El premio a la credibilidad

Durante los últimos 30 años, el mundo de la economía —y, por ende, en gran medida el de las ciencias sociales— ha sufrido una gran transformación. Pasó de ser un campo fundamentalmente teórico a ser uno dominantemente empírico. Esta transformación es conocida en el campo como la “Revolución de la credibilidad”. Se trata de la adopción de métodos cuantitativos que permiten aproximarse a la realidad social a través de instrumentos que nos acercan un poco al rigor de las ciencias naturales. Esos métodos se conocen como métodos experimentales o cuasiexperimentales, y su diseño y aplicación son la razón por la que David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens ganaron el premio Nobel de economía de 2021.

David Card, Joshua D. Angrist y Guido W. Imbens. © Nobel Prize Outreach 2021 Ill. Niklas Elmehed

La revolución de la credibilidad nos ha dado poderosas herramientas para investigar a las sociedades y a las personas y, con ello, tomar mejores decisiones, en especial de política pública. Card y el prematuramente fallecido Alan Krueger (quien habría compartido el premio si viviera) fueron los primeros en hacer popular el movimiento hacia el empirismo en la economía. Su célebre artículo de 1994 “Minimum wages and employment: A case study of the fast-food industry in New Jersey and Pennsylvania” cambió para siempre la forma en que estudiamos los mercados laborales. El texto puso bajo la lupa un supuesto teórico de la microeconomía —“los salarios mínimos siempre conducen a mayor desempleo”— y lo demolió al mostrar que no es un efecto que siempre ocurre. Su contribución permitió falsificar esa teoría, un ejemplo de cómo en ocasiones la economía puede aproximarse al paradigma científico popperiano.

La otra mitad del premio es para aquellos que desarrollaron algunos de los métodos econométricos que usamos para intentar establecer causalidad. Angrist e Imbens desarrollaron el famoso método de variables instrumentales para su uso en el contexto de la economía. El método fue usado por primera vez en la década de 1920 por Phillip Wright,1 pero nunca fue popular en contextos económicos por lo difícil que es interpretar el resultado de experimentos naturales en ciencias sociales. Angrist e Imbens (1995 y 1996)2 resolvieron estos problemas y nos dieron uno de los instrumentos más usados en todos los campos de la economía.

Estos desarrollos metodológicos —entre ellos los de diferencia en diferencias, regresiones discontinuas y algunos tipos de pruebas clínicas aleatorizadas— han hecho posible estudiar los mercados laborales, la migración, los retornos a la educación y las instituciones, por mencionar sólo algunas de sus aplicaciones más famosas. Son herramientas que nos han permitido mejorar la toma de decisiones de política pública al informarnos mejor sobre sus efectos. Un ejemplo notable de ello lo vivimos en México con la discusión sobre el salario mínimo y el destacado trabajo del presidente de la Conasami, Luis Munguía. Esto ha llevado a que, por primera vez, la conducción de la política de salarios mínimos en el país se vea de forma empírica y no ideológica.

La historia económica es otro campo en los que el uso de estas herramientas ha resultado extremadamente útil; por ejemplo, al estudiar los efectos de instituciones, sindicatos, desigualdad y revoluciones. De cierta forma, Card, Angrist e Imbens nos han dado el equivalente a los instrumentos de laboratorio para tener un poco más de seguridad sobre lo que decimos.

Además de las enormes contribuciones metodológicas y la revolución epistemológica que han causado en economía y en el resto de las ciencias sociales, es igual o incluso más importante el constante trabajo de divulgación e instrucción en estos métodos, en especial el de Joshua Angrist. Sus libros en coautoría con Steffen Pischke Mastering Metrics, Mostly Harmless Econometrics, y sus videos y cursos en línea han instruido a varias generaciones de investigadores en las mejores formas para aplicar todos estos métodos.

A diferencia de las contribuciones de otros premiados que, aunque importantes, se encuentran limitadas a aplicaciones muy pequeñas y responden preguntas que quizá resultan de poco interés para el público, el de este año es un premio al mismo tiempo merecido y emocionante. Es un premio a la transformación de la economía de una ciencia social movida completamente por la teoría —y en gran medida por la ideología— hacia una ciencia social más balanceada donde la realidad pesa un poco más. Es un premio en esencia metodológico que impacta a prácticamente cada rama de la economía: aquellas con preguntas grandes y abiertas, como las relacionadas con instituciones, o aquellas con preguntas muy concretas, como el impacto del salario mínimo en los niveles de empleo. La revolución de la credibilidad —el giro empírico— ya había triunfado en la economía desde hace varios años, era cuestión de tiempo que se le reconociera al más alto nivel.

 

Diego Castañeda
Economista por la University of London e historiador económico por la Universidad de Lund


1 Wright, P. The Tariff on Animal and Vegetal Oil, The Macmillan Company, New York, 1928.

2 Angrist, J. D.; Imbens, G. W. “Two-stage least squares estimation of average causal effect in models with variable treatment intensity”. Journal of the American Statistical Association, 90(430), 1995, pp. 431-442; Angrist, J.D.; Imbens, G. W.; Rubin, D. B. “Identification of causal effects using instrumental variables.” Journal of the American Statistical Association, 91, 1996, pp. 444-472.

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Publicado en: Economía