grandes problemas de México. Crecimiento económico y equidad. Tomo IX, México, El Colegio de México, pp. 35-78.
4 Ros, Jaime (2015), ¿Cómo salir de la trampa del lento crecimiento y alta desigualdad? Ciudad de México: Colegio de México.
5 Dube A.; Dube, O., y García-Ponce, O. (2013). “Cross-Border Spillover: U.S. Gun Laws and Violence in Mexico.” American Political Science Review, 107(3), 397-417.
6 Dube, O; García-Ponce, O. y Thom, K. (2016), “From Maize to Haze: Agricultural Shocks and The Growth of the Mexican Drug Sector”, Journal of the European Economic Association, 14(5), pp. 118-1224.
7 Herrera, Joel Salvador (2019), “Cultivating Violence: Trade Liberalization, Illict Labor, and the Mexican Drug Trade”, Latin American Politics and Society, 61(3), pp. 130-153.
8 Valdivia, M. y R. Castro, “Gender bias in the convergence dynamics of the regional homicide rates in Mexico”, Applied Geography, vol. 45, 2013, pp. 280-291.
9 Echarri Cánovas, Carlos Javier (2017), La violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias, 1985-2016. México, Segob-Inmujeres-ONU Mujeres.
10 Stanley, Terra L. (2015), Las denuncias por violación sexual en México: Un análisis de políticas de desarrollo y desorganización social, Tesis de Maestría, El Colegio de México.
11 Monárrez, J. (2009). Trama de una injusticia: feminicidio sexual sistémico en Ciudad Juárez. México, Colegio de la Frontera Norte.
12 Kenny, P., y Serrano, M. (2013). “Transition to Dystopia: 1994–2008”, en Kenny, Paul, Mónica Serrano, and Arturo C. Sotomayor, Mexico’s Security Failure, Nueva York, Routledge, pp. 66-98.
13 Enamorado, T., López-Calva, L. F., Rodríguez-Castelán, C., y Winkler, H. (2016). “Income inequality and violent crime: Evidence from Mexico’s drug war.” Journal of Development Economics, (120), pp. 128-143.
14 Ramírez de Garay, L. D. (2014). “Crimen y economía: análisis de la tasa de homicidio en México a partir de variables económicas (2000, 2005, 2010).” Estudios Sociológicos, pp. 505-540.
15 Ley, S., Ibarra Olivo, J. E., y Meseguer, C. (2019). “Family remittances and vigilantism in Mexico.” Journal of Ethnic and Migration Studies, pp. 1-20.


