El pensamiento latinoamericano y caribeño como símbolo de unidad

En América Latina y el Caribe, la crisis pandémica ha reflejado la desigualdad estructural de la región. La recesión económica, el incremento de la violencia y el descontento social evidencían una pérdida de identidad continental y la necesidad de retomar las aportaciones político-ideológicas que acompañaron la conformación de los Estados latinoamericanos y caribeños, como es el caso de las ideas de Simón Bolívar y José Martí.

Ilustración: Patricio Betteo

El primero, militar y político venezolano, da conocer la Carta de Jamaica en 1815, con la cual pretendía llamar a la lucha para la independencia de las colonias españolas en las Américas y exponer el proyecto de lo que terminaría siendo la Gran Colombia. Un aspecto relevante señalado por Bolívar es la ausencia de voluntad política debido a la imposición colonial, puesto que no había sido posible instaurar un gobierno o constitución que garantizara libertades para los ciudadanos dentro del margen de un sistema político acorde a sus necesidades.

Posteriormente, en 1819 se lleva a cabo una Asamblea Constituyente en la ciudad de Santo Tomás de la Angostura, en la que Bolívar enuncia su Discurso de la Angostura, donde comienza por señalar nuevamente al dominio extranjero, al antiguo régimen colonial y a la influencia de la religión como responsables de la inestabilidad política que enfrenta la región. El poder absolutista del imperio colonial no había permitido expresión alguna por parte de éstos que no fuera como súbditos o servidumbre, con lo que deja entrever la raíz de lo que sería una dependencia cultural e identitaria.

En este entendido, el pueblo latinoamericano tuvo que desarrollar un sentido de identidad sin siquiera saber hasta qué punto las estructuras coloniales habían moldeado incluso su noción de libertad. Se menciona a la forma de gobierno y al sistema político en Estados Unidos (Estados Unidos.) como un ejemplo de progreso, en el cual se ha conseguido la auténtica soberanía, pero también se considera que el éxito de los Estados se consigue en la medida que el proyecto nacional se adapte a la naturaleza de sus ciudadanos.

Finalmente, casi un siglo después, es publicado y posteriormente expuesto en la Primera Conferencia Panamericana de 1981, el ensayo Nuestra América, elaborado por Martí, poeta y político cubano. A diferencia de Bolívar, éste se encuentra en un contexto de imperialismo no sólo por parte de Europa, sino con una amenaza en el mismo continente representada por Estados Unidos., una potencia en ascenso que buscaba consolidar su zona de influencia.

Las estructuras coloniales no habían desaparecido con la emancipación del dominio ibérico; la jerarquía política y socioeconómica prevaleció, lo que generó falta de unidad y disputas por el proyecto nacional al interior de los Estados. Por consiguiente, Martí hacía un llamado a dejar de imitar otras sociedades para comenzar a crear, lo que sólo sería posible por medio de la unión continental, el conocimiento de su historia y el respeto mutuo entre los pueblos latinoamericanos y caribeños. De esta manera, realiza una valiosa advertencia acerca del inminente imperialismo estadunidense y el voraz contexto capitalista en el que América Latina se inserta en el sistema internacional.

Actualmente, la pandemia de covid-19 ha ocasionado grandes estragos y por consecuencia ha evidenciado las desigualdades preexistentes. Sin embargo, pese a que se trata de una coyuntura sin precedentes, existen puntos de conexión entre los periodos emancipatorios anteriormente descritos, de tal forma que el colonialismo, la dependencia y el imperialismo son problemáticas que se han reconfigurado, pero continúan vigentes.

La manera en la que se piensa en esta región permanece arraigada a las visiones eurocéntrica y norteamericana; un pilar clave para mantener este colonialismo epistemológico y ontológico ha sido la educación. La historia continúa siendo enseñada desde una mirada que privilegia a Occidente como centro de poder. Tan sólo con la denominación “América precolombina” es posible señalar que el punto de partida se sitúa con la llegada de los colonizadores y con el comienzo de la Modernidad. Las formas de vida originarias han sido reducidas a cortos pasajes en los libros de textos y consumo cultural al que es posible acceder de manera limitada en museos u otro tipo de instituciones culturales.

En este sentido, se puede hablar de una colonialidad del ser, en la que los pueblos originarios, portadores de esta otra cara de la historia, son marginados y producidos activamente como no existentes. Asimismo, la colonialidad del saber se relaciona íntimamente con esto último, puesto que el único conocimiento válido pasará a ser el de los portavoces de la historia “oficial”. Lo anterior, deriva en un aspiracionismo que orienta la mirada hacia el “primer mundo”, de tal forma que se desvaloriza a la región latinoamericana, al mismo tiempo que se ignoran las condiciones estructurales de dependencia que limitan el crecimiento; es decir, las implicaciones de la colonialidad del poder.

