Nuestra investigación acerca de la desaceleración económica de los países desarrollados ha mostrado que una serie de shocks externos fueron el origen del fenómeno y que éste ha persistido debido a una serie de factores. Entre estos últimos, destaca la disminución de la inversión neta, tanto la privada como, de manera muy importante, la pública.

Por otra parte, el componente de la demanda agregada que ha sostenido el crecimiento económico ha sido, y sigue siendo, el consumo. Cabe hacer notar que el consumo de los particulares depende, en gran medida, de su ingreso/salario. El salario percibido por los trabajadores como contraprestación por su trabajo les permite cubrir sus necesidades de alimentación, vivienda, transporte, vestido y recreación, entre otras cosas. Esta demanda incentiva a las empresas a contratar a más trabajadores que también reciben salarios que son utilizados para el consumo y así sucesivamente. Las empresas no podrían funcionar si es que no existieran personas con ingresos suficientes para adquirir sus productos.

El salario también funciona como incentivo para mejorar el desempeño y la productividad de los trabajadores en una empresa: el trabajador se siente valorado, se motiva y pone un mayor empeño en sus funciones. Asimismo, los salarios están afectos al pago de impuestos y representan una importante fuente de recaudación para el país. El impuesto a la renta permite al gobierno financiar parte del gasto público.

El salario está íntimamente relacionado con la productividad del factor trabajo. La relación entre salarios y productividad, desde la teoría convencional, pone de relieve una asociación directa entre ambos estableciendo que el salario real está dado por la productividad marginal del trabajo; es decir, la compensación de los trabajadores refleja el valor de los bienes y servicios que producen. En el modelo neoclásico del mercado de trabajo, el salario real (ajustado por el incremento de precios) que gana un trabajador adicional por unidad de tiempo, medido en unidades de producción, es igual a la cantidad real de producto que dicho trabajador produce en dicho tiempo: a su participación en el valor agregado total.

En este artículo presentamos la relación de largo plazo entre los salarios y la productividad del factor trabajo en los Estados Unidos, como un ejemplo de lo que sucede en el mundo desarrollado. Cabe señalar que hay suficiente literatura económica que muestra que el comportamiento de los salarios/productividad en los EE. UU., se repite, en mayor o menor grado, en los países desarrollados en su conjunto.1

Ilustración: Víctor Solís

Crecimiento de la productividad

La productividad en términos reales del factor trabajo en los Estados Unidos en el periodo 1947 a 2018 se incrementó, en promedio, a una tasa anual de 2.2 %, con su punto más alto en 1950 (4.69 %) y su punto más bajo en 1979 (-2.69 %).2

Crecimiento anual de la productividad

Fuente: FRED, Economic Research, Real Output per Hour

Crecimiento de los salarios

En el periodo 1960 a 2018, los salarios en términos reales crecieron solamente 17 %; es decir, un incremento promedio anual de alrededor de 0.31 %. Lo anterior significa, para el caso de los EUA, que, en el transcurso de 58 años, un salario medio en términos reales (dólares de 2018) de 20 dólares por hora en 1960 se incrementó a 23.38 dólares por hora en 2018.

Crecimiento anual de los salarios

Fuente: FRED, Federal Reserve Bank of St Louis, “How well do wages follow Productivity Growth?”

Brecha salarial

De los datos anteriores se desprende que, durante el periodo de análisis, la productividad creció a un promedio anual de 1.55 %, mientras que los salarios reales solo crecieron a 0.31 %. En el largo plazo de 1948 a 2015, la brecha salario/productividad tuvo dos etapas diferentes:

1948-1972: Mientras que la productividad del trabajo se incrementó en 108.1 % en este periodo, el salario se elevó solamente en 93.4 %;

1973-2018: Mientras que la productividad aumentó 72.2 %, la compensación salarial solamente aumentó en un 9.2 %.3

Esto ha hecho que la brecha salarios/productividad se eleve sustancialmente.

