¿Y quién cuida al personal de la salud?
Héroes y heroínas sin capa… y sin armas

Para la Dra. Marcela Castillo Gaviño †
Con amor para mi tía, hasta el cielo.

El 20211 inició con el punto más álgido y alarmante de la pandemia de covid-19. México ha alcanzado los niveles más altos (hasta ahora) con 109 000 casos activos estimados y más de 144 000 defunciones confirmadas2 a nivel nacional y con 425 000 confirmados acumulados y cerca de 26 000 defunciones3 en la Ciudad de México. Con ello, ha alcanzado también el punto al que nadie queríamos ni debíamos llegar: la saturación de hospitales, personas muriendo en la búsqueda de una cama de hospital y un ventilador, y personal de la salud enfermo y por demás agotado.

Desde hace 10 meses, en marzo de 2020, las autoridades sanitarias pidieron, en la medida de lo posible, quedarse en casa para así evitar los contagios y para aplanar la curva. Hicieron un llamado a limitar las salidas de casa a actividades esenciales; no obstante, apenas hace unas semanas las playas de Puerto Vallarta y Acapulco, por mencionar algunos ejemplos, recibieron un sinnúmero de turistas para iniciar el año, mismos que abarrotaron restaurantes y centros nocturnos donde los cubrebocas y la sana distancia no fueron invitados. Por otro lado, se siguen leyendo y escuchando noticias sobre reuniones de familias y amigos que ante el hastío de una cuarentena de casi un año, deciden romper el aislamiento, arriesgando con ello a todos los asistentes a dichas “reuniones pequeñas” donde, al estar “en confianza”, no se siguen las medidas sanitarias.

Ilustración: Kathia Recio

Las consecuencias de estas acciones van más allá de poner en riesgo a aquellos que asistieron a la playa, al centro nocturno o a las reuniones pequeñas, sino que también ponen en riesgo al personal de la salud que, por la naturaleza propia de la pandemia, no tiene la opción de hacer home office. Quedarse en casa no es una alternativa para ellos; en contraste, su labor consiste en ir todos los días a hospitales y centros de salud donde están expuestos a un virus que está presente en cada rincón de su lugar de trabajo.

Personal médico, de enfermería, de camillería, de inhaloterapia, de intendencia, de seguridad, de cocina e incluso personal administrativo, debe enfrentarse día con día a una alta y recurrente probabilidad de contagio, al ser ellos los llamados héroes y heroínas sin capa, que combaten desde la primera fila todos los días al virus y a todas las implicaciones y complicaciones que éste trae consigo.

De acuerdo con información de Amnistía Internacional, México es el país del mundo con el mayor número de defunciones entre el personal médico, provocadas por covid-19. Con corte a septiembre 2020, el número de muertes confirmadas entre este grupo fue de 1 320 personas de la salud, cifra ligeramente superior a las 1 077 defunciones de la misma naturaleza registradas en Estados Unidos, y sustancialmente superior a las 80 registradas en Argentina que, después de México, ocupó el segundo lugar en América Latina durante el mismo periodo.

La necesidad de proteger al personal de la salud resulta ya imperativa, por lo que con la llegada del primer embarque de vacunas contra el virus SARS-CoV-2 a México, el pasado 23 de diciembre, se determinó que la estrategia de vacunación iniciaría con el personal médico que está en la primera línea de atención de la pandemia.

Una vez más, no entendimos. Apenas un par de días después de llegada la vacuna, comenzaron las muestras de inconformidad por parte del propio personal de la salud. En el Hospital General de México (HGM), que es el hospital con el mayor número de camas censables en América Latina y, por consecuencia, destinadas a pacientes confirmados con SARS-COV-2, un grupo de residentes de Medicina Interna emitió un comunicado en redes sociales denunciando que 48 de ellos, quienes atendían áreas covid, no habían sido considerados en la primera ronda de vacunación y que ésta sólo había incluido a los directivos del hospital que no atendían pacientes covid y que, incluso, no estaban asignados a dichas áreas. Protestas similares ocurrieron en hospitales como el Centro Médico Nacional “La Raza” del IMSS, donde denunciaron que sólo se había vacunado a los directivos, así como en el Centro Médico Adolfo López Mateos en Toluca, Estado de México, donde el director del mismo utilizó el lote de vacunas para aplicarlas a sus familiares.

