La crisis de las trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe: una representación del legado capitalista y patriarcal

Las trabajadoras remuneradas del hogar han estado vinculadas históricamente a la esclavitud, al colonialismo y a otras formas de servidumbre. Esta situación ha tenido como resultado que las personas que desempeñan esta labor sean marginadas y excluidas de la sociedad y de derechos laborales. Sin embargo, a pesar de ser un trabajo sin reconocimiento e invisibilizado, ha sido una alternativa de empleo para muchas personas a nivel mundial, debido a la falta de oportunidades y las crisis mundiales, dejando inaccesibles oportunidades de empleo y precarias condiciones de subsistencia a millones de personas.

En cierta medida, ha habido esfuerzos de organismos internacionales y sindicatos para obtener el reconocimiento de las personas que se dedican a este trabajo; sin embargo, siguen siendo uno de los sectores más vulnerados y viven una gran desigualdad económica debido a que los ingresos de las trabajadoras remuneradas del hogar son tan bajos que suponen un problema de acceso a bienes y servicios.

Cabe señalar que la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo y la privatización de la seguridad social ha aumentado la demanda de trabajadoras del hogar y de cuidados en las últimas décadas. Una gran parte de estos hogares opta por emplear a una mujer para hacer este trabajo, que es sobre todo realizado por mujeres inmigrantes, racializadas o pobres.

Si bien el trabajo remunerado del hogar en América Latina presenta dificultades a la debida protección de derechos laborales de las trabajadoras, esto tiene una base sumamente colonial y patriarcal, que termina poniéndolas en una situación de vulnerabilidad enorme que no ha dejado de aumentar y se ha agraviado a partir de las crisis económicas del mundo y de la pandemia actual.

Ilustración: Patricio Betteo

El capitalismo globalizante contemporáneo ha vulnerado a diversas comunidades marginadas dentro de América Latina. Tal es el caso de las trabajadoras remuneradas del hogar, que en los últimos años se ha encontrado en el menos importante lugar de la agenda de los Estados y agentes económicos, por lo que sus intereses, necesidades y demandas no se han visto reflejadas en las políticas gubernamentales. Dichas necesidades tampoco han sido integradas plenamente en el discurso progresista que pretende proteger a las personas que desempeñan esta labor.

El trabajo remunerado del hogar constantemente ha sido asociado a la esclavitud moderna, debido a que por siglos ha sido carente de derechos elementales y en muchas ocasiones perciben un salario por debajo del mínimo nacional. Además de que no tienen derecho a beneficios sociales, viven malos tratos de los empleadores e incluso llegan a padecer explotación sexual. Por lo tanto, hasta el día de hoy se reconoce como una actividad marginada y desvalorizada, aun cuando es una de las actividades más elementales de la sociedad.1

El hecho de que perciban un salario muy bajo no les permite emanciparse de esta relación de jerarquización y dominación sobre sus patrones y es este sistema el que perpetúa la desigualdad económica y permite que las trabajadoras sufran de una completa desregularización, invisibilización y devaluación social. Esto es debido a que este empleo se atribuye a una mano de obra feminizada que se considera en lo mínimo o inexistente. Lo que permite observar “una lógica heteronormativa de la colonialidad del poder subyacente en el proceso de acumulación capitalista, en la que se intercala un pensamiento basado en la producción de diferencias”.2

Aunque bien hubo una independencia política en América Latina, lentamente apareció un colonialismo interno en el que los grupos y clases dominantes de las nuevas naciones juegan roles similares a los antiguos colonialistas.3 Por lo tanto, esta estructura social genera relaciones de poder y dominio entre grupos que son culturalmente diferentes, y son esas diferencias específicas las que determinan relaciones de dominio y explotación. Esto tiene implicaciones sociales, económicas, políticas y psicológicas.4 De modo que el racismo y la discriminación racial son el legado de la historia universal de la conquista de unos pueblos por otros, desde la antigüedad hasta la expansión de los grandes imperios y sistemas coloniales de la época moderna.

Por su parte, las tareas del hogar y el trabajo de cuidados se le han atribuido a las mujeres, por una estructura patriarcal que ha definido los roles de acuerdo al género de las personas, lo que ha marcado una relación de empleo entre mujeres, definida por numerosas estudiosas como un “vínculo de explotación”.5 Esto termina estableciendo las relaciones heteronormativas como norma principal de origen social, que define lo que es asignado al género femenino y al masculino; así pues, estas didácticas se practican en el seno de los hogares privados.

