Entre el rey Midas y Minsky: el “poder divino” de crear dinero

Como parte de la herencia de la cultura occidental, hasta hoy nos llega el potente eco de las historias, mitos y leyendas de la civilización griega. Entre los mitos de la antigua Grecia, encontramos el del rey Midas, notorio porque un día encontró al dios Baco embriagado —condición frecuente en este personaje divino considerando que se trata de la entidad de la fiesta, los placeres y el constante regocijo— y, de forma cálidamente hospitalaria, lo cuidó de los malestares de la cruda en su palacio. Cuando Baco finalmente se curó de su sobrehumana borrachera y se encontró mínimamente sobrio, éste le concedió un deseo a Midas como forma de agradecimiento por su desinteresada atención. El rey, aunque ya era bastante rico, le pidió tener el poder de convertir en oro todo lo que tocase, revelando toda la codicia que es intrínseca a la naturaleza humana. Baco le cumplió su deseo y, a partir de ese momento, todo aquello sobre lo que Midas posaba sus dedos transmutaba en el “vil metal”. Lo que en un principio podría ser visto como una dádiva, tener la mayor expresión de la riqueza material al simple toque, pasó a ser el martirio constante en la vida de Midas, pues hasta los alimentos que estaba dispuesto a ingerir se convertían en oro. Rápidamente quedó evidente que de nada sirve una manzana de metal dorado cuando lo que el cuerpo pide es un puñado de vitaminas. Así, Midas entró en absoluta desesperación a tal punto de casi morir víctima de lo que sería su “súper poder”, siendo su salvación la conmiseración de Baco, quien finalmente revirtió el encantamiento. 

Ahora bien, haciendo un esfuerzo hercúleo para llevar a los personajes de la leyenda a la esfera de actualidad de la economía financiera, podemos decir que pareciera que Baco encontró a un nuevo elegido, ahora encarnado en la banca, para la instauración del “nuevo oro”. Es decir, la banca no tiene atribuciones alquímicas para convertir lo que sea en oro-oro, con lo que ella sí cuenta es con la capacidad de dotar de poder de compra a quien ella quiera sin la necesidad de tener un respaldo en dinero físico en caja. O sea, aquel “poder divino” de creación de la expresión de riqueza que tenía Midas ha pasado a la laica banca comercial en la forma de dinero endógeno. Incluso, dadas las nuevas tecnologías digitales, este “toque de Midas” rebasa los ya amplios límites de la capacidad de generación de poder adquisitivo por parte de la banca comercial.

Además, infelizmente, el nuevo escenario en el cual aterriza el mito ya no es un cálido paraíso mediterráneo. En la etapa actual del capitalismo —conocida por Minsky como capitalismo administrador de dinero (Minsky, 1990: 69)— la parábola habría sido forjada en los fríos pasillos de Wall Street tras el fin de Bretton Woods. En ese entonces, sin las amarras de la regulación más estricta, la carrera por el “poder divino” de creación monetaria quedó aún más disputada, una vez que se relajaron las barreras existentes para que los bancos originaran dinero “de la nada”, vía el crédito que otorgan a sus clientes. Así, queda visible que la tesis del “velo monetario” de la teoría cuantitativa del dinero, sustentada por la concepción de que el dinero es exógeno de la economía ortodoxa, es muy problemática (Minsky, 1992: 5). Para que quede un poco más claro, al admitir la tesis común a las múltiples escuelas que componen la economía heterodoxa de que el dinero es endógeno, podríamos entender esta interpretación como diametralmente opuesta a la lectura de la economía convencional en la cual el origen de lo que conocemos por “dinero” sería únicamente la expansión exógena de la oferta monetaria por parte del Banco Central.

Ilustración: Víctor Solís

Quizás aquí sería oportuno aclarar que la diferencia en la interpretación del fenómeno monetario entre estos dos paradigmas puede ser resultado de una simplificación del planteamiento ortodoxo que se equivoca al equiparar sin mayores matices dinero (money) y moneda (currency). La literatura económica heterodoxa hace tal discriminación al considerar que lo que es el “dinero” —unidad de cuenta, medida de valor, lazo social, etcétera— es sustancialmente distinto a su representación física, ya sea en forma de billetes, monedas y cheques (Wray, 2009). Pensando de esta forma, los mecanismos por los que el dinero puede ser creado en la actualidad van mucho más allá de la mera capacidad de producción de la máquina estatal de impresión de billetes y/o la acuñación de monedas. Es decir, la banca comercial sería algo así como el “progenitor” del dinero endógeno –aunque no sería el único. A este tipo de sistema financiero endógeno en la economía se le conoce como chartalista o cartalismo, el cual tiene raíces teóricas en autores como Smith, Marx, Schumpeter y Keynes (Girón, 2006: 33). En este sistema, el inicio del circuito productivo capitalista se encuentra en la creación de dinero por medio de los bancos comerciales a través una promesa de pago a futuro —dinero-crédito— con el fin de iniciar una producción que, al finalizar, tendrá que liquidarse. De este modo se estaría creando dinero donde anteriormente no existía.

El incrédulo lector podrá rascarse la cabeza y preguntar: “Zeus, ