Cuando nos encontramos en una economía global, en la que temas como el estancamiento secular, la falta de demanda y la creciente desigualdad son recurrentes y que están en buena medida detrás de los fenómenos sociales que observamos, preguntarnos sobre la movilidad económica de los países se vuelve un asunto importante. Más aun cuando cada vez hay más cuestionamientos sobre los efectos de fenómenos sistémicos en el mundo.