Por lo tanto, el principio feminista de “lo personal es político” ha permitido que se comience a estudiar la interacción de las personas, sus relaciones y el efecto que tiene en lo doméstico (y antes considerado sin relevancia) a lo internacional, pasando de ser un contexto silenciado y olvidado a eventos expuestos, denunciados y analizados. Así, los estudios feministas sobre desigualdad económica y social han cuestionado todas las formas de irregularidad de oportunidades y han tomado como punto de partida lo cotidiano. “Las relaciones las imaginábamos privadas, o meramente sociales, pero resultan estar infundadas de poder; en la mayoría de los casos, de un poder desigual legitimado por las autoridades públicas”.6 De modo que mientras las tareas del hogar estén concebidas como femeninas seguirán respondiendo a un sistema infundado en los roles de género.

Recientemente se publicó el “Informe: Trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe frente a la crisis del COVID-19” realizado por ONU Mujeres, CEPAL, OIT que ha demostrado en datos y cifras la desigualdad económica y social que viven las trabajadoras remuneradas del hogar en la región. En América Latina y el Caribe, entre 115 y 186 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, de las cuales el 93 % son mujeres (lo que responde a una didáctica patriarcal en que se le adjudica a las mujeres los cuidados del hogar) y más del 77 % de las mujeres en este sector laboran en informalidad,7 lo que significa que todas ellas trabajan en condiciones precarias y sin acceso a la protección social.

Asimismo, el sector del servicio doméstico en la región ha sido cruce de discriminaciones por raza, etnia y género. En relación con esto, un 63 % de las personas que desempeñan este trabajo son afrodescendientes y 17 % migrantes;18 es decir, existe una gran cantidad de mujeres que se mueven a otros países con el fin de conseguir un empleo y satisfacer las necesidades de otras personas.

De ahí que encontramos un fenómeno conocido como la “crisis de los cuidados”, en el cual se han formado cadenas globales de cuidado, un fenómeno global y regional que implica movimientos de migrantes desde zonas pobres a ciudades o países de mayores niveles de ingresos. Investigaciones de la OIT indican que 17 % de las personas ocupadas como trabajadoras remuneradas del hogar en la región son migrantes, siendo un 73 % de ellas mujeres.9 Esto demuestra una clara evidencia de cómo esta labor está racializada y fundada en prácticas coloniales, de unas clases sociales sobre otras.

De tal modo, la discriminación y desigualdad estructurales han dificultado transformar la visión de explotación histórica, y han imposibilitado que el Estado garantice derechos laborales y condiciones dignas en el trabajo doméstico. Por su parte, en 2011 la OIT adoptó el Convenio número 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores del hogar. En este Convenio se establecen pautas para que los Estados garanticen derechos y protección social para las personas trabajadoras remuneradas del hogar. Estas pautas han marcado elementos que permiten accionar en favor de las trabajadoras remuneradas del hogar; no obstante, no han logrado impactar en las estructuras actuales económicas y sociales que desfavorecen a las empleadas del hogar. Esto lo vemos reflejado en la situación que estamos viviendo con la pandemia mundial de covid-19.

Las personas se han confinado alrededor del mundo y este confinamiento ha hecho que muchas de las trabajadoras remuneradas del hogar se queden en sus lugares de trabajo, manteniéndose alejadas de sus familias y sin el descanso adecuado. Y, de las que se desplazan, la mayoría lo hacen en transporte público quedando expuestas a contraer el virus, además de que con frecuencia las trabajadoras remuneradas del hogar carecen de un acceso adecuado a los servicios de salud, ya que no tienen seguridad social.

Por su parte, según estimaciones de la OIT, el 70 % de las trabajadoras remuneradas del hogar están afectadas por las medidas de cuarentena, por disminución de la actividad económica, cancelación de contratos, reducción de las horas trabajadas o pérdida de salarios.10 Esta situación, asociada a la escasa protección social, provoca que muchas de las trabajadoras remuneradas del hogar se hayan quedado sin ningún tipo de ingreso o con ingresos insuficientes para sostener sus necesidades básicas y las de su familia.