La crisis económica que ha conllevado la pandemia por covid-19 refleja no sólo la falta de capacidad de los Estados para responder con programas de apoyos eficientes para la población que ha perdido su empleo, sino también el profundo vínculo con la economía estadounidense, dado que fue posible comenzar a recuperarse sólo hasta que Estados Unidos. salió de la recesión que enfrentaba debido a la disminución del consumo durante el confinamiento. América Latina y el Caribe continúan siendo la fuente de materias primas e insumos para la producción de los países del centro industrializado, pero especialmente para el gigante norteamericano.

Por otra parte, en cuestiones políticas y sociales se ha reflejado un alto grado de inconformidad, por lo que, a pesar del confinamiento, las protestas se han hecho presentes e incluso se han intensificado. En este sentido, el ideal bolivariano enfatiza la necesidad de sistemas políticos y formas de gobierno que sean adecuadas para cada Estado de la región. Sin embargo, se ha privilegiado el modelo liberal democrático que parecía haber funcionado como forma de organización política en Occidente, aunque ahora también ha dejado ver sus estragos.

Por consiguiente y, ante disturbios políticos cada vez más frecuentes, se debe reflexionar sobre la necesidad de un sistema político con mecanismos de participación representativa capaces de identificar de manera eficaz las demandas de la sociedad civil. Problemáticas comunes en la región, como la corrupción, debilitan las instituciones, además de que se intersectan con vulnerabilidades estructurales en materia económica y educativa, de manera que, para lograr una verdadera cultura política en este sentido, se requeriría romper con todas las formas prevalecientes de colonialismo.

Determinar la esencia de la identidad latinoamericana continúa siendo tan difícil como en el contexto de Bolívar, si no es que aún más, pues la etapa de las independencias era el momento propicio para forjar una conciencia histórica y sentido de unión. Actualmente, por el contrario, la influencia norteamericana ha permeado la concepción de “lo latinoamericano”, de modo que el poder suave de la superpotencia está presente en la mayoría del contenido que consumimos.

El progreso económico del vecino del norte ha generado un sentimiento de aspiracionismo que, aunado a las condiciones de pobreza en la región, orilla a millones de latinoamericanos a migrar en busca de mejores oportunidades tan sólo para descubrir que el “sueño americano” está diseñado únicamente para aquellos contemplados en el proyecto de Estado-nación estadounidense. Además, esta situación no hace sino profundizar la dependencia económica; aunque la creciente cantidad de remesas que recibe la región se vuelve un amortiguador en la balanza de pagos, este flujo económico está sujeto a cambios en la economía de Estados Unidos.

Si bien Bolívar describe cuestiones que prevalecen hasta la actualidad, el contexto de Martí le permite analizar la posición que ocupará América Latina y el Caribe dentro de la división internacional del trabajo. La penetración capitalista en la región generó, por un lado, las bases propicias para una dinámica de acumulación al interior de los Estados por parte de sus propias burguesías nacionales; por ende, una jerarquía social, patriarcal y racial. Por otro lado, la necesidad de un fundamento jurídico político que sería el proyecto liberal y las constituciones derivadas de éste.

Por consiguiente, es preciso señalar la necesidad de diversificar las economías latinoamericanas y caribeñas, así como de unión. Las integraciones económicas que existen actualmente en el subcontinente no han sido capaces de sobreponerse a la voluntad de la potencia dominante en la región; por lo tanto, se deberá considerar el surgimiento de nuevos centros de poder con los que sea posible llevar a cabo intercambios más justos, además de la creación de vínculos culturales con perspectiva histórica orientados a la resolución de problemáticas comunes sin injerencia extranjera.

 

Sigrid Gutiérrez Aquino
Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México

 

Referencias

Bolívar, S. “Carta de Jamaica”, Kingston, 6 de septiembre de 1815, p. 8.

Bolívar, S. “Discurso de la Angostura”, Cuadernos de Cultura Latinoamericana, Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, México, 15 de febrero de 1819, p. 5-6.

Cruells, M. D., y Soca Gener, M. “Nuestra América. Fundamento del antiimperialismo martiano”, VARONA, núm. 44, Cuba, Universidad Pedagógica Enrique Varona, enero-julio 2007, p. 79.

Iturmendi Morales, J., y Fernández Reyes, P. L. “Sistemas políticos hacia la unificación del siglo XXI”, Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2013, p. 106-107.

Martí, J. “Nuestra América”, La Revista Ilustrada de Nueva York, Nueva York, 10 de enero de 1891, p. 136.

Maldonado-Torres, N. “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”, El giro colonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, 2007, p. 129-131.

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Publicado en: Sociedad