El premio a los diseñadores de mercados

Cuando pensamos en un mercado usualmente no pensamos en su diseño, lo pensamos más como una propiedad emergente del sistema de intercambio; aunque en muchos casos es así, cada vez más nuestra vida cotidiana se ve afectada por mercados que han sido diseñados para funcionar de formas muy específicas. De eso trata el premio “Nobel” de economía de este año entregado a Paul Milgrom y Robert Wilson.

El diseño de mecanismos de subastas, la aportación de Milgrom y Wilson a esta disciplina, puede parecer algo irrelevante, producto quizá de que cuando pensamos en subastas pensamos en la subasta de una pintura de van Gogh o en una licitación gubernamental para hacer una carretera. No obstante, las subastas están cada vez más presentes en todo aspecto de nuestra vida en entornos cada vez más sofisticados. Si abrimos un navegador para buscar algo, nos aparece publicidad. Esa publicidad llegó a nosotros por mecanismos de subasta que determinaron quién estaba dispuesto a pagar más para que nos enseñaran su anuncio. El éxito económico de grandes gigantes tecnológicos como Google, Amazon o Ebay es resultado directo de la aplicación de las aportaciones de este par de economistas.

Ilustración: Víctor Solís

Las subastas no son nada nuevo, así lo reconocía el profesor Tommy Andersson cuando a nombre del comité técnico en Estocolmo explicaba la motivación del premio. Desde Heródoto existen registros de su uso en la antigua Babilonia, su relevancia radica en lo importante que se han vuelto hoy en día. Las subastas son un mecanismo para obtener información de los participantes y encontrar el valor real de un bien del cual se desconoce su precio; en ese sentido, las subastas son mecanismos que permiten maximizar el valor y arreglar problemas de asimetría de información.

El tipo de subastas desarrollado por Milgrom y Wilson, las llamadas “subastas múltiples” (multi-objects auctions, multi-round auctions), revolucionó la forma en que los Estados obtienen recursos; por ejemplo, al subastar sus espectros radioeléctricos, sus áreas de explotación de hidrocarburos, los derechos de pesca y hasta los mismos bonos que emiten en los mercados internacionales. Hoy en día en todo el mundo este tipo de diseño de subastas y de mercados se ha vuelto de uso común, el estándar por el cual se ejecutan todas estas operaciones y cada vez impacta más y más áreas.

Por ejemplo, Alvin Roth —también ganador del premio en 2012 por diseño de mercados— explica, en el que quizá sea el libro más accesible para todo público en estos temas Who Gets What and Why: The New Economics of Matchmaking and Market Design, cómo ese tipo de subastas se usan para determinar los derechos de transmisión de las ligas deportivas (NFL, MLB, NBA, Champions League) y continúan encontrando más y más aplicaciones, al grado que una de las fuentes de trabajo más destacadas para recién egresados de doctorados en economía es en empresas tecnológicas para el diseño de subastas y de mercados (Uber, airbnb y un sinnúmero de startups tecnológicos).

El premio 2020 celebra los avances técnicos y la teoría de las subastas, pero también por sus aplicaciones. Pocas aportaciones técnicas a la economía durante las últimas décadas tienen tantas aplicaciones que impactan directamente nuestra vida en formas que muchas veces ni siquiera estamos conscientes. Es un premio que parecería ser demasiado específico y de un pequeño nicho, pero que en realidad es general y toca muchas áreas de la economía: desde los aspectos más teóricos de la teoría de juegos, el diseño de mercados y la generación de valor social, hasta los mecanismos de respuesta a situaciones como el cambio climático (las subastas de derechos para emitir carbono) y la forma en que los Estados manejan sus finanzas públicas y obtienen recursos por licitaciones o por la manera en que colocan bonos en los mercados.

Es en esencia un premio a la visión ingenieril dentro de la economía, sobre cómo construir mejores mercados que den mejores resultados y, con ello, resolver problemas de información y maximizar el beneficio económico en el caso de los privados, así como el beneficio social en el caso de los gobiernos.

Es un premio muy merecido y quizá muy mal entendido por parte de la profesión. Lejos de ser una cuestión técnica irrelevante o una ñoñería, es un premio que reconoce que cada vez más y más aspectos de la economías de mercado son diseñados para obtener los resultados que se desean (sean benéficos o nocivos para la sociedad). Es un premio que también nos obliga a pensar la creciente expansión del mercado a más y más áreas de la vida, algo que no necesariamente es deseable. Es un premio relevante porque la mano invisible no existe y cómo diseñamos los mercados impacta en la distribución del ingreso, en el medio ambiente, en los recursos del Estado. En el fondo, reconoce de forma implícita que nada en la vida económica está escrito en piedra, que no hay nada de natural en cómo funciona nuestra economía y que podemos darle la forma que deseemos.

 

Diego Castañeda
Economista por la University of London. Historiador económico por la Universidad de Lund.

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Publicado en: Economía