Solidaridad, cohesión social y redistribución del desarrollo humano. Una conversación con Marc Fleurbaey (parte 2)

En el panorama de la investigación económica actual hay pocos personajes como Marc Fleurbaey (Mesnil-Raoul, 1961), particularmente en el área de la economía del bienestar, en la que constantemente busca expandir los límites de las posibilidades de la conjunción entre investigación, divulgación, activismo e implementación de políticas públicas. Nacido en Francia, Fleurbaey estudió en la Universidad de Nanterre y en la ENSAE ParisTech, obteniendo un doctorado en ciencias económicas por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. Entre 1986 y 1994 desempeñó distintos cargos administrativos en el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos de Francia, y desde entonces ha perseguido una carrera académica que se ha desarrollado en universidades como la de Cergy-Pontoise, la de Pau, la de París Descartes, Princeton y la Escuela de Economía de París.

Su trabajo se enfoca en el estudio de las desigualdades económicas y sociales, hilvanando fundamentos de la ética normativa, la filosofía política y el análisis cuantitativo en su investigación y propuestas teóricas. De entre su obra, destacan Fairness, Responsibility and Welfare (Oxford, 2008) y A Theory of Fairness and Social Welfare (Cambridge, 2013), este último en coautoría con François Maniquet, libros que, simultáneamente, buscan complejizar y cuantificar algunos de los elementos clave detrás de los criterios necesarios para poder asignar y redistribuir recursos —tanto materiales como subjetivos— de manera equitativa a través de políticas públicas óptimas.

Desde 2014, Fleurbaey es miembro del comité directivo y autor del Panel Internacional sobre el Progreso Social (IPSP por sus siglas en inglés), que a lo largo de cuatro años se dedicó a coordinar los trabajos de más de 300 investigadores para trazar las rutas de viaje del siglo XXI con miras a tener un mundo mejor para todas las personas, sobre temas como democracia y ciudadanía; pobreza, desigualdad y bienestar; mercados, finanzas y corporaciones; el futuro del trabajo; entre muchos otros. Los esfuerzos del IPSP encallaron en un reporte publicado en tres volúmenes que llevan por título Rethinking Society in the 21st Century (Cambridge, 2018). Posteriormente, fue transformado en un Manifiesto por el progreso social (publicado en español por Grano de Sal), en el que queda retratado un impulso esperanzador por reconfigurar todos los aspectos de la sociedad contemporánea para sortear los problemas de cara a un futuro complejo.

En Economía y sociedad tuvimos la oportunidad y el placer de conversar con Marc Fleurbaey a propósito del Manifiesto, su trabajo sobre economía del bienestar y algunos de los problemas económicos de las próximas décadas. La entrevista fue editada para privilegiar su fluidez y dividida en dos para facilitar su lectura. Aquí se puede leer la primera parte. En esta segunda entrega, Fleurbaey habla sobre la necesidad de democratizar y politizar la discusión pública, la importancia de las instituciones para un país y la relevancia de la divulgación del conocimiento científico para una sociedad.

Ilustración: Pablo García
Ilustración: Pablo García

Raúl Bravo Aduna: Hay mucho énfasis en el Manifiesto detrás de lo importante que es empoderar a las personas, digamos, desde abajo hacia arriba, ¿verdad? Y esto debe ser un proceso de democratización de todo y la politización de todo, pero no sólo enfocándose en la política. En un mundo polarizado, como el que vemos ahora, particularmente en el aspecto político, ¿cómo visualizas o imaginas una manera en la que podamos comenzar a “destruir” esa oligarquía para tener una mejor pre-distribución y redistribución de todo, incluso si no podemos ponernos de acuerdo en los términos básicos que hay que discutir?

Marc Fleurbaey: Me parece que es una situación sumamente complicada cuando la gente no se pone de acuerdo incluso en cuáles son las reglas básicas de las instituciones democráticas, por ejemplo. O cuando miran a las instituciones y fingen defender la democracia, pero de manera contradictoria, y algunas de ellas en realidad son bastante antidemocráticas. Eso vuelve a la discusión muy complicada, así que no pretendo tener una solución para eso. Pero algo que puedo decir es que a veces tienes que formular las cosas de una manera distinta.

