A mediados de los noventa, Clayton Christensen y Joseph Bower, investigadores de la escuela de negocios de Harvard, detectaron un patrón de fracasos empresariales especialmente notorios en la industria de las computadoras. Advirtieron que ciertas organizaciones robustas y bien plantadas en el mercado invertían de forma sistemática en tecnologías de uso habitual entre sus usuarios cautivos, para luego ser vapuleadas por nuevas tecnologías que hasta entonces se habían confinado a los mercados emergentes.