Lo que los mexicanos piensan saber sobre desigualdad y movilidad social

En un artículo de próxima aparición en el volumen 151 de World Development, en colaboración con Raymundo M. Campos-Vazquez, Aurora A. Ramírez-Álvarez, Rodolfo de la Torre y Roberto Velez-Grajales, hallamos que entre los mexicanos hay un consenso de que la desigualdad del país es demasiado alta: más del 70 % desearía una distribución más igualitaria.1 Eso nos dicen hombres y mujeres de diferentes niveles socioeconómicos y educativos en todas las regiones del país en respuesta a nuestra encuesta sobre percepciones de la desigualdad y movilidad social.

Ilustración: Patricio Betteo

Aún así, también concuerdan en un imaginario social donde México provee oportunidades para la mayoría de la gente que busca aprovecharlas. Si bien alrededor de la mitad de aquellos que nacen en situación de pobreza o riqueza se quedarían en condiciones similares a lo largo de su vida, según los mexicanos más de una tercera parte de los que nacen en el 20 % más pobre del país logran mejorar sus condiciones de tal manera que terminarían en el 20 % más rico eventualmente. Del mismo modo, casi un tercio de los afortunados por haber nacido en condiciones económicamente favorables descenderían a una posición de pobreza.

A los mexicanos promedio, esa situación les parece altamente injusta: al preguntarles cuál sería la movilidad social que desearían, indican que preferirían que dos terceras partes de los nacidos ricos puedan quedarse en tales condiciones, pero también que el 70 % de aquellos provenientes del quintil más pobre y 66 % del tercer quintil también llegaran al 20 % más rico. ¿Qué nos dicen estos resultados?

Primero, es imposible matemáticamente ubicar a casi toda la población dentro de una quinta parte de ella. Esto no quiere decir que los mexicanos no piensen lógicamente, sino que los conceptos que se usan comúnmente para medir la movilidad social entre expertos no coinciden con las percepciones del ciudadano de a pie. Cuando la mayoría de los mexicanos piensa en el concepto de movilidad social, les preocupa más una movilidad absoluta (que todos mejoren su situación) que relativa (si algunos suben, otros tienen que bajar), incluso cuando, para ubicarse a sí mismos en la jerarquía social, se sirven de su posición relativa.

Segundo, podemos establecer que los mexicanos observan que no todos estamos mejorando y que esta situación les disgusta. Desearían una situación mucho más igualitaria en términos de oportunidades para todos, sobre todo considerando la alta desigualdad distributiva en el país.

Tercero, los números reales son peores que lo que imaginan los encuestados. Como han mostrado otros estudios una y otra vez, la movilidad social de largo alcance en México, tanto ascendente como descendente, es casi nula. De cien mexicanos nacidos en la pobreza, menos de tres logran llegar al 20 % más rico (no estamos hablando del 1 % o de la élite económica), mientras que escasos dos de cien nacidos en comodidad económica descenderán al quintil más pobre. Podemos constatar, entonces, que los mexicanos en promedio tienen una imagen demasiado optimista de su futuro económico.

Recordando que a nuestros encuestados les parece injusta la situación que perciben de inicio —situación que, de nuevo, es mucho mejor que la realidad— sería de esperarse que muchos de ellos darían lo que fuera (o por lo menos algo significativo) para cambiar esta situación. Sin embargo, no es así. Como se puede leer con más detalle en el estudio completo Perceptions of inequality and social mobility in Mexico, ni aquellos a quienes informamos sobre las dimensiones reales del estancamiento social ni el resto que se quedó con sus impresiones originales se vieron dispuestos a hacer un sacrificio substancial para cambiar esta situación que consideran tan lamentable.

En promedio, los mexicanos dicen estar dispuestos a contribuir un 12 % de un ingreso hipotético adicional para que desaparecieran por completo la desigualdad y la pobreza. Esto no sólo es muy poco en comparación con otros países; también los dejaría lejísimos de la sociedad en la cual dicen querer vivir. Además, los mexicanos en situación económica más favorable —que les permitiría contribuir más— de hecho están dispuestos a sacrificar aún menos que aquellos más pobres: darían apenas la mitad (7.5 % comparado con el 15 % de los grupos más pobres). Para algunos la justicia social vale más que para otros, sea por razones personales, éticas o instrumentales.

