No es nuevo que las cifras de violencia continúan en aumento; en el Estudio Global de Homicidios 2019 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), México se encuentra en el lugar 12 de los países más violentos en todo el mundo. En los últimos años, el agregado de homicidios, feminicidios y desapariciones conforman una estadística que da cuenta de la crisis de seguridad que vivimos en el país. De acuerdo con cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), sólo en 2019 se registraron 36 476 homicidios a nivel nacional. Asimismo, los feminicidios han crecido 111 % entre 2016 y 2020; en 2018 la tasa alcanzó 1.48 feminicidios por cada 100 000 mujeres mexicanas con un total de 891 casos a nivel nacional.
Las cifras de la violencia generalizada ocultan una realidad alarmante: niños, niñas y adolescentes (NNA) en condiciones de orfandad o privados de cuidado parental a consecuencia de la comisión de delitos graves. Las cifras de homicidios, feminicidios y desapariciones se traducen en una condición de orfandad de NNA: representa una condición de vulnerabilidad que obstaculiza los derechos de la infancia y tiene potenciales efectos perjudiciales para la sociedad en su conjunto.
Al momento no existen cifras oficiales sobre el número de NNA en condiciones de orfandad a consecuencia de la violencia del país. En 2010, con base en las cifras de homicidios relacionados con la guerra contra el narcotráfico se estimaba un aproximado de 50 000 niños huérfanos.1, 2 Estimaciones más actuales, con base en datos registrados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, indican un aproximado de 3600 huérfanos sólo en 2018 a causa de violencia de género (feminicidios y homicidios dolosos de mujeres). De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, entre diciembre de 2018 y junio de 2019, se estima un promedio de al menos 19 NNA en condición de orfandad por feminicidio cada 24 horas. Sin embargo, no existen estimaciones estandarizadas que den cuenta del número de NNA en condiciones de orfandad o privados de cuidado parental a consecuencia de la comisión de delitos graves.

Ilustración: David Peón
La falta de información que permita estimar la dimensión del problema es una muestra del desinterés por las víctimas o un enfoque muy limitado sobre la prevención de violencia y medidas de restauración del daño. Actualmente, a pesar de que la violencia se identifica como uno de los mayores problemas en México y principal causante de muertes, no existen programas nacionales destinados a brindar atención institucionalizada que faciliten el correcto desarrollo humano de las víctimas de la violencia: NNA en condiciones de orfandad o privados de cuidado parental a consecuencia de la comisión de delitos graves.
El trauma violento que implica la pérdida de los progenitores tiene efectos en NNA que pueden desarrollar psicopatologías y/o síndromes de estrés postraumático que afectan su correcto desarrollo afectivo y cognitivo.3 El efecto del trauma se agudiza con la exposición consistente y crónica a la violencia contextual que afecta el sentido de seguridad de los miembros de la comunidad y resulta en diversos factores de riesgo asociados con el involucramiento temprano en actividades delictivas: ansiedad, depresión, deserción escolar, bajo rendimiento académico, abuso de sustancias, entre otros.4, 5 Las NNA que están en constante exposición a la violencia y con angustia emocional tienden a mostrar problemas escolares y afectaciones en su desarrollo intelectual, juicio moral subdesarrollado debido a la ausencia de experiencias sociales que desafían el principio de placer-dolor como base para la toma de decisiones, indiferencia al daño como resultado de una alta exposición a estímulos peligrosos, e identificación con los perpetradores de agresión y los resultados de la violencia.6
La afectaciones del trauma y exposición a la violencia se pueden mediar a través de un factor de gran relevancia: el cuidado. La evidencia muestra que NNA que encuentran estabilidad y bienestar dentro del núcleo familiar tienen mayor capacidad para hacer los ajustes socio-emocionales que permitan amortiguar o contrarrestar los efectos de la violencia comunitaria y del trauma. Si el cuidado parental es de gran relevancia en el desarrollo saludable de NNA, ¿qué sucede cuando padres/madres (cuidadores primarios) han muerto a causa de la violencia? En estos casos, las familias extendidas se vuelven un espacio de gran importancia para NNA, se vuelven espacios de cuidado en los cuales se puede socializar el trauma y la exposición crónica a la violencia para amortiguar los efectos negativos de ésta. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el trauma atraviesa a toda la familia? ¿Qué sucede cuando son las madres, abuelas o tías7 quienes salen a buscar los cuerpos de los desaparecidos y viven constantemente el trauma de la pérdida? ¿Qué sucede cuando el perpetrador del feminicidio es parte de la familia? ¿Qué sucede cuando la familia está en perpetua búsqueda de justicia y reconocimiento de su condición de víctima?
