La pandemia generada por covid-19 dio inicio hace poco más de un año y trajo consigo retos y complicaciones de manera individual y colectiva. Desde entonces, hemos aprendido a convivir con el aislamiento, las medidas de seguridad, el miedo constante a la enfermedad, entre otras. Hemos luchado por mantener en forma las actividades cotidianas mientras nos preparamos para las nuevas normalidades.
Con el inicio de estos tiempos, llegaron aires de esperanza en cuestiones de género, cuidados, colectividad, entre otros. Sin embargo, hemos luchado día a día por adaptarnos a los nuevos porvenires, aprendiendo de lo desconocido y diversificando nuestras habilidades. No obstante, esta lucha y supervivencia ocurre en un ambiente de tiempos difusos, con asignación de cargas desequilibradas a actores que sostienen la economía tras bambalinas como las madres de familia.
En 2019, el trabajo no remunerado de los hogares representaba una participación del 22.8 % respecto al PIB nacional; especialmente, en tareas de cuidado, limpieza y alimentación.1 En los últimos años, estas cifras han presentado tendencias positivas, mismas que por la reciente crisis pueden estar acentuándose.

Ilustración: Kathia Recio
Las labores de cuidado han sido, desde siempre, asignadas en su mayoría al género femenino. La estructura patriarcal de división de tareas ha fomentado los estereotipos de género al respecto. En 2020, las mujeres presentaban una tasa de participación del 95.95 % en el trabajo no remunerado, mientras que la de los hombres fue de 67.51 %.2
En términos de tiempo, en 2019 las mujeres dedicaban, en promedio, 30.8 horas a la semana a trabajo doméstico no remunerado para el propio hogar y 12.3 horas a trabajo de cuidados.3 Aunque los niveles para ambos géneros han incrementado en los últimos años, la asignación de estas tareas continúa siendo desigual.
Ahora bien, las cifras previas al inicio de la pandemia muestran un panorama con una brecha de género enorme en cuestiones de labores del hogar y de cuidado. Hace un año, se tenía esperanza de que, a raíz del aislamiento social y la migración hacia trabajo vía remota, esta brecha disminuiría. Sin embargo, la realidad deja mucho que desear.
El covid-19 ha trastornado nuestras vidas en muchos aspectos y ha dejado secuelas en múltiples niveles. En principio, tememos a diario por nuestra salud y la crisis financiera que se vive en muchos hogares. Asimismo, los niveles de violencia hacia la mujer incrementaron significativamente, demostrando que nuestra casa no siempre es un espacio seguro. Sólo en abril de 2020 se recibieron 21 722 llamadas al 911 relacionadas con violencia contra la mujer, lo que significa un incremento de 42 % respecto a abril de 2019.
Junto con esto, la pandemia nos forzó a adaptar lo que conocíamos a las nuevas posibilidades. El tiempo nos demostró, poco a poco, que esto duraría más de lo que esperábamos; así que nuestros hogares se volvieron oficinas, escuelas, gimnasios, entre otros, incrementando, por tanto, las labores de cuidado y tareas del hogar.
En general, dejamos de distinguir los inicios y finales de las jornadas de trabajo. Pero debemos reconocer que las madres y padres de familia son quienes se enfrentaron a un reto gigantesco y se llevaron algunos de los estragos más grandes. Las mamás dedicadas al hogar —aunque nunca fueron sólo mamás— se convirtieron en maestras de todos los niveles sin importar su nivel de escolaridad, aprendieron idiomas sólo para ayudar a sus hijos, se volvieron mediadoras de las emociones de todos en el hogar y adquirieron tareas de cuidado con mayor demanda emocional, además de las tareas de limpieza y alimentación de las que ya se encargaban.
Aquellas mujeres que contaban o cuentan con un empleo formal dejaron de distinguir entre su jornada de trabajo remunerado y la jornada no remunerada, pues las horas que dedicaban a las labores del hogar después de llegar de su empleo se intersectan ahora en periodos ajetreados y difusos. Y qué decir de las madres solteras que se apoyaban en guarderías, escuelas, entre otros, y que, con el cierre de estos espacios por el aislamiento social, se enfrentaron a conflictos mayores y pusieron en riesgo su salud por la necesidad de trabajar o perdieron su empleo por la misma situación.
Todas las madres de familia hicieron malabares con lo que tenían y podían sin recibir una recompensa económica. Y, aunque todo suena a un sacrificio lleno de amor y cariño, es imprescindible nunca olvidar que el trabajo de cuidado, alimentación y limpieza es un trabajo, y debe recibir una remuneración económica como el resto de los empleos.
Hoy en día sabemos que las brechas no se han cerrado, que las tareas no han disminuido y que la pandemia tiene efectos desiguales en muchos aspectos, incluyendo las tareas del hogar. Todo esto hace más grandes las diferencias sociales que ponen en desventaja al género femenino y asigna a las mujeres cargas de trabajo más grandes que en años previos. Además, plantea un panorama complicado junto con la falta de acceso a un sistema de salud, la desigualdad salarial, entre otros.
A un año de la pandemia sabemos que nuestras esperanzas han fallado y que seguimos siendo cómplices de la reproducción de estereotipos y micromachismos en nuestros hogares. El promedio de horas dedicadas a estas labores ha incrementado y las secuelas de esto seguirán estando presentes por mucho tiempo. Es importante continuar con los esfuerzos por la erradicación de las brechas de género, los incrementos en las tasas de participación femenina, la distribución equitativa de tareas y todo aquello que continúe perpetuando esta situación. Porque, aunque cada vez el final de la pandemia se ve más cercano, la crisis en materia de género parece no tener final.
Claudia J. Barranco
Economista por El Colegio de México
Referencias
EQUIS, Red Nacional de Refugios AC e Intersecta. Las dos pandemias: violencia contra las mujeres en México en el contexto de covid-19. México, 2020.
Inegi. PIB y cuentas nacionales: Trabajo no remunerado de los hogares, México, 2020.
Inegi e Inmujeres. Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019, México, 2019.
Inmujeres. Estadísticas e Indicadores, México, 2020.
1 Inegi. PIB y cuentas nacionales: Trabajo no remunerado de los hogares, México, 2020.
2 Inmujeres. Estadísticas e Indicadores, México, 2020.
3 Inegi e Inmujeres. Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019, México, 2019.