Hace algunos días fue motivo de discusión pública la eficiencia del Producto Interno Bruto, PIB, en la medición del desarrollo, lo cual a perspectiva propia representó un falso debate, puesto que el PIB no fue planeado para medir el desarrollo, para ello hay otros indicadores como el Índice de Desarrollo Humano e inclusive la propia metodología de medición de la Pobreza Multidimensional del Coneval.
A pesar de los argumentos que buscaron desacreditar el PIB como variable fundamental de la economía, al final el presidente Andrés Manuel López Obrador reivindicó en su ensayo de “La nueva política económica” que el crecimiento económico sí importa para paralelamente plantear un desarrollo económico y social.
Una vez dicho esto, y superado el falso debate, se tiene que volver a la discusión de por qué no crecemos. Aquí se busca ahondar un poco más en dicho tema.

Ilustración: Víctor Solís
Desde que se realizó la reestructuración económica en 1983, México ha presentado tasas de crecimiento relativamente bajas y alrededor, acorde con datos del INEGI (2020), de 2.19 %. En términos per cápita y con una tasa de crecimiento poblacional alrededor del 1.56 % promedio según datos del propio instituto, implica que el crecimiento económico por habitante es de 0.63; es decir, casi nada. La importancia del PIB per cápita radica en que este muestra la calidad de vida en términos monetarios que podría alcanzar la sociedad con mecanismos adecuados de creación de empleos y redistribución, pero como se puede observar, en México, es muy bajo a pesar de que se cumpliera con estos mecanismos. Véase la gráfica 1.
Los modelos económicos más básicos buscan explicar que el crecimiento económico está en función del capital, y la población ocupada en alguna actividad económica. Una estimación econométrica de un modelo tipo “Cobb-Douglas” con datos del INEGI (2020) muestra que el capital participa en un aproximado del 30 % en la formación del PIB, mientras que el trabajo se lleva un aproximado del 70 %.
Lo anterior implica que, en un modelo de producción tradicional, el trabajo es la variable con mayor peso dentro del producto. Aunque otras estimaciones han mostrado que cuando se le agregan variables de grado tecnológico éste se relega hasta el 23 % en la participación del PIB, sin embargo, sigue siendo una participación destacada dentro de la formación del producto.
Gráfica 1

Elaboración propia con datos del INEGI
Ahora bien, la respuesta para terminar con el bajo crecimiento económico no se halla en aumentar más cantidades de trabajo a la economía sólo por aumentarlas, puesto que la economía mexicana se encuentra cercana a su máximo en la creación de empleos formales, dados los niveles de inversión; igualmente, en el sector informal realmente no beneficia mucho dado su baja productividad y escasas garantías sociales. Dicho esto, es indudable que la variable del capital o mejor dicho la inversión es el componente faltante para el crecimiento de la economía mexicana. ¿Pero qué tipo de inversión? La estimación de una función tipo Cobb Douglas, con la inversión desagregada en pública y privada puede ayudar a responder la interrogante. El modelo estimado muestra la siguiente información:

Los resultados muestran que el modelo que explica el comportamiento del PIB está en función de la formación bruta de capital fijo del sector público, es decir, la inversión en infraestructura, maquinaria y equipo del sector público, de la formación bruta de capital fijo del sector privado, y de la población ocupada.
La explicación de los coeficientes es la siguiente:
El coeficiente autónomo es de -0.20 pero al ser su estadístico t de -0.52 no tiene ninguna significancia en la explicación del modelo, por lo que puede no ser considerada sin afectar la efectividad de éste.
Para la variable de la formación bruta de capital fijo del sector público: por cada unidad logarítmica que crece la inversión pública, se cae en 0.004 unidades el PIB, sin embargo, su estadístico t de -0.318 muestra que es una variable no significativa para explicar el comportamiento del PIB.
Para la variable de la inversión privada: por cada unidad logarítmica que crece la inversión privada se incrementa en 0.29 unidades el PIB. Su estadístico t de 6.92 es significativo en la explicación del PIB.
Para la variable de la población ocupada: por cada unidad logarítmica que crece la población ocupada se incrementa en 0.72 unidades el PIB. Su estadístico t de 9.77 muestra que la población ocupada es muy significativa en la explicación del modelo.
Lo anterior en realidad sirve para mostrar el efecto que tiene cada componente del modelo Cobb Douglas en la formación del PIB. La preocupación resalta cuando se observa la no significancia de la inversión pública, esta cuestión no quiere decir que ya no deba haber inversiones por parte del Estado, sino que su porcentaje de participación en el crecimiento económico ha ido decreciendo a tal grado que ha dejado de jugar un papel importante en la formación del PIB; por el contrario, la inversión privada ha cargado con el mayor peso de hacer a la inversión o al capital una variable relevante en el PIB; sin embargo, por sí sola no ha sido ni será suficiente para detonar el crecimiento económico. Para ilustrar la relegación de la inversión pública, véase la gráfica 2.
De acuerdo con Jaime Ros (2015), México cayó en la trampa del lento crecimiento que consiste prácticamente en un Estado relegado por la incapacidad de incrementar su participación en la economía a través de una reforma fiscal y por un déficit de inversión en infraestructura que ha detenido el crecimiento económico, afectando a las regiones más pobres del país y acrecentado la desigualdad. La imposibilidad de este hecho parte del principio de la deslegitimación histórica del gasto Estatal.
Gráfica 2

Elaboración propia con datos del INEGI (2020)
Ante lo anterior, lo que queda por hacer es incitar a una reflexión consciente al actual gobierno, de que un bajo crecimiento económico fomenta la desigualdad y a su vez perpetúa las condiciones de pobreza. La variable fundamental para lograr el camino a la convergencia del crecimiento económico está en la inversión productiva del Estado, pues ésta ha quedado relegada. Pero antes de ello deberá retomar una actitud más técnica que política en la búsqueda de echar a andar una reforma fiscal posterior a la crisis del COVID-19 que quizá podrá costarle algunos votos, pero que con el capital político que aún mantiene se podría legitimar sin mayor problema. Esto lo acercaría a cumplir su objetivo prioritario de “por el bien de México, primero los pobres”; de lo contrario, veremos un gobierno más en la historia que no cambió el problema estructural de la economía mexicana: el bajo crecimiento económico por el Estado relegado.
César Balcázar Montes de Oca
Economista por el Instituto Politécnico Nacional
Referencias
INEGI, 2020, “Banco de Información Económica, Cuentas nacionales, Producto Interno Bruto, Variación Trimestral”.
INEGI, 2020, “Banco de Información Económica, Cuentas nacionales, Formación bruta de capital fijo por sector demandante”.
Jaime Ros, 2015, “La trampa del lento crecimiento”, en: Más allá de la crisis, el reclamo del desarrollo coord. Cordera Rolando, eds. Fondo de Cultura Económica, pp 159-179.