En un entorno de alta violencia, NNA en condiciones de orfandad o privados de cuidado parental a consecuencia de la comisión de delitos graves no son sólo afectados por el trauma y la exposición crónica a violencia contextual, sino también por la violencia doméstica y los estresores relacionados con violencia estructural (pobreza, trabajo infantil, etcétera). En países con altos niveles de violencia organizada, o en condiciones de guerra, existe una correlación entre la exposición a la violencia contextual y altos niveles de violencia doméstica.8 El cúmulo de condiciones de vulnerabilidad afectan directamente las capacidades de las familias para cuidar y proteger: las familias traumatizadas por la violencia y el peligro, o estresados por las privaciones sociales y económicas, tienen menor probabilidad de ser capaces de proteger a sus hijos de daños porque se ven abrumados por múltiples factores estresantes, depresión o disociación por el trauma.9
Ante este panorama, es urgente atender a miles de NNA en situación de orfandad a consecuencia de la comisión de un delito grave como un incumplimiento a sus derechos. Es necesario tomar medidas legislativas y articular políticas públicas que garanticen su bienestar integral, reconozcan su condición de víctimas, reparen el daño y promuevan contextos benéficos para su pleno desarrollo. Un primer paso para ello es generar información (censos) que nos permitan cuantificar y caracterizar el problema. Asimismo, es necesario que las acciones de prevención de violencia y construcción de paz en nuestro país tengan una mirada integral que ponga el bienestar de las víctimas al centro de la toma de decisiones, involucre un enfoque en salud mental y el fortalecimiento de un sistema de cuidados que garantice el bienestar de las familias con el objetivo de asegurar el sano desarrollo de todas las personas, particularmente de NNA que han sido afectados directamente por la violencia.
Mariana Robles
Politóloga por el CIDE y cofundadora de Paz Cívica A. C.
Referencias
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Camacho S.; Horstick O., y Sax S. “Orphans of the Mexican drug war: insights on a public health challenge”, Pan American Journal of Public Health. 36(2), 2012, pp. 94–100.
Catani, C.; Schauer E., y Neuner F. “Beyond Individual War Trauma: Domestic Violence Against Children in Afghanistan and Sri Lanka”, Journal of Marital and Family Therapy, 34, abril, 2008, pp.165-176.
Pharoah R. “Aids, Orphans and Crime”, Sa Crime Quarterly, 13, septiembre del 2015, pp. 7-14.
Sharkey, P.; Tirado-Strayer, N.; Papachristos, A., y Cybele, C. “The effect of local Violence on Children’s Attention and Impulse Control”, American Journal of Public Health, 102, 2012, pp. 2287- 2293
Schmermund M. K. “Community resilience in the face of community violence”, Smith College Scholar Works, 2014.
Wallen J. y Rubin R. “The Role of the Family in Mediating the Effects of Community Violence on Children”, Aggression and Violent Behavior, 2, 1997, pp. 33-41.
Kim D. “Social determinants of health in relation to firearm-related homicides in the United States: A nationwide multilevel cross- sectional study”, PLoS Med, 2019, pp. 16, 12.
1 Camacho S.; Horstick O., y Sax S. “Orphans of the Mexican drug war: insights on a public health challenge”, Pan American Journal of Public Health. 36(2), 2012, pp. 94–100.
2 Bremer C. Special report: Mexico’s growing legion of narco orphans. Reuters, 2010.
3 Sharkey, P., Tirado-Strayer, N., Papachristos, A. & Cybele, C. (2012). The effect of local Violence on Children’s Attention and Impulse Control. American Journal of Public Health, 102, 2287- 2293
4 Schmermund M. K. “Community resilience in the face of community violence”, Smith College Scholar Works, 2014.
5 Wallen J. y Rubin R. “The Role of the Family in Mediating the Effects of Community Violence on Children”, Aggression and Violent Behavior, 2, 1997, pp. 33-41.
6 Ibid
7 La provisión de cuidados en México es realizada principalmente por mujeres; en promedio las mujeres dedican 28.8 horas a la semana a cuidar a otras personas y al trabajo doméstico
8 Catani, C.; Schauer E.; y Neuner F. “Beyond Individual War Trauma: Domestic Violence Against Children in Afghanistan and Sri Lanka”, Journal of Marital and Family Therapy, 34, abril, 2008, pp.165-176.
9Aisenberg E. y Herrenkohl T. “Community Violence in Context: Risk and Resilience in Children and Families”, Journal of Interpersonal Violence, 23, 2008, pp. 296-315.