El mayor peso que las personas más pobres le dan a la desigualdad comparado con las más ricas también se ve reflejado en las demandas redistributivas. Si bien en general los mexicanos de todos los niveles económicos sobreestiman lo que actualmente pagan en impuestos, al mismo tiempo que subestiman lo que deberían pagar para llegar a su sociedad soñada, también aquí observamos diferencias de preferencias por progresividad. Para empezar, todos los mexicanos proponen una tasa impositiva positiva para las personas de bajos recursos que es más alta de la que pagan actualmente (14 % versus 8 %). No obstante lo anterior, los mexicanos de pocos recursos preferirían una estructura impositiva mucho más progresiva (es decir, donde los ricos pagan más también en términos relativos) al proponer una tasa marginal de casi 50 % para los grupos más ricos, comparado con el 32 % preferido por estos últimos—por cierto, un nivel por debajo de su tasa nominal actual, pero acercándose a la efectiva.

Vemos, entonces, que las percepciones no siempre coinciden con la realidad. Pero condicionan nuestras posiciones políticas y preferencias redistribuidas. Por ejemplo, si bien sabíamos que las personas pueden percibir niveles más altos o bajos de desigualdad según su posición socioeconómica, este estudio nos mostró que también perciben diferentes formas de desigualdad: mientras que los mexicanos más pobres describen una sociedad muy polarizada donde una gran mayoría de personas en situación de pobreza se enfrentan a 30 % de ricos, las personas de niveles económicos más altos perciben una distribución más gradual de la riqueza entre las personas. Al mismo tiempo, los conceptos de pobreza y riqueza dependen de nuestras condiciones personales: personas más pobres consideran que se necesita menos dinero para ser pobre y para ser rico; para personas más ricas la riqueza y la pobreza son más caras: proponen umbrales más altos para ambos conceptos (para los pobres, la pobreza termina en 2300 pesos mensuales y la riqueza empieza en 34 000, mientras que para los ricos la pobreza termina en 3000 pesos y la riqueza empieza apenas por encima de los 45 000).

Estas percepciones diferenciadas surgen porque vivimos en mundos diferentes, para cuyos problemas buscamos soluciones diversas, desde nuestras respectivas trincheras. Las personas más ricas tienden a percibir la sociedad como más justa en términos de su posición social, por lo que demandan menos redistribución.2 Adicionalmente pueden percibir al sistema redistributivo existente como injusto considerando que en cantidades absolutas pagan más, contribuyendo a la sensación de que los impuestos sean excesivamente altos para ellos. En realidad, la carga fiscal mexicana está muy por debajo de su propio potencial, y lejos de los niveles internacionales representativos, incluso dentro de la región.

Nunca vamos a tener todos las mismas percepciones de la “realidad”, porque siempre habrá diferencias personales y de entorno entre los humanos. Eso es deseable. Sin embargo, para acercar a la sociedad a nuestros ideales, donde todos tengan oportunidad de desarrollarse plenamente según sus capacidades, hace falta no sólo más información, sino también más interacción entre ricos y pobres para comprender los mundos de los demás.

 

Alice Krozer
Doctora en Estudios de Desarrollo por la Universidad de Cambridge y profesora-investigadora del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.

La investigación detrás de este texto fue realizada con apoyo financiero de la Unión Europea, por vía de la Agencia Francesa de Desarrollo.

Referencias

Dawtry, R. J., y otros. “Why Wealthier People Think People Are Wealthier, and Why It Matters: From Social Sampling to Attitudes to Redistribution”, Psychological Science, 26(9), pp. 1389-1400, 2015.

Fernández-Albertos, J., y Kuo, A. “Income Perception, Information, and Progressive Taxation: Evidence from a Survey Experiment”, Political Science Research and Methods, 6(1), pp. 83-110, 2018.

Karadja, M., y otros. “Richer (and Holier) than Thou? The Effect of Relative Income Improvements on Demand for Redistribution”, Review of Economics and Statistics, 99(2), pp. 201–212, 2017.

OCDE. “Global Revenue Statistics Database”, 2020.


1 Estos datos fueron recopilados antes de la pandemia de covid-19 por lo que podemos imaginar que hayan subido más en los últimos dos años.

2 De hecho, es suficiente creerse más rico para ver afectadas sus preferencias redistributivas, lo cual se conecta con una sobreestimación de la movilidad social (véase también Fernández-Albertos and Kuo 2018; Karadja, Mollerstrom, and Seim 2017; Dawtry, Sutton, and Sibley 2015).

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Publicado en: Economía