En mi opinión, una cosa que debería ser fácil de defender es la idea de las instituciones que tenemos, instituciones políticas, pero en específico, ante el sistema de información que tenemos. Todas estas cosas son bienes comunes. Así que si funcionan correctamente son buenas para la sociedad. Si no funcionan bien —si son capturadas o son disfuncionales—, eso es muy malo. Así que debemos tratarlas como bienes comunes, entonces hay que organizarlos de esta manera. Eso es totalmente opuesto a privatizar y hay mucha actividad privada capturando el sistema de información. Uno conoce las consecuencias, que incluso alimentan la polarización. Si pudiéramos explicarle a la gente que no está bien dejar eso en manos completamente privadas sería un buen comienzo. Pero la gente se está volviendo más consciente de ello. Cuando miras el poder de Facebook, los problemas y debates en torno a esta multinacional han sido buenos para hacer a la gente consciente. Tal vez no estén muy conscientes de otras cosas, pero cuando miras el poder del CEO de Facebook, entonces la gente lo comprende mejor. Estas conversaciones han sido útiles para que la gente entienda que Facebook es una institución pública y dejarla en las manos privadas del monopolio es un error. Incluso políticos estadunidenses conservadores están de acuerdo con esto. Así que se puede alcanzar un consenso con esta otra manera de formular las cosas.

Otra idea que puede ayudar un poco en contra de la polarización es una mayor inversión en mecanismos participativos. Cuando la gente está lidiando con un problema muy concreto y se les invita a discutir con expertos, pero también con otra gente ordinaria que viene potencialmente del otro lado, no sobre problemas ideológicos, sino sobre problemas muy concretos en sus vidas diarias, entonces puedes alcanzar una mayor capacidad de llegar a un acuerdo en un punto medio, de percatarse y entender el punto de vista del otro, de mostrar empatía a la perspectiva alternativa. Los mecanismos participativos, cuando involucran gente ordinaria, pueden ser una manera de reducir la polarización.

La experiencia francesa, en la convención ciudadana acerca del cambio climático, lamentablemente no ha sido muy exitosa en términos de desarrollar nuevas políticas, debo admitir. Pero en términos de ayudar a la gente a llegar a un consenso de ideas entre personas muy diversas, potencialmente opuestas cuando entran a la habitación, sí. Porque al final del proceso están bastante unidas. Puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con las ideas, no todas las ideas son súper inteligentes; ése no es el punto. El punto es que la polarización que tienes de alguna manera desaparece en este tipo de escenarios.

RBA: El IPCC es un buen ejemplo de una institución que está reuniendo perfectamente bien gobiernos pero también corporaciones, ONGs e incluso ciudadanos, ¿no? Y tratar de encontrar ideas y soluciones colectivas a un problema que es más grande que nosotros.

MF: Sí, el IPCC es un animal complejo porque en sí mismo está conformado principalmente por académicos, aunque tienes un terreno diverso de expertos. No todos son profesores universitarios trabajando en sus torres de marfil, algunos son expertos trabajando en laboratorios de ideas, así que hay una mezcla de personas. Pero creo que te refieres a lo que pasa en las COPs, las Conferencias de las Partes, donde tienes una especie de festival de debates y presentaciones, en el cual personas de todos los aspectos de la vida presentan sus ideas y discuten. Eso es verdaderamente bueno y deberíamos tener más de eso. Por ejemplo, en mi escuela en París, estamos lanzando una iniciativa sobre medio ambiente y esperamos organizar un festival periódico en torno a estos problemas de la transición, donde expertos y el público en general puedan debatir e intercambiar ideas de forma libre y regular. Así que pienso que esta iniciativa necesita multiplicarse.

