“Las mujeres solas tienen infinidad de miedos
terrores francamente nocturnos
los sueños de tales mujeres son
terremotos catástrofes sociales”
—Yolanda Pantin, “Vitral de mujer sola”
Sobre el librero más cercano a la puerta dormitan dos bolsos, cada uno contiene un chaleco con múltiples cierres. En cada uno hay, entre otros objetos, un silbato, un filtro de agua, un poncho térmico, una radio solar, un vendaje estéril, dos botiquines, un USB con información personal y un Jungle Master JM-021 Full Tang de uso rudo. A un costado de los bolsos pueden identificarse también una lámpara LED, un megáfono y un extinguidor. “¿Pues qué pasó?”, me preguntó alguien cierta vez señalando esos objetos que no logran camuflarse con el resto de la decoración.

Ilustración: Patricio Betteo
La burra no era arisca
El movimiento preparacionista surgió como una respuesta a un gran “¿pues qué pasó?”; en la década de los treinta, y más fuertemente después de la Segunda Guerra Mundial, empezó a conformarse esta movilización de civiles decididos a tomar previsiones radicales en caso de nuevas calamidades.
Tengamos presente que, dejados a la intemperie sin parafernalia, los animales humanos podemos sobrevivir apenas tres horas sin cobijo, tres días sin agua, tres semanas sin comida y tres segundos sin esperanzas del futuro, regla de los treses que retomo de Frederick Woods en Prepping Survival Guide For When SHTF1 y Brian Foster en The Survival Triangle – An Introduction to Prepping and a Guide to Fire: The Prepper’s Survival Guide. Dicha regla fundamenta las prioridades del pensamiento prepper: garantizar el suministro de aire respirable, cobijo y ropa, así como el aprovisionamiento de agua potable y alimentos. ¿Cómo lo logran sus practicantes? Construyendo refugios blindados donde reúnen provisiones, acondicionando espacios habitables y reuniendo los conocimientos e insumos tecnológicos necesarios para sobrevivir (al menos por un tiempo) en caso de tsunamis, huracanes, terremotos, pandemias, revueltas sociales, guerras nucleares, ataques zombies, impactos de meteoritos o basura espacial, invasiones alienígenas, entre un gran repertorio de posibles hecatombes. “Prepararse para lo peor esperando lo mejor”, como los mismos preparacionistas suelen decir.
El enfoque prepper conlleva la adquisición no sólo de objetos (herramientas, despensa, armas, medicamentos), sino también el desarrollo de conocimientos para reparar electrodomésticos y maquinaria; filtrar agua; cultivar y conservar alimentos; blindar y adaptar vehículos; tratar heridas y enfermedades; construir refugios; habilitar sistemas de telecomunicación, entre una gran variedad de saberes. En diversas comunidades preparacionistas anidadas en Facebook es posible aprender a producir alimentos de manera autónoma, así como a instalar un sistema de filtración de agua de lluvia o desarmar y limpiar una escopeta.
Esperando al Kraken
Surgido en Estados Unidos y el Reino Unido, el llamado preparacionista ha sido escuchado de manera consistente en los últimos años por muchas personas alrededor del mundo, cobrando nuevo auge en la segunda década del milenio: evidencia de ello son la gran diversidad de publicaciones (libros, revistas, grupos en redes sociales, cuentas en Twitter, Instagram, TikTok, programas de televisión y podcasts) especializadas en el tema, los congresos y foros de especialistas, el incremento meteórico de la venta de “mercancía prepper” (lámparas, cuchillos de explorador, radios, baterías, botiquines, kits, etc.), al igual que el crecimiento exponencial del mercado de los bienes raíces.
Hoy por hoy es posible encontrar en venta o renta una gran variedad de propiedades con habitaciones del pánico, refugios bajo tierra e incluso grandes búnkers no para sobrevivir, sino para vivir bonito, con playa privada, vapor, gimnasio y cualquier otra comodidad que se le ocurra y su bolsillo pueda pagar.
El enclave más grande del mundo al escribir estas palabras se ubica en Rothenstein, Alemania. Forma parte de la red Vivos, empresa especializada en la construcción y comercialización de búnkers para el fin del mundo. Los espacios, de tamaños y atributos distintos, pueden incluir todas las amenidades esperables en un hotel de gran turismo y se permite el ingreso con mascotas. Para acceder a una membresía es preciso llenar un formulario y referir la experiencia profesional: los conocimientos pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte y, en lo que hace a la curaduría de su comunidad, Vivos no juega a los dados.
En 2017, Forbes, Insider y The New Yorker publicaron reportajes acerca de los preppers techies de Silicon Valley y sus andanzas, proporcionales al presupuesto y la ambición de los protagonistas. Por decir lo menos, John C. Malone y Jeff Bezos guardan más de dos chalecos sobre sus libreros. ¿De qué nos hablan estas decisiones?, ¿por qué alguien con tantísimo dinero necesita un búnker bajo tierra y un helicóptero listo para salir?, ¿cuál es la prisa?, ¿quién va a venir a cenar?, ¿el Kraken?
