Comprendida la situación del consumo energético actual a nivel país, podemos detallar las necesidades por sector económico y enlazar algunos problemas específicos de cada uno. Para el periodo de 1993 a 2016 se observa una tendencia al alza del consumo energético final (como ya se había comentado en la entrega anterior) siendo que el sector con mayor consumo es el transporte, seguido del industrial y residencial.

Para el sector del transporte, el tipo de transporte que tiene un uso más intensivo de combustibles (debido a su mayor presencia respecto a otro tipo) es el autotransporte, que incluye los servicios de transporte terrestre para el traslado de personas y carga.

En la siguiente gráfica, se aprecia que los combustibles fósiles son los que poseen mayor cuota de mercado, liderados por la gasolina y el diésel; además de que la tendencia del uso de electricidad para transporte aún es mínima. Un problema que tiene su origen en la variación del precio de los combustibles son los precios de los alimentos: la mayoría de los alimentos provienen de otras regiones diferentes a las de su consumo (contrario a los mercados locales-regionales) lo cual conlleva que deban ser transportados y el precio final del alimento incluye el factor del costo del transporte; es decir, el costo es transferido al consumidor.

Lograr desvincular el precio de los combustibles, el transporte y los alimentos debe ser un tema crucial (FAO, 2011) para el gobierno entrante, un aumento del transporte eléctrico (ya sea privado o público) es una opción de desvincularlo siempre que la energía provenga de fuentes renovables y se supere el reto de crear infraestructura de carga, aumentar los años de batería así como su densidad energética; sin embargo, es necesario destacar que ninguna propuesta que fomente a los biocombustibles será una opción válida para atacar dicho problema, ya que la mayoría de los biocombustibles que son generados comercialmente1 provienen de granos básicos como el maíz o la soya, por tanto sólo empeorarían dicha situación, pues la tierra que es utilizada para producir biocombustible deja de ser utilizada para producir alimentos. Tal situación sólo presiona más la oferta de alimentos mientras que la demanda incrementa por el aumento de la población.

Ilustración: Víctor Solís

Por otra parte, en el sector industrial el mayor consumo lo tiene la siderurgia, seguido del cemento, la minería y la petroquímica de Pemex. Estas actividades industriales tienen la particularidad (en el caso de las primeras tres) de utilizar también minerales y metales pesados como materia prima; es decir, por su propia naturaleza requerirán mayor consumo energético para la transformación de sus insumos.

Si analizamos por combustible, el gas natural lidera el consumo seguido de la electricidad; además, de todos los combustibles utilizados sólo el coque y el bagazo de caña no son provenientes de los hidrocarburos. Es aquí donde radica la importancia de la seguridad energética: las actividades industriales tienen un alto consumo de gas natural (la electricidad también es producida mayoritariamente vía combustión de dicho recurso energético, como veremos más adelante) y México no cuenta con capacidad de almacenamiento para garantizar el correcto funcionamiento de la actividad económica. Esto, aunado a que, de acuerdo a la Asociación Mexicana de Gas Natural, sólo algunos estados tienen acceso al gas natural y eso coincide con una concentración de las actividades industriales en aquellas zonas con acceso no sólo a infraestructura básica y servicios de agua y luz sino también acceso a gas natural vía gasoductos.

Por otra parte, en los hogares mexicanos el uso de la leña es el más intensivo, seguido del gas LP y la electricidad. Es preciso señalar que el uso de la leña como combustible, en América Latina, está asociado a hogares de bajos ingresos (Cepal, 2009), a pesar de que el  consumo  total  de  leña  fue  disminuyendo  sistemáticamente en América Latina y el Caribe de modo simultáneo con el proceso de urbanización hasta  mediados  de  los años  noventa; a partir de esa década la celeridad de urbanización, el surgimiento de pobreza urbana y el incremento en los precios internacionales del crudo y sus derivados ha llevado a que la leña recobre fuerza en su consumo.

Cabe señalar que el consumo de leña en hogares que carecen de chimeneas conlleva a problemas de salud en vías respiratorias (Coneval, 2018), en este caso las familias más afectadas son las indígenas, pues 42.5% de las viviendas cocinan con leña (y carbón) y no cuentan con chimenea, en contraste con sólo el 7.6% de familias no indígenas en las mismas condiciones.

Por otro lado, en la Gráfica 10 también se observa cómo ha aumentado el consumo del gas LP; empero, el aumento del precio más que proporcional respecto a los ingresos de las familias mexicanas debido a problemas con su distribución, la cual es controlada por un oligopolio de familias, es una limitante para lograr un acceso eficiente a este combustible. Adicionalmente, podemos notar una tendencia al alza del consumo de electricidad (cómo se genera la electricidad es clave para una política energética).

Por último, es menester hablar de cómo se produce la electricidad, en la medida en que en dos de los tres sectores (industrial y hogares) se utiliza de manera intensiva. La electricidad en México es originada, predominantemente, por generación termoeléctrica (combustión de hidrocarburos) seguida de la carboeléctrica (combustión de carbón mineral) y la hidroelétrica (fuerza del agua).

En este sentido, no es de extrañar que el uso de combustibles fósiles haya aumentado de 1993 a 2016, liderado por el gas natural. Asimismo, se observa la caída del uso de combustóleo para la generación de electricidad, por lo que la continuidad de la producción de tal combustible debería de evaluarse y redirigir dichos recursos a producir otros combustibles mayormente utilizados. Adicionalmente, sorprende la poca presencia de la energía fotovoltaica en un país que cuenta con un potencial reconocido internacionalmente por su radiación solar;  sin embargo, afortunadamente la reforma energética permitió la apertura en este tipo de generación de electricidad entrando a un enfoque de generación distribuida aprobado por la Comisión Reguladora de Energía y dando dos opciones a la ciudadanía que decida producir: balance neto y cobro neto.

A manera de conclusión, se pueden identificar varias problemáticas respecto a la relación entre energía y economía en México: falta una planificación que prevenga crecimiento poblacional y actividad económica; a pesar de tener presencia en el mercado internacional como uno de los 15 principales países productores de hidrocarburos, en el resto de las fases de la cadena de valor se brilla por una ausencia de política industrial para dar mayor valor agregado a los productos derivados los cuales acabamos importando de otros países (principalmente Estados Unidos) y generando presión a la balanza de pagos; los sectores nacionales con mayor consumo energético final son el transporte, el industrial y los hogares; en el transporte debe atenderse la necesidad de investigación para encontrar combustibles no fósiles para el autotransporte o bien fomentar otro tipo de transporte como los trenes así como desligar el precio de los combustibles y los alimentos; para la actividad industrial es indispensable asegurar el abastecimiento de gas natural en todas las regiones del país; en cuanto a los hogares es imprescindible garantizar la democratización energética y disminuir el uso de leña, sobre todo en los hogares en situación de pobreza extrema.

 

Aranxa Sánchez
Economista por la UNAM y miembro de Democracia Deliberada.


1 Existen otras opciones como la palma, la jatofra y las microalgas que aún se encuentran en pruebas experimentales, pero su uso comercial para México deberá evaluarse como alternativa.



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