La economía en el mundo de las formas

La economía, del griego oikonomía, de oikos, casa y némein, distribuir o administrar, es “ […] a la vez el estudio de la riqueza y una rama del estudio del [ser humano]” (Marshall, 1949). La esencia humana de la disciplina se ha extraviado en el mundo de las formas. La demostración de teoremas y el uso de complejas metodologías, en muchas ocasiones, se han vuelto un asunto puramente etéreo. Pero el estudio de lo humano no puede ser lejano a la persona. ¿Cómo fue que nos perdimos y dónde está el camino que dejamos?

La estructura analítica que reina en el campo de la economía crea conocimiento, pero no con(s)ciencia. Su construcción se ha cimentado en deducciones basadas en axiomas de evidencia aparente, pero una ciencia social, un conocimiento con(s)ciente, se genera de forma inductiva a partir de la realidad de las personas.

El rigor matemático, la fe científica de los economistas es una herramienta que traduce la heterogeneidad a una realidad virtual, centrada en lo técnico y alejada de las interacciones humanas y de la discusión in situ de los problemas sociales. Así, el oikos se extravía en un muro cuantitativo, erguido por un pensamiento positivista que por definición relega la problemática social a segundo plano.

La senda perdida está en la realidad de las personas, en millones de carencias acompañadas de sueños. Podemos empezar en un hogar, etimológica y literalmente, en el origen de la ciencia económica.

Ilustración: Víctor Solís

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En casa de Mariana viven Damián y Sebastián. Salieron de su país, muchachos apenas, con miras al sueño americano. La Bestia se los arrebató, un segundo fue suficiente para perder sus piernas. Al entrar a casa de Mariana los vimos en el piso trabajando con madera, aprendiendo el oficio de reconstruir sus anhelos desde un punto de partida más lejano, aunque la meta siga siendo la misma. Para Damián y Sebastián el aprender carpintería significa conservar la esperanza de salir de la pobreza. Ese conocimiento, de tan fácil acceso para los que vivimos en el otro México, es la llave a una nueva vida para ellos.

Hay una parte humana que escapa lo cuantificable y es ésa la que hace a las ciencias sociales. Mariana renunció a una vida por ocuparse de otras, a un espacio privilegiado para salvar a quienes no tienen nada que perder.

Emprendimos camino a Apizaco, a las vías de la Bestia, a ver de frente una gota del flujo migratorio. El haber leído unas cuantas palabras sobre migración no se compara con ver de cara a aquellos soñadores.

Una noche en un cuarto atiborrado de literas viejas, bajo un techo de lámina sostenido por piedras pesadas y tres comidas calientes, pueden significarlo todo en el paso por el Hades. Esa pequeña, gran diferencia puede lograrse con tan poco, y ese poco escasea tanto. Quien administra el lugar nos pasó la lista: aceite, arroz y frijoles. La receta para salvar una vida. ¿En qué parte de este mundo se puede encontrar a quién pueda prescindir, en su abundancia, de tan escasos bienes?

Hicimos un pequeño donativo y nos sentamos en las vías por donde camina la Bestia, flanqueadas por barras de concreto. Pudimos platicar poco con los migrantes; cuando llegó la voz de los presentes que habíamos traído, corrieron al albergue con una sonrisa. Esperamos un momento en el lugar donde pasa el monstruo, pensando en ese momento, en el que, con algo que nos sobra, hicimos feliz a alguien que todavía tiene la mitad del camino por delante, la mitad de un trayecto mucho más arduo que cualquiera que hayamos emprendido.

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La sensación de ver a un joven en el suelo recuperando su sonrisa y el terror que infunde la falange de concreto que rodea las vías del tren son inconmensurables. Una estructura lógica no puede retener con(s)ciencia y, por lo tanto, un modelo no puede describir una realidad si no nace de ella. La construcción cuantitativa debe iniciar con una base con(s)ciente. Sin estos cimientos, los modelos económicos modernos se destruyen de forma inductiva, los derriban las miles de caras e historias, los sentimientos y la infinita complejidad del ser humano.

La ciencia económica no puede seguir construyéndose sobre verdades auto-reveladas. Necesitamos recuperar el estudio del ser humano, reemplazar los axiomas por la realidad de las personas y crear un conocimiento consciente sobre las dinámicas sociales de la riqueza. Empecemos por una visita a la realidad, a Apizaco, o a casa de Mariana.

 

Erik Ortiz Covarrubias
Economista por el Tecnológico de Monterrey. Investigador en el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, A. C.

Jorge Mora-Rivera
Doctor en Economía por El Colegio de México. Profesor-investigador del Departamento de Economía del Tecnológico de Monterrey. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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Publicado en: Economía, Sociedad