Brecha salarial (productividad-salario) 1948-2015

Fuente: The State of Working America, Economic Policy Institute, Cornell University

Participación de los salarios en el ingreso nacional

La brecha productividad/salarios ha tenido como resultado que la participación salarial en el ingreso nacional haya disminuido ocho puntos porcentuales, al pasar de casi 50 % en 1948 a 43 % en 2018.

Participación de los salarios en el ingreso nacional 1948-2018

Fuente: FRED, Share of Gross Domestic Income

Endeudamiento

Una de las consecuencias del estancamiento salarial ha sido que los asalariados han recurrido al endeudamiento para compensar la falta de ingreso. Los datos acerca del endeudamiento de los individuos y de los hogares muestran un crecimiento acelerado. En el periodo 1995 a 2015, la proporción de deuda de hogares a PIB se elevó del 73 %, a casi el 100 %. Asimismo, el coeficiente deuda a ingreso de los hogares se elevó, en el mismo periodo, de ocho a 11 %. Esto significó un incremento en el servicio de la deuda de los hogares, disminuyendo, en consecuencia, el ingreso disponible para consumir bienes y servicios. Es decir, se afecta el consumo y por ende la demanda agregada.

Conclusión

La brecha productividad/salarios en los EUA se inició a partir de los 70 y fue el resultado, en gran parte, del proceso de desindustrialización y el consecuente debilitamiento sindical.

A partir de los años 80 el salario real promedio se estancó, entre otras razones, por el encarecimiento de las prestaciones sociales que las empresas incluyeron al salario, tales como el seguro médico.

Las prestaciones están sustituyendo al salario monetario: una investigación del National Bureau of Economic Research, por ejemplo, estimó que mientras que el ingreso medio, en términos reales, en los EUA ha caído un 21 % entre 1970 y 2016, una definición más amplia de ingresos (que incluye todos los ingresos laborales, la Seguridad Social, otras transferencias gubernamentales y el valor de los seguros de salud públicos y privados) da como resultado que el ingreso medio aumentó un 68 % en el mismo periodo.4

Sin embargo, el ingreso monetario disponible para el consumo sí ha disminuido y se irá estancando, en el tiempo, a menos que algo suceda. El aumento del salario real estimula la economía y genera un sentido de justicia económica derivada de dar a los trabajadores lo que les corresponde, conforme a su contribución a la producción e ingreso nacionales. Por ello es necesario un cambio en la política económica que incremente el poder adquisitivo de la población y con esto el crecimiento de la demanda interna; la productividad; el empleo y los ingresos.5 Una política de crecimiento vinculada al aumento de los salarios fortalece la tasa de crecimiento económico.

Este desafío económico va a requerir, entre otras cosas, de cambios en las políticas públicas; una de ellas implicaría una reforma fiscal que, entre otras cosas, grave menos al trabajo y más al capital, y que subsidie, por ejemplo, el costo de la prestación de seguro médico, la educación, etcétera, de los trabajadores.

 

Miguel Peñaloza Webb
Obtuvo títulos de especialización financiera de la American College of Financial Services.

Tomás Peñaloza Webb
Maestro y doctor en Economía por la Universidad de Georgetown en Washington D.C. Asimismo, tiene estudios de posgrado en Finanzas y en Derecho Corporativo. Ambos autores fueron becados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo para estudiar el funcionamiento del sistema financiero internacional y el financiamiento del desarrollo.


1 Ver, por ejemplo, Bela Galgoczi, “The Gap Between Wages and Productivity”, European Trade Union Institute.

2 FRED, Federal Reserve Bank of St Louis, Real Output per Hour, Economic Data.

3 Fuente: Research St Louis Fed, “How well do wages follow Productivity Growth?”.

4 Richard V. Burkhauser & Kosali I. Simon, 2010. "Measuring the Impact of Health Insurance on Levels and Trends in Inequality," NBER Working Papers 15811, National Bureau of Economic Research, Inc.

5 J. W. Mason, Income Distribution, Household Debt, and Aggregate Demand”, Levy Economics Institute, Working Paper No. 901.