El tecnonacionalismo chino: reforma, innovación y competencia global

La guerra comercial entre los Estados Unidos de América y la República Popular China ha llegado, por fin, al terreno en el que se mueven las grandes empresas digitales, con, entre otros sucesos, la decisión del gobierno de Donald Trump de entorpecer la operación en territorio estadunidense de la empresa china Bytedance, propietaria de la popular aplicación de videos aficionados TikTok, con el argumento de que supone una amenaza a la seguridad nacional.

¿En qué basa el presidente norteamericano esta acusación? En noviembre de 2019, el Comité de Inversión Extranjera de los Estados Unidos (CFIUS, por sus siglas en inglés), una agencia interinstitucional coordinada por el Departamento del Tesoro, publicó el informe de una investigación que condujo contra Bytedance. Según la indagatoria, la recolección de datos personales de los usuarios por parte de la aplicación TikTok representa un riesgo a la seguridad de éstos e impone serios desafíos a los organismos de seguridad nacional de Estados Unidos, en tanto Bytedance se rige por leyes chinas; por tanto, ante una eventual orden por parte de Beijing de entregar datos privados en forma masiva (dados los antecedentes de opacidad en torno a las agencias gubernamentales chinas, la posibilidad era y es latente), la situación era poco menos que preocupante.

Ilustración: Guillermo Préstegui

A partir de entonces, varios actores políticos estadunidenses se refirieron repetidamente al asunto y éste fue adquiriendo mayor relevancia hasta que, finalmente, en julio de 2020 el vicepresidente Mike Pence, primero, y el presidente Donald Trump, después, hicieron suyas estas preocupaciones y las convirtieron en un episodio más de la reciente rivalidad entre Washington y Beijing por el predominio tecnológico. El presidente Trump coqueteó entonces con la posibilidad de prohibir el uso y descarga de la aplicación en territorio estadunidense, a lo que Bytedance respondió afirmando que “nunca hemos entregado ni entregaremos información de nuestros usuarios al gobierno chino.” El mandatario estadunidense firmó el 15 de agosto un decreto que obligaba a la compañía china a vender sus acciones de TikTok en Estados Unidos a más tardar en un plazo de noventa días, lo que dio pie al inicio de una serie de negociaciones de Bytedance con empresas como Microsoft y, recientemente, Oracle, para vender sus acciones. El estatus más reciente en esta disputa se remonta a hace unas semanas, cuando un juez federal suspendió el veto del presidente Trump, justo cuando se había anunciado un acuerdo de venta entre Bytedance y Oracle.

Esta disputa se puede comprender en el contexto más amplio del enfrentamiento que Estados Unidos y China mantienen en la arena de las relaciones económicas internacionales. El conflicto, que comenzó como un diferendo por cuestiones arancelarias y prácticas comerciales desleales, ha escalado hasta convertirse en un una confrontación abierta entre dos potencias que aspiran a la hegemonía geoeconómica y geopolítica sobre el sistema internacional en el siglo XXI, misma que han trasladado al ámbito tecnológico. La virulencia con la que Beijing se ha conducido en este desaguisado es consecuente con los objetivos trazados en sus políticas industriales y de innovación, que en conjunto han sido caracterizadas por expertos como un nuevo tecnonacionalismo chino; es decir, forman parte de una estrategia de largo aliento del régimen de Xi Jinping por convertir a China en una superpotencia tecnológica a través de la innovación endógena (zizhu chuangxin) y de una serie de políticas públicas cuyo objetivo es colocar a su industria nacional como pionera en numerosos campos de la innovación en los sectores manufacturero, energético, médico, militar y de tecnologías de la información y telecomunicaciones (Consejo de Estado de la República Popular China, 2005).

¿Cómo y por qué surgió el tecnonacionalismo chino? Como es bien sabido, China accedió a la Organización Mundial de Comercio en 2001, hecho que culminó un largo proceso de negociaciones y de reformas económicas que iniciaron en 1978 con las cuatro modernizaciones de Deng Xiaoping. La economía global ganó acceso a los gigantescos mercados de bienes y servicios y laboral chinos y la nación asiática encontró un eficaz vehículo para acelerar el crecimiento económico, que alcanzó tasas de dos dígitos a partir de este hecho paradigmático. No obstante, las características del crecimiento económico en China estaban intrínsecamente relacionadas con un modelo manufacturero que, a ojos de la dirigencia china, no garantizaba el desarrollo pleno de los factores y condenaba a la nación asiática a ser simplemente una gigantesca fábrica de ensamble mundial, sin posibilidades de acceder a los extremos de la famosa “curva de la sonrisa” de Stan Shih, presidente de Acer que explicó, en 1992, cómo en una cadena de valor, las operaciones tempranas (diseño e investigación) y tardías (distribución, mercadeo, servicios de venta y posventa) generan siempre mayor valor agregado que las operaciones de producción y manufactura, en el ciclo de vida del producto, como se muestra en la siguiente gráfica:

Fuente: OECD Interconnected Economies benefiting from Global Value Chains (2013), basado en Shih (1992), Dedrick & Kramer (1999) y Baldwin (1992)

De modo tal que la dirigencia china enfatizó, durante la administración del presidente Hu Jintao, la necesidad de avanzar hacia la construcción de una auténtica economía del aprendizaje, para lo que desarrolló una estrategia basada en una serie de reformas que culminaron en el diseño institucional de un sistema nacional de innovación y una política coherente de ciencia y tecnología que le acompañara. A la par, el desarrollo de una pujante industria tecnológica, focalizada en el delta del río Perla, alrededor del megapoblado núcleo urbano que agrupa a Hong Kong, Shenzhen, Foshan, Dongguan y Guangzhou (conocido también como el valle del silicio chino), adoptó las características de un proceso poco ortodoxo de transferencia neta de conocimientos (cercano a la piratería en muchos casos), a la vez que recibía cuantiosas sumas de inversión extranjera directa.