También se han registrado inconformidades y protestas con respecto a la disponibilidad de insumos básicos que les permitan hacer su trabajo: atender a pacientes covid. Se ha denunciado el desabasto de sedantes para aquellos pacientes en estado crítico que requieren intubación, relajantes musculares, medicamentos vasopresores, la falta de ventiladores y material para su uso, suministro insuficiente de oxígeno, así como algunos casos sobre la falta de equipo de protección para el personal de la salud entre lo que destacan guantes, mascarillas de tipo N95, caretas, gel sanitizante, aerosol para intubación y lentes protectores.

No se debe perder de vista que desde inicios de la pandemia y hasta el día de hoy, el personal médico para atender el creciente número de pacientes que acuden a los hospitales con síntomas de covid-19 ha sido limitado y ha generado sobrecarga de trabajo y altos niveles de estrés laboral. Durante la pandemia, por ejemplo, en el HGM una persona médica ha llegado a tener a su cargo hasta 15 pacientes en estado crítico y cuenta el apoyo del cuerpo de médicos residentes, quienes han llegado a atender a más de 50 pacientes de manera simultánea, en tan sólo una guardia. 

Todos estos factores se traducen en un agotamiento extremo, tanto físico como mental, del personal de la salud que, ante un sistema de salud colapsado y rebasado, no recibe la atención y cuidados necesarios. Estar en la primera fila del combate al virus, también implica ver desde primera fila las batallas que se pierden día con día, pese a los inmensurables esfuerzos humanos. Aunado a todo lo anterior, al finalizar la jornada, deben volver a casa con la latente preocupación de sumarse a la lista de personal de la salud contagiado, o incluso, de haber portado el virus a sus hogares.

Desde inicios de la pandemia, se le ha exigido demasiado al personal de la salud pero se le ha apoyado muy poco; la gratitud, aplausos y homenajes son necesarios, pero, sin lugar a dudas, no son suficientes. Esos héroes y heroínas sin capa requieren de esquemas de protección integral, que va desde equipo de protección adecuado, acceso fácil y rápido a pruebas diagnósticas, contar con el apoyo de empleadores ante contagios de sus familiares y de ellos mismos; sobre todo, y de manera urgente, requieren contar con medidas de promoción y atención a la salud mental.  

Han sido muchas las advertencias sobre las medidas sanitarias, sobre limitarse a actividades esenciales fuera de casa, sobre la cooperación y corresponsabilidad necesaria por parte de todas y todos para disminuir el nivel de contagios y, con ello, evitar el colapso de hospitales. Incluso, a finales de noviembre de 2020, la Organización Mundial de la Salud advirtió que la situación en México se consideraba “preocupante” ante la alza en el número de contagios y fallecimientos hacia el cierre del año, y que se debían tomar medidas serias y urgentes al respecto.

No entendimos. Seguimos sin entender. Ahora más que nunca debemos preocuparnos y sobre todo ocuparnos. Debemos hacer lo que nos toca como sociedad; de otro modo, ¿qué vamos a hacer sin personal de la salud saludable y sano?

 

Ariadna Díaz
Economista por la UNAM y por The University of York.


1 El presente texto fue escrito con el apoyo de residentes de áreas covid. A ellas, a ellos y a todo el personal de la salud que ha dedicado sus conocimientos y vocación a cuidarnos y procurarnos en esta pandemia, ¡Gracias infinitas!

2 Información de la Secretaría de Salud con corte al 20 de enero de 2021. 

3 Información de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México con corte al 20 de enero de 2021.

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Publicado en: Sociedad

Un comentario en “¿Y quién cuida al personal de la salud?
Héroes y heroínas sin capa… y sin armas

  1. Otro tema pendiente el sistema de salud mexicano es la estabilidad laboral, sueldos dignos, y prestaciones proporcionales al nivel de riesgo de la actividad profesional.

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