¿Alguna vez te has preguntado cómo se hace el dispositivo en el que estás leyendo esto? Te voy a contar un poco al respecto. El producto de marca extranjera que tienes en las manos probablemente conoce más países que tú y yo juntos. Esto se debe principalmente a que la idea surgió en Corea del Sur o Estados Unidos, pero las piezas se hacen en China o Singapur, finalizando con el ensamblaje en Vietnam o India. Una vez ya listo el dispositivo se distribuye a través de todo el mundo para su venta, para que así puedas tú comprarlo y leer este artículo.

Ilustración: Ricardo Figueroa
A este fenómeno en economía se le conoce como las cadenas globales de valor (CGV). De manera más formal, autores como Gareffi y Fernandez-Stark las definen como el rango de actividades en la que las firmas y los trabajadores actúan para llevar a un producto de concepto a bien o servicio final. Éstas cadenas incluyen actividades como el diseño, producción, marketing, distribución y venta. En el contexto global participan una o varias empresas para realizar estas actividades y el valor agregado (VA) se producirá a través de redes, localizadas alrededor del mundo, que las unen.
Estas redes se empezaron a formar a mediados de la década de los setenta a partir de la globalización y el avance tecnológico, consolidándose a nivel mundial en los años noventa, a tal punto que para 2016 representaron más de 70 % del comercio internacional. En el caso de los países en desarrollo, particularmente en América Latina, la crisis de la deuda externa y la alta inflación impulsaron un cambio de paradigma entre un modelo concentrado en el mercado interno y la industria nacional promovida por el Estado, como lo fue el de sustitución de importaciones, a uno donde se apostó por abrir fronteras tanto productivas como comerciales, donde se le daba mayor importancia al mercado externo y se limitaba el papel del Estado en la economía.
Es en ese momento que a las economías latinoamericanas se les abre la posibilidad de participar en las CGV, aunque esto implicara seguir a una firma líder. La firma líder es una empresa transnacional que diversifica sus actividades alrededor del mundo y se caracteriza por su tipo de gobernanza, esto refiere al nivel de influencia que ésta tiene sobre las estaciones productivas en diferentes puntos geográficos. Esta incorporación supuestamente traería consigo oportunidades de aprendizaje, mayor acceso a la información, posibilidades de innovación tecnológica y adquisición de capacidades que lograrían consolidar estructuras más desarrolladas en estos países.
Sin embargo, es conveniente reflexionar acerca del impacto que han tenido las CGV en América Latina, una vez ya establecidas. Sandoval comenta que los países del Sur Global que han adoptado estos esquemas se han topado con empresas líderes caracterizadas por una forma de gobernanza donde las firmas seguidoras están subordinadas; en otras palabras, las empresas líderes son la autoridad máxima que dictaminan en qué parte de la cadena se va a participar y condicionan los beneficios que se van a obtener. Esto limita a los gobiernos a promover la industria de acuerdo con lo que dicte la firma transnacional, aunque vaya en contra de políticas para el crecimiento del país.
Por otro lado, en teoría los beneficios que se obtienen por participar en las CGV se verán reflejados en el valor agregado. Esto se debe principalmente a dos razones. La primera, debido a que al modificar los bienes y servicios necesarios para las cadenas, se requiere de trabajo y capital —es decir, empleo e infraestructura— que se proporciona una vez que se ingresa a los encadenamientos a través de inversión extranjera. La segunda es que al dar mayor valor a un producto transformándolo se pueden obtener ganancias en el intercambio, mismas que se verán reflejadas después en inversión para desarrollar tecnología y así mejorar la posición en la cadena, esto último también es conocido como upgrading.
No obstante lo anterior, el upgrading se pone a debate por tres fenómenos. Uno es la curva de la sonrisa, la cual nos dice que los puntos donde se produce mayor VA son las actividades intangibles y con mayor tecnología, como lo son el diseño del producto, la propiedad de las marcas y del capital productivo, todas ellas acaparadas por las firmas líderes, mientras la fabricación de actividades tangibles generan menor valor agregado, participando aquí la mayoría de los países latinoamericanos—por ejemplo, el ensamblaje. Asimismo, aunque las actividades que se hacen en América Latina corresponden a la parte baja de la cadena, las empresas extranjeras generalmente se llevan una parte importante del VA, ya que éstas traen consigo tecnología indispensable para el funcionamiento de la estación. El tercero es que si bien existe una entrada de capital extranjero, hay muchas barreras al aprendizaje, pues las empresas líderes protegen sus innovaciones y existen casos donde sólo a algunas empresas seguidoras se les da un poco de información para hacer eficiente su parte del proceso.

En la gráfica anterior se observa el total del valor agregado de productos manufactureros que se exportaron desde México en el periodo de 2010-2016, específicamente, según su procedencia. El resultado fue que el VA producido por empresas establecidas en territorio nacional tuvo un crecimiento de casi dos puntos porcentuales en este periodo, lo que indica que ha existido un incremento en el beneficio nacional; sin embargo, como se observa en la gráfica, el incremento entre años ha sido muy bajo e incluso con reducciones, como en los años de 2012 a 2013 o de 2014 a 2015. También se puede decir que existió una dependencia casi uno a uno en la producción con las empresas extranjeras; si bien se redujo, los beneficios se siguieron dividiendo casi a la mitad. En general, podemos decir que México se ha vuelto más eficiente en el papel de la cadena, mas no que haya ascendido dentro de ésta.
Por lo tanto, nos encontramos en un círculo vicioso: las empresas líderes a partir de las condiciones nacionales deciden dónde quieren que participe el país, limitando el papel dentro de la cadena, haciendo que, en caso de querer subir, tenga que desarrollar su propia tecnología. El Estado no puede ayudar, porque está atado de manos promoviendo políticas para que siga existiendo la inversión que cubra una política industrial nacional inexistente. Las ganancias difícilmente se invierten en estos países para desarrollar tecnología y la poca información que se les comparte es para hacer más eficiente su puesto ya establecido.
Las cadenas globales de valor no han resultado como un mecanismo para afrontar los problemas de los países latinoamericanos, en específico, de sus sistemas productivos. Esto no supone, de ninguna manera, que estructuras como México deban dejar de participar en esquemas internacionales, así que es importante buscar opciones que lleven a superar el círculo vicioso antes mencionado. Por lo tanto, se sugiere encontrar alternativas que lleven a la cooperación entre naciones que tengan características y objetivos similares, con esfuerzos enfocados en el aprendizaje, innovación y distribución tecnológica, así como incentivar nuevas vías productivas y comerciales, donde participe el Estado y se consiga un mejor desarrollo regional.
Javier Raphael-Carcer
Estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM
Referencias
Badillo Reguera, J. La resiliencia en los procesos de integración regional de América Latina: repensar el Mercosur a partir de la relación estratégica entre Argentina y Brasil (1985-2015, UNAM, Ciudad de México, 2021.
Gareffi, G., & Fernandez-Stark, K. Global Value Chain Analysis: A Primer. Center on Globalization Governance & Competitiveness, Durham, Carolina del Norte, 2011.
Medina Chamorro, F., y De la Peña Cárdenas, N. Las cadenas globales de valor de las manufacturas en México (2005-2015). Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 2 de diciembre de 2019.
Global Value Chains and trade. OCDE, 2021.
Sandoval, S. “Upgrading y Competencia: Reflexiones para firmas y países en desarrollo”. Economía UNAM, pp. 213-238, México, 2019.