Una lectura analítica de este proceso puede hacerse a través de las herramientas proporcionadas por el enfoque de la competencia schumpeteriana y la interpretación que de él presentan Joseph Stiglitz y Bruce Greenwald en “La creación de una sociedad del aprendizaje” (2015), en el que se trata al conocimiento como un bien público y se evalúan las externalidades del aprendizaje, al tiempo que se concluye que los mercados suelen ser ineficientes para la innovación, al registrarse ineficiencias tanto estáticas como dinámicas (Greenwald y Stiglitz, 2015, págs. 201-268).

¿Cómo construir entonces un sistema económico basado en la innovación sin caer en pérdidas sociales? Una posible solución es lo que Acemoglu, Robinson y Verdier (2012) plantearon como la hipótesis del modelo nórdico de bienestar, en el que el Estado comparte los riesgos de la innovación, haciendo posible que los beneficios de ésta se distribuyan de manera más extendida entre la población. Sin embargo, el modelo chino se parece más, en todo caso, a lo que los propios Stiglitz y Greenwald identificaron como la combinación de políticas comerciales heterodoxas, liberalización financiera y conducción económica del Estado. La heterodoxia, en el caso chino, se puede observar además en las prácticas industriales, como se mencionó anteriormente. Buena parte del éxito del valle del silicio chino se explica por la proliferación de un modelo de producción originalmente basado en la piratería, llamado “manufactura shanzhai”, que evolucionó para transitar hacia los extremos de la curva de la sonrisa. Compañías como Xiaomi, Oppo y la propia Huawei basaron su meteórico crecimiento en este modelo.   

Es éste el escenario en el que se enmarcan las políticas de innovación de Beijing a partir de 2005, con la institución del Plan de Mediano y Largo Plazo para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología y, a partir de 2015, de lo que fue acuñado como el programa “Hecho en China 2025”. Como ya se dijo, el objetivo era y es, en primer lugar, construir un sistema nacional de innovación y, en segundo lugar, que dicha innovación dependa cada vez menos del exterior. El advenimiento de Xi Jinping y de una nueva generación de líderes políticos en China exacerbó las ansias por consolidar este tecnonacionalismo y por colocar a la economía digital china en lo alto de la competencia global, en consonancia con el sueño de una hegemonía china en la economía mundial. Una de las estrategias de Beijing, en este sentido, ha sido la incursión en los mercados tanto de bienes y servicios, como de valores, estadunidenses. Encima, existe evidencia de vínculos demasiado cercanos entre el sector tecnológico y el ejército popular chino, como sugieren Anja Manuel y Kathleen Hicks en uno de los últimos números de Foreign Affairs.1 El activismo internacional de firmas como Bytedance, Huawei, Tencent, Alibaba (si bien basada en Hong Kong, estrechamente relacionada al modelo descrito en las líneas anteriores) y otras, explica el crecimiento gradual de la desconfianza con la que los Estados Unidos, desde la administración Obama, observan el ascenso de China como una potencia tecnológica, en lo que es sólo un aspecto más de una contienda geopolítica que, hasta la fecha, permanece fría, pero que podría irse calentando conforme nos adentramos en el siglo XXI.

 

Sergio Espinoza Cruz
Director operativo en Castlerock Consulting y maestrante en Política Global y Asuntos Transpacífico.

 

Referencias

Acemoglu, D., Robinson, J., y Verdier, T. “Can‘t we all be more like scandinavians? Asymetric growth and institutions in an interdependent world”, pp. 1-49. National Bureau of Economic Research, 2012.

Brian Fung, “TikTok es una amenaza para la seguridad nacional, dicen políticos de EE.UU. Esto piensan los expertos”, CNN En Español, 9 de septiembre, 2020.

Plan de Mediano y Largo Plazo para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología 2006-2020. Consejo de Estado de la República Popular China, Beijing, 2005.

Greenwald, B., y Stiglitz, J. (2015). La creación de una sociedad del aprendizaje. Barcelona: Crítica.

Trump firmó un decreto que obliga a ByteDance a vender sus acciones de TikTok en EEUU en un plazo de 90 días”, Infobae, 15 de agosto, 2020.

Greg Roumeliotis, Yingzhi Yang, Echo Wang y Alexandra Alper, “Exclusive: U.S. opens national security investigation into TikTok – sources”, Reuters, 1 de noviembre, 2019.


1 (Manuel & Hicks, 2020). Enlace disponible aquí.

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Publicado en: Economía, Sociedad