La rentabilidad de las prisiones en los Estados Unidos: el negocio detrás de la brutalidad policial

say it with your whole black mouth: i am innocent.
& if you are not innocent say this: i am worthy
—Danez Smith (2020)

El 25 de mayo de 2020, en el vecindario de Powderhorn, localizado en la ciudad de Minneapolis en los Estados Unidos, cuatro policías arrestaron violentamente a George Floyd. Durante ocho minutos y cuarenta y seis segundos el oficial de policía Derek Chauvin mantuvo a George en el pavimento, poniendo su rodilla sobre el cuello del sujeto arrestado. A pesar de las súplicas de George, Derek Chauvin continuó asfixiándolo hasta que inevitablemente lo asesinó. Gracias a la valentía de varios testigos que presenciaron el acto y decidieron grabar lo ocurrido, un video sobre la situación se viralizó en las redes sociales creando una oleada de indignación no sólo en los ciudadanos estadunidenses sino en personas de todo el mundo.

No pasó mucho tiempo para que norteamericanos salieran a las calles a manifestarse de forma pacífica. Sin embargo, pocos días después las manifestaciones estuvieron acompañadas de actos vandálicos que incluyeron el saqueo de algunas tiendas y restaurantes. Si bien es una pena que estos sucesos ocurrieran, la brutalidad policial contra los afrodescendientes en los Estados Unidos es aún más grave.

En este sentido, la respuesta de la policía, comandada por el presidente Donald Trump, ha sido reprimir las manifestaciones, tanto pacíficas como vandálicas, mediante el uso de gases lacrimógenos y el disparo de balas de goma que han ocasionado graves heridas a personas inocentes que sólo buscan defender una causa.

Las manifestaciones estuvieron encabezadas por el movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan), que surgió en 2013 como respuesta al asesinato de Trayvon Martin, un adolescente afroamericano de diecisiete años. Desde entonces, Black Lives Matter se ha pronunciado públicamente en contra de la violencia y el racismo hacia los negros, así como organizado y participado en protestas al respecto. Es importante aclarar, para aquellos lectores que inconscientemente carguen consigo la ideología del privilegio blanco, que el término Black Lives Matter no sugiere que la vida de los afrodescendientes valga más que la vida del resto de las personas, sino que el valor de las vidas negras ha sido devaluado y menospreciado a lo largo de la historia tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo.

El caso de George Floyd se suma a la numerosa lista de hombres negros desarmados que son asesinados por la policía estadunidense. En un texto reciente, Vitale (2017) menciona que los adolescentes afroamericanos son veinte veces más susceptibles a ser asesinados por la policía que los adolescentes blancos. No sólo eso, el autor además menciona que la comunidad latina también es víctima del perfil racial aplicado por la policía para arrestar individuos.

De acuerdo con Correia y Wall (2018), el perfil racial es el método basado en el color de piel que utilizan los policías para elegir a que individuos detener, revisar y potencialmente arrestar. Es una práctica racista y sumamente injusta, dado que la selección de los individuos que son detenidos está determinada por su color de piel y su nacionalidad, en lugar de sospechas o evidencia de actividad criminal. Los negros y latinos son el principal objetivo de las fuerzas policiales, por lo que constantemente son detenidos para recibir multas de tránsito o ser revisados con el fin de encontrar alguna evidencia para arrestarlos (Vitale, 2017).

Ilustración: José María Martínez

La práctica del perfil racial ha incrementado el número de arrestos y encarcelamientos de negros y latinos en los Estados Unidos, mismo que está estrechamente relacionado con la rentabilidad de las prisiones americanas. Es tiempos recientes, la creación de nuevas prisiones privadas en los Estados Unidos ha resultado un negocio altamente rentable. Este modelo de negocio trae consigo la creación de empleos en el corto (construcción) y el largo (staff, guardias, etc.) plazo, lo cual influye positivamente en la economía. Sin embargo, como toda industria, exige su propia demanda, lo que ha ocasionado intensas prácticas de vigilancia en las localidades con mayor proporción de negros y latinos, dado que son consideradas zonas de altos encarcelamientos (Clear, 2010).

Si bien la población de Estados Unidos representa únicamente el 5% de la población mundial, se estima que el país cuenta con el 25% del total de presos en el mundo (Walmsley, 2016). Tan solo en las prisiones privadas se registraron 126,272 reclusos en 2015, que representan apenas el 8% de los presos en los Estados Unidos. No obstante, las ganancias de la industria de prisiones privadas llegaron a 5 billones de dólares durante el mismo año (Mamun et al., 2020).

Por otra parte, la concentración de esta industria es impresionante, dado que sólo tres firmas retienen al 96% de los reclusos en prisiones privadas. Dichas corporaciones son CoreCivic, GEO Group y Managing and Training Corp, cuyos contratos cuentan con la garantía de que sus prisiones estarán llenas mínimo al 80% de su capacidad (Mamun et al. 2020), lo cual probablemente ha incitado a la policía a incrementar el número de arrestos de posibles reclusos, para evitar que el gobierno pague por el uso de celdas vacías.

Dadas estas condiciones, es claro que el acoso a los negros y los latinos por parte de la policía estadunidense busca beneficiar al capital público y privado. La reciente ola de encarcelamientos sostiene un nocivo modelo de negocios de creación de empleos y garantiza la rentabilidad de las corporaciones privadas mediante la práctica del perfil racial para incrementar el número de presos.

Sin embargo, la agresividad con la que se realizan las detenciones de negros y latinos es tal que muchas veces los individuos no llegan a ser encarcelados porque son asesinados por los policías durante al arresto. Además, la brutalidad policial también está presente en otros países del mundo. Tal es el caso de Giovanni López, un trabajador mexicano de la industria de la construcción que fue asesinado por un grupo de policías por no usar cubrebocas en el estado de Jalisco.

 

Giovanni Villavicencio
Economista por la UNAM.

Referencias
Clear, Todd R. “The prison industry and the marketplace”. Dialectical Anthropology 34, n.o 4 (2010): 585-87.
Correia, David, y Tyler Wall. Police: a field guide. London ; Brooklyn, NY: Verso, 2018.
Mamun, Saleh, Xiaoxue Li, Brady P. Horn, y Janie M. Chermak. “Private vs. public prisons? A dynamic analysis of the long-term tradeoffs between cost-efficiency and recidivism in the US prison system”. Applied Economics 0, n.o 0 (11 de marzo de 2020): 1-13.
Smith, Danez. Homie: poems. Minneapolis, MN: Graywolf Press, 2020.
Vitale, Alex S. The end of policing. London ; New York: Verso, 2017.
Walmsley, Roy. World Prison Population List. 11th ed. Institute for Criminal Policy Research, 2016.

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Publicado en: Sociedad

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