Un mes después del primer caso positivo de covid-19 en nuestro país, el gobierno federal implementó la Jornada Nacional de Sana Distancia para evitar la propagación de la pandemia. El impacto inmediato que tuvo el aislamiento social sobre el mercado laboral fue brutal y no tiene precedentes en nuestro país: la velocidad y cantidad de empleos perdidos fue abrumadora y la incertidumbre por conocer la duración de estos fenómenos sucumbió a una población ya temerosa por el riesgo de contagiarse. Al finalizar el confinamiento obligatorio se reanudaron paulatinamente algunas actividades laborales, acorralando a muchos trabajadores entre la disyuntiva de arriesgarse al contagio de coronavirus o arriesgarse a subsistir sin ingresos. Para la recta final de 2020 la mayoría de los indicadores económicos propios del mercado laboral parecían converger hacia un escenario de recuperación. Estamos quizá frente a una oportunidad única de redirigir la recuperación del empleo y remediar algunos de sus rezagos históricos. Hacer caso omiso y dejarlo todo a la inercia sería un grave error.

Ilustración: Víctor Solís
El impacto inmediato que provocó la pandemia sobre el mercado laboral no tiene precedentes. En el mes inmediato al primer trimestre del año se perdieron poco más de 12 millones de empleos. Nunca se había registrado una pérdida de esos niveles para un periodo similar. Adicionalmente, hubo un aumento de 7.8 millones de personas que siguieron recibiendo salarios a pesar de estar en suspensión temporal de labores. Así, cerca de 20 millones de personas dejaron de trabajar en abril. En mayo hubo una variación positiva, aunque insignificante. No fue sino hasta junio que comenzó la recuperación tras la reactivación económica del país y el final de la Jornada Nacional de Sana Distancia. Para noviembre todavía estábamos 2.4 millones de empleos por debajo de las cifras prepandemia, lo que nos situaba en niveles de 2017, y aunque el número de empleos recuperados es significativo, preocupa su aletargamiento.1 (Ver gráfico 1).
Gráfico 1. Composición de la población ocupada
Al interior de la población ocupada, la proporción de las personas con un empleo informal disminuyó de 56 % en el cierre de marzo a 48 % en abril. Por su parte, el empleo formal incrementó de 44 % a 52 %. Esta inversión de la composición de la población ocupada demuestra que los trabajadores dentro de la informalidad no sólo ganan menos y viven sin acceso a prestaciones de ley, también son los primeros en perder sus empleos en medio del confinamiento obligatorio, lo que los hace vulnerables en muchos sentidos en tiempos de crisis.
Durante los últimos meses la composición de la población ocupada regresó a su estructura original, lo que implica que la mayor parte de los trabajadores que han regresado al mercado laboral se ha insertado en el sector informal. Éste no es un tema menor cuando, en medio de una pandemia, se pierde el acceso a servicios gratuitos de salud y se deja de acumular semanas cotizadas para una mejor pensión.
Uno de los efectos más delicados de la pandemia ha sido la caída del ingreso laboral de los hogares, el cual disminuyó en 12 %, lo que generó un aumento de la población con ingreso inferior al costo de la canasta alimentaria (pobreza laboral). Aunque todas las entidades federativas sufrieron este fenómeno —salvo Zacatecas—, es de esperar que, en un país con desigualdades territoriales tan marcadas como en México, el impacto no se haya distribuido de manera homogénea entre cada una de ellas. (Ver gráfico 2).
Entre el 1T y el 3T de 2020 el porcentaje de la población nacional en pobreza laboral pasó de 35.7 % a 44.5 %, siendo Q. Roo, CDMX y B.C.S. las entidades más afectadas. Por otra parte, no es coincidencia que las entidades con mayor pobreza laboral en el 3T sean las que registraron las mayores tasas de informalidad laboral en el 1T, ni que las de menor porcentaje en el segundo periodo sean las de menores tasas de informalidad en el primer periodo. Existe una relación directa entre pobreza laboral e informalidad. Otra relación que puede hallarse es la desigual concentración de la pobreza laboral entre el sur y el norte del país.
Gráfico 2. Porcentaje de la población con ingreso inferior al costo de la canasta alimentaria 1T2020-3T2020
Estas señales apuntan al aumento tanto de la pobreza como de las desigualdades —económicas, sociales y territoriales —en nuestro país, lo que afecta en primera instancia a los trabajadores que se localizan en el sector informal, predominantemente ocupados en actividades de servicios de turismo, comercio y venta de comida. Ante la ausencia de cualquier sistema de transferencias que les asegure un ingreso mínimo, la mayoría se encuentran en el abandono, sin ahorros y sin acceso al sistema financiero.
