Cada hombre es enemigo de cada hombre;
los hombres viven sin otra seguridad
que sus propias fuerzas y su propio ingenio
debe proveerlos de lo necesario…

—Thomas Hobbes, Leviatán

Un martes de julio de 2007 mi entonces vecino sostenía tremenda pachanga en su casa que no me dejaba dormir. Yo tenía una importante reunión laboral al siguiente día, quería estar descansado. Como buen ciudadano le marqué a la policía local para que visitara el disturbio y le ordenara a los celebrantes bajar el volumen a lo permitido por el reglamento en zona residencial. Tras varias llamadas, la patrulla nunca llegó. Decidí ir yo.

Era cerca de la una de la mañana cuando toqué el timbre. El vecino salió muy enfiestado. Al solicitarle que de favor le bajara a su música éste soltó una ráfaga de insultos; me mandó a incomodar a mi progenitora y mientras yo retrocedía hacia mi hogar, me arrojó una lata de cerveza a la cabeza. Falló. Lo que tenía que haber sido una denuncia anónima por un vecino inconforme se volvió un feudo que duró por el resto del tiempo que viví allí. La ausencia del estado provocó un desencuentro entre particulares.  

En 1651 Thomas Hobbes publicó su obra seminal el Leviatán, la cual es, a grandes rasgos, un manual sobre la naturaleza humana y la organización social. En Leviatán Hobbes plantea que antes de que existiera la “sociedad civilizada” se vivía en el  Estado de la naturaleza en la cual, sin ningún tipo de reglas de convivencia, los hombres coexistían salvajemente a costo de sus pares; de aquí su famosa frase “Homo Homini Lupus” (El hombre es el lobo del hombre).  Para Hobbes el fin del Estado de la Naturaleza y con él las condiciones para que pueda existir una sociedad surge por un pacto o contrato social en el cual los individuos renuncian a ciertas libertades a un soberano encargado de mantener el orden.

Ilustración: Mariana Villanueva

En un episodio que pareciera salido de El señor de las moscas de William Golding, el 14 de mayo de 2014 falleció Héctor Alejandro Méndez de 12 años de edad y estudiante de primero de secundaria en la secundaria 7 “Profesor Eleazar Cervantes Gómez” de Tamaulipas. Héctor sufrió lesiones en el cráneo debido a un acto de bullying en la escuela. La maestra encargada cometió dos errores;  el  primero fue no interceder y mitigar el caso de acoso; el segundo fue no  haber llevado al joven a recibir atención médica oportuna que pudo haber salvado su vida. Hasta donde pude revisar, a la fecha ninguna persona relacionada con la muerte del menor ha sido sancionada. La maestra encargada Denisse Serna Muñiz se ha amparado. Al no exisitir protocolo, procesos, capacitaciones y certificaciones específicas para este tipo de eventos es dificil que las víctimas y sobrevivientes puedan lograr la justicia. El estado está ausente de nuestras escuelas.

Aunque el término “burocracia” actualmente tiene connotaciones negativas, es justamente la eficientización de las estructuras gubernamentales donde se encuentra la clave de llenar ese vacío de poder que permite que exista ese México salvaje. En 1922 se publica “Burocracia”, ensayo que forma parte de Economía y Sociedad; en este ensayo, Weber, entre varios puntos, esboza que una burocracia efectiva deberá ser jerárquica, especificar rigidamente las tareas y resposabildiades de los funcionarios y que todas las decisiones deberán ser fundamentadas en regulaciones y procesos. Si esto se llevara a cabo en México, es altamente probable que tanto Hector Méndez, así como los niños del desastroso incendio de la guardería ABC seguirían con vida; o, al menos, sabríamos quiénes fueron los responsables  legales de esas tragedias y las familias podrían tener paz.

Otra área en la cual es evidente el ausentismo del estado es en todo lo relacionado con la movilidad pública. Aun con la promulgación de leyes y regalmentos en la Ciudad de México, la autoridad se antoja omisa ante su implementacón. Policías son testigos pasivos ante la invasión de las cebras peatonales y carriles de bicicletas por automovilistas, son tolerantes a motocicletas circulando en vías prohibidas y en ciclistas circulando a altas velocidades en espacios peatonales. 

Este vacío se llena momentáneamente por ciudadanos privados y agrupaciones civiles, como los Súper Cívicos, por poner un ejemplo; sin embargo, por más que sus acciones sean loables y dentro del marco legal, no es sano que civiles estén realizando tareas propiamente del ámbito de la seguridad pública —o de lo público, en general, para el caso. La línea entre promover la cultura cívica y tomar la justicia en sus propias manos es muy fina. El Estado parece ausente de nuetras calles.

Los casos de ausentísmo del Estado en México abundan. Quise ilustrar este texto con algunos casos cotidianos para dejar ver que la falta del Estado está presente en nuestras actividades cotidianas; en nuestras escuelas, en nuestras calles, con nuestros vecinos. Sin embargo, sería omiso no entender los linchamientos públicos, que al parecer son cada día más comunes, como otro síntoma de un Estado ausente. Esa desesperación y sed de justicia y de venganza desata ese comportamiento primitivo y salvaje del cual hablaba Hobbes en el Leviatán.

Un Estado ausente es causa de muchos malestares sociales, yo concluyo con los dos que me parecen más precupantes. El primero es que, a falta de una autoridad que regule la interacción entre ciudadanos, los ciudadanos resolvemos las disputas enfrentándonos y agrediéndonos entre nosotros. Si un policía hubiera hecho su labor, yo no hubiera tenido que enfrentar a mi vecino.

En un segundo plano, un Estado ausente y una burocracia porosa permite la impunidad de agentes gubernamentales. Sin reglamentos claros, procesos mapeados y funcionarios capacitados es muy fácil esquivar responsabilidades y evitar castigos. Sé que es un tema con nula rentabilidad electoral o de opinión pública,  pero un reto para el próximo gobierno será afinar los marcos regulatorios y de procesos de las instituciones para que los funcionarios de éstas no tengan margen de maniobra desmarcarse de sus responsabilidades. Aclaro, una burocracia eficiente y presente no es equivalente a una burocracia obesa; justo lo contrario.

Sin un estado presente los ciudadanos podríamos acabar descuartizándonos y la autoridad dirá que es nuestra culpa, criminalizados por querer llenar sus vacíos.

 

Roberto Morris
Maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics. Actualmente es Presidente y Director General de Núcleo: comunicación política y corporativa.



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