La escuela del fraude y el ponziverso: estafas piramidales en pleno siglo XXI

Supe de la inversión a través de una empresa de coaching con la que tomé varios cursos. Entonces confiaba en aquellas personas y nos invitaron a participar en una casa de empeño. Después de casi dos años de recibir excelentes rendimientos, retiré mi dinero, pero mi mamá continuó y lo perdió todo. Cuando quisimos reclamar, la casa de empeños y la empresa de coaching habían desaparecido, pero hace poco volví a saber de ellos. Ahora andan en las criptomonedas.
—Entrevistado anónimo, abril 2022.

¿Pagar 2300 dólares por trabajar? Eso fue lo que la persona al otro lado de la pantalla me propuso para colaborar como mentora en su marketplace para emprendedores, “el mejor, el más grande, el más efectivo, el más todo del mundo”. Me explicó que la inversión era necesaria para garantizar tanto el compromiso de los mentores como de los emprendedores; lo hizo en un tono condescendiente, como quien explica a un niño por qué es pertinente patear a los perritos. Argumenté que para garantizar ese compromiso se firman contratos y que el estar dispuesta a invertir mi capital enciclopédico y mi tiempo ya eran inversiones suficientes que implican un riesgo. El interlocutor me respondió con una retahíla de palabras que encendieron mis alarmas: ágil, disruptivo, startup, disruptivo, grandes beneficios, bajo riesgo, disruptivo. Todo en el mismo enunciado, ¿dije disruptivo?

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

Todo comenzó en los veinte

El esquema Ponzi le debe su nombre al estafador italiano Carlo Ponzi, quien a principios del siglo pasado viajó a Estados Unidos para hacerla en grande y ¡vaya que lo logró! A costa de otras personas. El mecanismo que ya se practicaba, pero que él llevó a su máxima expresión, consiste en un tipo de fraude donde los inversionistas iniciales reciben ganancias de sus homólogos que se incorporan a posteriori; al ser insostenible, el proceso dura hasta que los inversionistas dejan de incorporarse, haciendo imposible que el esquema se siga financiando.

Tamar Frankel lo explica de la siguiente manera:

El estafador ofrece a los inversores oportunidades que conllevan un rendimiento extraordinario y prometen ningún riesgo o un riesgo bajo. Se presume que los beneficios se derivan de algún negocio, producto o acuerdo financiero. Sin embargo, no hay ningún negocio, producto o acuerdo financiero. El dinero para pagar los beneficios de los inversores y, a veces, las propias inversiones se obtienen de nuevos inversores a los que se les hacen promesas similares.1

Ponzi institucionalizó su modelo con la fundación en la década de los veinte de la Security Exchanges Company, que pretendía hacer negocios con estampillas de correo. Aunque tenía un gran carisma y don de gentes, Carlo era medio chambón para las cuentas y ofrecía beneficios por encima del mercado sin que las transacciones reales generasen suficientes utilidades. Para encarar el problema, pagó los intereses de los inversionistas nuevos con el dinero de los inversionistas más antiguos hasta que explotó la bomba y lo demás es historia. Después de pasar varias veces por la cárcel y salvarse de ser linchado por sus víctimas, Ponzi murió en la pobreza y a la fecha es reconocido como el creador del popular esquema.

Escuela del fraude

Año con año, los mejores aprendices de Ponzi defraudan a personas de todos los estratos sociales y capacidades intelectuales alrededor del mundo, si bien los ciudadanos estadunidenses de edad avanzada parecen ser las víctimas más frecuentes de acuerdo con Deason, Rajgopal y Waymire. En cualquier caso, no deje de preocuparse si se encuentra en un país distinto o goza de juventud: una búsqueda rápida de flores y telares de la abundancia en Facebook arroja alarmantes datos en relación con muy diversos perfiles de incautos.