RBA: Definitivamente. De la manera en que funciona el IPCC y las COPs para el cambio climático, ¿cómo podemos comenzar a encontrar maneras para implementar eso en las discusiones sobre equidad, economía y cómo puede convertirse eso en políticas públicas, cuando aún tenemos esta mentalidad de que no hay alternativa, no sólo en países como México, sino en todo el mundo?

MF: Tienes razón. En cierta manera el IPCC tiene un trabajo más fácil porque es un problema más técnico donde la ciencia es clara. Por supuesto, existen quienes niegan el cambio climático, pero hay un consenso fuerte en los procesos físicos. Hay mucho menos consenso en las políticas públicas, pero aún así existe un consenso en las ideas más grandes, en las líneas mayores. Eso está bastante claro. Es mucho menos obvio poder alcanzar ese nivel de consenso en políticas sobre pobreza, cohesión social, el sistema político y todo eso. Sin embargo, siento que debemos alimentar el debate. Nuestra responsabilidad como académicos recae no sólo en mantenernos en la torre de marfil sino, sin convertirnos en políticos nosotros mismos, alimentar el debate y aportar ideas. Ése era el objetivo del panel sobre progreso social: no convertirse en políticos pero proporcionar ideas para que la gente las usara.

Lo que esperamos hacer es lanzar una segunda forma del panel, en la que tendríamos una mayor interacción con los actores, especialmente de la sociedad civil, para que podamos definir juntos las prioridades. ¿Cuáles son los temas que deberíamos estudiar? Y en lugar de hacer un gran reporte, que es una síntesis de todo y que no vale la pena hacer cada cinco años, hacer reportes que estén más enfocados y atados a los problemas del día a día y que sean más útiles directamente para los actores principales. Y hacer eso periódicamente para que, espero, podamos acumular un acervo de conocimientos, de buenas prácticas, que varios actores puedan usar. Yo diría que no tanto los políticos, porque ellos ya tienen muchos laboratorios de ideas trabajando para ellos, sino para las organizaciones de la sociedad civil donde hay menos expertos y donde podemos poner mucha esperanza en términos de que ahí es de donde podría venir la presión a largo plazo para un cambio. Los políticos tienen un horizonte a muy corto plazo, especialmente en sociedades democráticas donde hay una rotación que es sana, pero que también acorta el horizonte. Mientras tanto, la sociedad civil puede tener un horizonte más largo y puede poner presión de abajo hacia arriba para cambiar las cosas. Así que ayudarles a ellos podría ser una buena inversión para nosotros, los académicos.

RBA: Pensando en un nivel global en primera instancia, ¿verdad?

MF: Sí, tienes que ser global, pero reconociendo la diversidad local del contexto. No existe una buena receta que pueda aplicarse en México y a la vez en Wellington o París. Ésa es una cosa. Y tienes que aceptar el valor agregado de todas las disciplinas; no hay una sola. Yo soy un economista y me han acusado de ser un imperialista. Así es, no deberíamos ser imperialistas. Hay mucho conocimiento interesante que proviene de todas las disciplinas en las ciencias sociales y también debe haber un diálogo entre las ciencias sociales y las ciencias duras. Porque a veces es demasiado fácil saltar a conclusiones acerca de políticas con sólo mirar a las ciencias duras y no a todas las demás.

Pero en realidad las políticas son una cuestión bastante grande y tienes que tomar en cuenta los sistemas sociales y necesitas tener esta interdisciplinariedad. Debes tener una diversidad en las formaciones de las personas y en su género. Esto no es tan fácil de hacer en la práctica porque nuestras profesiones siguen estando muy sesgadas. Tenemos muchos más hombres que mujeres, especialmente en rangos altos de la academia, y eso no es bueno. Así que tenemos que encargarnos de todas estas cosas al mismo tiempo, pero ése es el objetivo: ir más allá de estas barreras y desigualdades.

 

 

Raúl Bravo Aduna
Editor de Economía y sociedad

Mariana Castro Azpíroz
Bióloga Molecular por la Universidad Autónoma Metropolitana y divulgadora científica en Ciencia en un clic

Traducción de Mariana Castro Azpíroz

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Publicado en: Economía