Es increíble que la existencia de un racismo sistémico en México sea un asunto que necesite ser demostrado empíricamente. Es decir, que 500 años después, estemos atorados ahí: un paso antes de estudiar de lleno sus dinámicas, de medir los ámbitos de su prevalencia, de discutir las formas de intervenir sus efectos. Parece que primero en el discurso público todavía debemos convencernos que, de hecho, el racismo existe. Como si no fuera evidente en sí mismo. Como si sólo estuviera escondido en sutilezas cotidianas. Como si fuera nuevo.
racismo
¿Importa el color de piel en México?
Hasta el viernes de la semana pasada no contábamos con una fuente de datos oficial que nos permitiera cuantificar hasta qué grado la discriminación por color de piel afecta la vida de las personas. Esa situación cambió con la publicación del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) de la Encuesta Nacional de Hogares 2016 realizada por INEGI. Dicha encuesta cuenta con información sobre las características del hogar de origen de los entrevistados, así como de la educación y empleo de los padres. Pero, crucialmente, el módulo también incluye una batería de preguntas sobre el color de piel del entrevistado.
La política del miedo/odio
Son tiempos difíciles para quienes creemos que la forma correcta de vivir en sociedad no es rechazando, sino abrazando las diferencias que nos constituyen como individuos y colectivos. Tiempos en los que los discursos racistas, sexistas y xenófobos cobran fuerza en las urnas.