En ocasiones, el mecanismo de estafa es tan obvio que la víctima se dice a sí misma “no puede ser”, haciéndola proclive a ser llevada al baile, como ocurrió con los clientes de Bernie Madoff a principios de este milenio. Durante años, la firma estadounidense Bernard L. Madoff Investment Securities LLC ofreció y pagó réditos por encima del mercado; su fundador tenía una extraordinaria reputación como genio de las inversiones, lo cual facilitó la internacionalización de su negocio (fraude), superior a los 60 000 millones de dólares. Al igual que su antecesor, Madoff argumentó que tenía la intención de realizar negocios de manera legítima, si bien las decisiones que tomó resultaron justo al revés de sus buenos deseos. Esta historia puede conocerse en la película The Wizard of Lies, dirigida por Barry Levinson.

Entre los fraudes de Ponzi y Madoff transcurrió casi un siglo, a lo largo del cual el teje-maneje ha proliferado. Madoff murió en la cárcel en 2021, pero su herencia pervive.

Ponziversos

Sohale Andrus Mortazavi es uno de los diversos autores que consideran que las criptomonedas responden a un esquema Ponzi, afirmación que no carece de detractores. Lo mismo afirma Evan Armstrong al respecto de los NFTs (tokens no fungibles, por sus siglas en inglés), enfatizando en los siguientes rasgos que este vibrante mercado comparte con los esquemas multinivel:

1. Reclutamiento de nuevos creyentes mediante fórmulas de discurso abigarradas

2. Ofrecimiento no sólo de productos, sino de un capital social único y exclusivo

3. Noción de éxito compartida por toda una comunidad

Los expertos en NFT quizá tendrán sobradas razones para argumentar que existen diferencias sustantivas entre los timbres postales de la Security Exchanges Company y el Bored Ape Yacht Club, pero no sobra plantearse la interrogante y examinar cuidadosamente los términos del negocio que le proponen.

Las evidencias apuntan a que esta forma de fraude sí se ha presentado en ciertas transacciones con criptomonedas, así que en toda forma podemos concluir que donde quiera se cuecen habas.

El binomio estafador-víctima

La lección más importante que podemos aprender del esquema Ponzi es que esta forma de estafa requiere de ecosistemas. Lo mismo entre vecinos que entre inversionistas de criptodivisas, el fraude puede ocurrir si hay un entorno que abrigue a los delincuentes y si hay personas que desoigan las señales de aviso y anhelen beneficios inmediatos de manera fácil. Realizada la estafa, las víctimas suelen sentirse culpables y es factible que no denuncien para evitar el escarnio público, contribuyendo a perpetuar el problema.

Además de la culpa, Jacobs y Shain aluden al fraude por afinidad; esto es, basado en las semejanzas de los grupos de interés. No en balde las flores de la abundancia suelen organizarse entre amigos y conocidos, siendo la confianza una de las materias primas que hacen posible la estafa.

Estos mismos autores encuentran en la disonancia cognitiva una posible explicación a la persistencia de estas fregaderas, ya que muchas de las personas que incurren en dichos crímenes se convencen de que en el fondo son buenas (tanto Ponzi como Madoff en su momento declararon que pretendían realizar negocios lícitos y restaurar el daño a las víctimas, aunque nunca lo hicieron), de tal suerte que no se ven en la necesidad de modificar su conducta.

Ponzi Tracker es un blog que documenta casos desde 2012: un vistazo rápido es suficiente para provocar mareos. La cosa no tiene para cuándo mejorar, por lo que alguien tiene que romper el binomio estafador/estafado… porque dudo que los émulos de Carlo Ponzi vayan a tomar la iniciativa. Ante esta situación, sugiero el uso de la fórmula discursiva sugerida por Elizabeth Hills en el Manual de la perfecta cabrona, misma que apliqué para concluir la conversación con mi interlocutor: “Yo creo que no”.

 

Karla Paniagua
Coordinadora de estudios de futuros en CENTRO


1 Ponzi Scheme Puzzle: A History and Analysis of con Artists and Victims, Oxford University Press, 2012, p. 4. Traducción de la autora.

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Publicado en: Sociedad