La tecnología es un aspecto inseparable de nuestras vidas. En su interacción con las personas, y en los usos que éstas le dan, nuestras sociedades toman forma y nuestras economías adoptan diferentes maneras de producir y de consumir. Para parafrasear las conclusiones del clásico trabajo de Lynn White sobre la adopción del estribo en el medioevo: La tecnología abre puertas que podemos o no cruzar; las aplicaciones y el potencial de una tecnología depende de las condiciones de la sociedad, de la imaginación de las personas y del entorno donde la tecnología ha de realizar su potencial.1 En pocas palabras, la tecnología nunca es sólo un invento: es lo que las personas hacen con ella.

Ilustración: Adrián Pérez
Ésta es una de las principales premisas de Electrifying Mexico Technology and the Transformation of a Modern City de la historiadora Diana Montaño. El libro aborda la historia de la electrificación de la Ciudad de México —y en cierta medida del resto del país— desde la llegada de la electricidad en 1879 hasta la nacionalización de la industria eléctrica en 1960. No obstante, lo que hace sumamente interesante al libro no es simplemente la historia del surgimiento de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o del sindicato de trabajadores de la electricidad, ambos de gran importancia; sino más bien que se trata de una historia de la tecnología vista desde la óptica de las personas: desde los usuarios de nuevos medios de transporte como los trolebuses hasta la llegada de la “luz” a los hogares. Montaño hace un recuento de cómo la electrificación de la vida cotidiana es en partes iguales una historia del gobierno, de los negocios y de millones de agentes —amas de casa, peatones, trabajadores— que hicieron de la electricidad parte integral de su vida.
Para darnos una idea de cómo la electricidad cambió la vida cotidiana en la Ciudad de México, Montaño acuña un concepto, el “paisaje eléctrico” (electricscape en inglés), que hace referencia a la combinación de un paisaje cambiante por la electrificación tanto en un nivel físico —con luces en la noche, vehiculos, maquinarias, electrodomésticos— como en uno simbólico —la electricidad como símbolo de progreso y modernidad y con ello, inevitablemente, como instrumento político—.
El trabajo de Montaño en la reconstrucción de este paisaje eléctrico es sumamente detallado. Sus fuentes son diversas: desde documentos de empresas y gobiernos hasta archivos del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) e incluso caricaturas y anuncios. Los seis capítulos del libro cumplen la función de introducirnos al proceso de electrificación desde la vivencia de las personas en distintos periodos, pero tres de éstos momentos son especialmente sugerentes para sentir el cambio en el paisaje eléctrico y para entender cómo la vida de las personas se volvía significativamente diferente a la de los habitantes de la urbe en otros tiempos. Estos capítulos son los número 3, 4 y 5. En ellos, la autora aborda la electrificación desde los accidentes, muertes y lesiones que resultaron de la introducción de nuevos medios de transporte como los trolebuses, y cómo, con ello, se distribuía la culpa de los percances en la sociedad. En otro apartado, el libro adopta una perspectiva desde el crimen para considerar a los ladrones de luz —incluidas grandes empresas que buscaban exceder el consumo de sus contratos y pequeños hogares descubriendo las aplicaciones de un “diablito”— y así detallar un contexto donde la generación de electricidad era controlada por una estructura oligopólica que ayudaba a mantener las tarifas elevadas. Asimismo, el libro analiza cómo la electricidad cambió las labores domésticas con la introducción de los electrodomésticos y su estrecha relación con los productos culturales que buscaban definir el rol de las mujeres en sus hogares y en la sociedad, como fueron los recetarios.
El resultado de esta narrativa es una poderosa imagen en la que podemos descubrir cómo eran los usuarios del nuevo transporte masivo, las formas en que los peatones se adaptaron a su presencia en las calles, la operación de ladrones que instalaban diablitos y con ello llevaban la electricidad a lugares donde (por lo costos de su tiempo) de otra suerte nunca hubiera llegado y el uso en hogares de instrumentos nuevos que le dieron forma a una tecnología de propósito general. Son todos estos agentes los que, en su conjunto, produjeron cambios legales, innovaciones y adaptaciones a la tecnología para dar forma a la narrativa de la modernización, misma que siempre está presente en este libro, desde Porfirio Díaz hasta Adolfo López Mateos.
Si bien Electrifying Mexico es en sus capítulos centrales una historia que parte del usuario, es también en su principio y en su final una historia de gobiernos que buscaron hacer de la electricidad un instrumento de desarrollo económico. La llegada de la electricidad y su promoción en la época porfiriana, así como en pleno nacionalismo revolucionario, siempre estuvo entrelazada con los planes de impulso a las grandes industrias y al consumo de los hogares. A finales del siglo XIX y mediados del XX existe una historia de tensiones entre quienes generan esa electricidad y los trabajadores que hacen posible que sea una fuente confiable de energía, habilitadora de otras tecnologías. Un ejemplo de esto es el activismo político y la relación entre el sindicato de electricistas y el gobierno de López Mateos, así como el uso de símbolos como la imagen de Lázaro Cárdenas y la expropiación petrolera.
En este último aspecto, lo que apunta el libro sobre la relación entre el Estado mexicano y la electrificación es de la máxima relevancia por su vigencia en debates contemporáneos. Hoy en México tenemos grandes discusiones sobre la generación de energía eléctrica, sobre quién debe generarla, quién debe encontrarla y, por necesidad, cómo será consumida. Esos debates no son nuevos: han estado presentes desde que la electricidad llegó al país. Es un asunto tecnológico, sobre lo que es físicamente posible con la tecnología existente y sus costos económicos, pero se trata también de un problema eminentemente político, pues somos los usuarios los que en la vida diaria le damos forma.
La lección que nos deja el trabajo de Diana Montaño es que la electricidad y sus usos siempre han sido materia de tensiones, como toda gran tecnología que cambia de forma drástica nuestros espacios y la forma en que nos desenvolvemos en ellos. Montaño también demuestra —aunque quizá o con menos persistencia— que los gobiernos en la historia de México siempre han tratado de apoderarse de la electricidad como una bandera, como un símbolo del progreso social y de esperanza hacia el futuro. En estas épocas donde la energía eléctrica está nuevamente en el centro de nuestros debates y en que nuestra vida diaria está más electrificada que nunca, Electrifying Mexico es una lectura indispensable para entender nuestro pasado y pensar con mayor claridad las posibilidades de nuestro futuro.
• Diana J. Montaño, Electrifying Mexico: Technology and the Transformation of a Modern City, University of Texas Press, 2022, 390 pp.
Diego Castañeda
Economista por la University of London e historiador económico por la Universidad de Lund
1 White Jr., L. Medieval Technology and Social Change. Oxford University Press, 1964.