Las mangas del chaleco
No todo lo relativo al movimiento prepper sucede en Estados Unidos, Nueva Zelanda o Europa. En México, existen diversas agrupaciones preparacionistas y, al igual que sus pares en otros países, comparten información en materia de cultivo y almacenamiento de alimentos, construcción de refugios, blindaje de domicilios y vehículos, reparación de maquinaria, telecomunicaciones, mantenimiento de armas, atención de heridas, instalación de sistemas para energías alternativas, entre otros temas. En las semanas previas a la escritura de esta colaboración, he podido corroborar que la comunidad prepper en Méxicotiene claro que:
1. Algo terrible sucederá, aunque no sepamos cuándo.
2. Hay que prepararse para eso que sucederá.
3. La mejor manera de prepararse es tener conocimientos útiles y un machete.
La economista mexicana Gaelia Amezcua entendió esto cuando puso sus conocimientos en marcha para crear el First Minute Vest. Siguiendo la lógica de los precursores del movimiento prepper, a raíz del temblor de 2017 y temiendo por su seguridad y la de su familia, se preguntó “¿Cómo podemos estar mejor preparados la próxima vez para éste y otros posibles desastres?”
Gaelia no se quedó sentada a la espera de una respuesta, puso manos a la obra y, adaptando un chaleco de policía y uno de pescador, desarrolló y refinó varios prototipos hasta lograr el producto que hoy ha puesto en el mercado a través de su marca Gaelife. La inventora colaboró con un experto en emergencias para afinar los qués y los cómos de la prenda, que en algún momento estará disponible en una versión para niños y otra para mascotas.
Esta creación responde a los principios preparacionistas mencionados en la primera parte de esta historia. Incluye un silbato para pedir ayuda, un poncho para cobijarse del frío o protegerse del calor, un filtro para acceder a agua potable, entre otros artefactos. Destaca el hecho de que incluye dos botiquines, pues sus casos de uso consideran tanto el pedir como el proporcionar ayuda: la actitud dispuesta de la sociedad civil mexicana en caso de emergencias es un fenómeno bien conocido y es coincidente con el espíritu preparacionista. Para sobrevivir al peligro necesitamos conocimientos y redes solidarias.
Coeficiente de futuros
El día que esa persona curiosa me preguntó “¿Pues qué pasó?”, le respondí “La pregunta no es ‘¿qué pasó?’, sino ‘¿qué podría pasar?’” y ésa es la actitud que pretendo inspirar en las organizaciones que me solicitan servicios de futuros y estrategia. No hace falta que te machuque un tren para entender que es preferible esperar a que pase antes de cruzar las vías.
Las organizaciones con alto coeficiente de preparación para el futuro dotan sus “búnkers” con buenas estrategias a largo plazo (diez, veinte años), capacitan a sus equipos de trabajo; habilitan tecnologías adecuadas para operar en condiciones ordinarias y extraordinarias. En general, hacen lo que haría una familia preparacionista, mutatis mutandi.
Las personas y las organizaciones con visión de largo plazo, al igual que los prepper, esperan lo mejor y se preparan para lo peor, pero también comprenden su capacidad de agencia; esto es, su potencial para influir en el curso de los acontecimientos. “¿Qué puedo hacer yo, desde mi actual rol y con los recursos a mi alcance para contribuir a la consecución del mejor futuro posible?”, “¿cómo puede mi organización ejercer una influencia favorable en lo que sucede?”, “¿qué conocimientos tengo y qué me falta aprender para estar mejor preparado/a?”, son preguntas que suelen hacerse y que debemos hacernos si queremos recibir al próximo Godzilla en mejores circunstancias.
Claro, esta clase de preguntas son incómodas. Nos demandan una actitud proactiva, una actitud de conspirador, diría Michel Godet; es decir, de alguien dispuesto a tener un impacto en los sucesos, lo que implica curiosear, conocer, atar cabos, decidir y muchas acciones más que nos suponen un esfuerzo. “¿Qué estoy dispuesto/a a hacer para recibir el próximo evento disruptor en mejores condiciones?” es una pregunta que les dejo para masticar.
Me despido confesando que al inicio mentí en la lista de instrumentos que guardo sobre el librero. La verdad, no tengo un megáfono.
Karla Paniagua
Coordinadora de estudios de futuros en CENTRO
1 En la cultura preparacionista, SHTF corresponde a la expresión Shit Hits The Fan o “cuando la mierda le pegue al ventilador” o SLAE (Significant Life Altering Scenario), que refiere a un evento catastrófico para el cual hay que prepararse. También es importante el término TEOTWAWKI o el fin del mundo como lo conocemos, por sus siglas en inglés.