El desempleo y la informalidad son un lastre hacia la recuperación económica del país, y vivir al día podría ser más doloroso que cualquier virus en el mediano y largo plazo. El impulso a la generación de empleos dignos y la recuperación de los ingresos laborales debe priorizarse si lo que se pretende es salir de la crisis con fundamentos sólidos que permitan un crecimiento sostenido e incluyente.
Pero, ¿qué ocurriría en el mediano plazo, más allá de la coyuntura del confinamiento? Sin perder de vista que una proporción de los empleos perdidos no será recuperada debido a cambios estructurales que ha experimentado el mercado laboral, es importante analizar la evolución del desempleo durante los últimos meses para evaluar su posible reincorporación.
El temor al contagio y las noticias pesimistas del mercado laboral podrían ser algunos motivos por los que las personas que han perdido su trabajo no estén interesadas en buscar uno nuevo. Este fenómeno no afecta a la tasa de desocupación nacional, sino a la de desocupación encubierta (PNEA disponible). Del 1T al mes inmediato, el porcentaje de la población bajo esta condición pasó de 6 % a 20.9 % respecto a la fuerza laboral potencial, para llegar a un punto máximo de 20.2 % en mayo. Aunado a esto, la proporción de la población ocupada que tiene la necesidad y la disponibilidad de trabajar más horas de las que su ocupación actual le permite (subocupación) pasó de 4.9 % a 13.6 % en el mismo lapso. Ambos indicadores han reducido progresivamente sus proporciones desde junio; no obstante, todavía se encuentran en niveles preocupantes, especialmente porque existe la posibilidad de que transiten hacia la población desocupada, la cual se ha mantenido relativamente estable. (Ver gráfico 3).
Gráfico 3. Desocupación respecto a la fuerza laboral potencial
Ante la incertidumbre sanitaria es un error asegurar que la mayoría de las personas dentro de la desocupación encubierta volverá a sus empleos pronto. Quizá el mayor riesgo sea la incapacidad de muchos empleadores para mantener sus empresas, ocasionando que estas pérdidas temporales de empleos se conviertan en pérdidas permanentes. Además, aunque las empresas no quiebren, no volverán a contratar a todos los trabajadores en suspensión temporal si enfrentan una menor demanda aun después de que termine la emergencia sanitaria.
El estudio de la macroeconomía para América Latina nos dice que cuando la economía de algún país latinoamericano cae en recesión, el empleo se contrae más rápido que el PIB, y cuando la economía entra en un periodo de recuperación, el empleo tarda más que el PIB en alcanzar los niveles que tenía antes de la crisis (Parkin, M., 2015). Por ello es importante poner atención en la forma en que se recuperan los empleos e intervenir oportunamente para asegurar la sostenibilidad de ellos.
Todavía es difícil saber cómo y cuándo se dará la recuperación de empleos formales e informales debido a la incertidumbre propia de la pandemia; sin embargo, reconocer las necesidades de la sociedad, los rezagos y los nuevos desafíos que ha traído el cambio mismo es el principio del que debemos partir. Sin esto, la esperanza de la recuperación se convierte en desilusión y resentimiento. Tengamos, por tanto, cuidado en la última milla.
Azael Joshue Mateo Mendoza
Economista por la UNAM.
Referencias
Heath, J. (2020, 14 julio). La crisis del desempleo. México, ¿cómo vamos?
INEGI. (2020, mayo). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), población de 15 años y más de edad (ENOE) [Tabulados predefinidos]. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
K. Ruiz, A. B. G. (2020, 11 agosto). Sobre cómo navegar los datos del mercado laboral. México, ¿cómo vamos?
Parkin, M. (2015). Macroeconomía. Versión Para Latinoamérica (11.ª ed.). Pearson Educación.
1 Es importante aclarar que, debido a las diferencias en el diseño estadístico, la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) 2020 y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2020 no son estrictamente comparables, pero la modalidad telefónica, además de presentar datos valiosos sobre el empleo, funciona para evaluar los cambios observados en el mercado laboral a raíz de la pandemia. Por ello es por lo que se utilizan ambas fuentes para la realización de este análisis.