De tal manera que, partiendo de lo mostrado anteriormente, podemos resolver que las trabajadoras remuneradas del hogar viven una gran desigualdad económica y social y que la crisis actual de covid-19 las ha puesto todavía más en una situación de vulnerabilidad enorme. Esto debido a que el sistema capitalista ha generado una estructura económica en la que las mujeres más desfavorecidas socialmente (inmigrantes, afrodescendientes o racializadas) son empujadas a tener empleos en el que perciben salarios muy bajos, no tienen acceso a un seguro social y, además, viven diferentes tipos de violencias por sus empleadores, todo esto respondiendo a una lógica capitalista, patriarcal y colonial. 

No podemos permitir que esta lógica se siga reproduciendo y las mujeres que trabajan en este sector sigan sin tener el reconocimiento y la protección que merecen. Por ello, es importante repensar la desigualdad con perspectiva feminista latinoamericana; es decir, una descolonizada e interseccional, lo cual no es sencillo. Es un gran desafío teórico y práctico, pero comienza desde casa.

 

Nayeli Pérez Rivera

 

Referencias

Casanova, Pablo González, Sociedad plural, colonialismo interno y desarrollo. UNESCO, 1963.

Trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe frente a la crisis del COVID-19”, CEPAL, septiembre 28, 2020.

Elena Polo Maceira Profesora Titular. Facultad De Derecho. Universidad De Oriente. República De Cuba. Vicepresidenta De La Sociedad Cubana De Derecho Económico Financiero De Santiago De Cuba. “Análisis del trabajo doméstico y su realidad laboral en el mundo”, Gestiopolis, junio 10, 2015.

Grant, Rebecca, y Kathleen Newland. 1991. Gender and International Relations, Bloomington: Indiana University Press.

Gutiérrez-Rodríguez, Encarnación. "Trabajo Doméstico-trabajo Afectivo: Sobre Heteronormatividad Y La C…" Revista De Estudios Sociales, mayo 17, 2018.

“Lo personal es político: el surgimiento del feminismo radical;  Kate Millet”, Mujeres en Red, Periódico Feminista.

Quijano, Aníbal, Colonialidad Del Poder, Eurocentrismo y América Latina. CLACSO, 2014.


1 Elena Polo Maceira “Análisis Del Trabajo Doméstico Y Su Realidad Laboral En El Mundo” Gestiopolis, 10 de Junio de 2015.

2 Gutiérrez-Rodríguez. “Trabajo doméstico-trabajo afectivo: sobre heteronormatividad y la colonialidad del trabajo en el contexto de las políticas migratorias de la UE”. Revista De Estudios Sociales, mayo, 2018.

3 Pablo González Casanova, Sociedad plural, colonialismo interno y desarrollo, UNESCO, 1963.

4 Ibid.

5 Judith Rollins . Between Women: Domestics and Their Employers, Temple University Press, Filadelfia, 1985.

6 Ibid.

7Trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe frente a la crisis del COVID-19”. ONU Mujeres, OIT, CEPAL, Septiembre, 2020.

8 Ibid.

9 Ibid.

10 “Trabajadoras Remuneradas Del Hogar En América Latina Y El Caribe Frente a La Crisis Del COVID-19”, CEPAL, Septiembre, 2020.

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Publicado en: Economía, Sociedad

2 comentarios en “La crisis de las trabajadoras remuneradas del hogar en América Latina y el Caribe: una representación del legado capitalista y patriarcal

  1. Es muy real esta situación de discriminación de este sector “trabajadoras del Hogar”porque reciben un salario tan bajo y tiene tantas necesidades que permiten que se les exploten ,se les maltraten o hay mucha ignorancia por parte de “ellas”o las ponen en una situación tan vulnerable que sufre de actos aberrantes y que en un porcentaje muy alto no tienen ningún tipo de justicia.
    Se nos olvida que ellas son muy IMPORTANTES para que muchos de los hogares se encuentren en armonía tanto mentales ,social y económica

  2. Muchas gracias por este artículo que visibiliza un problema social contemporáneo.

    Mi pregunta es, ¿cómo el patrón puede ofrecer condiciones y sueldo justo?

    Es decir, ¿hay alguna forma de darles seguridad social y cuál sería el rango salarial justo?

    Saludos!

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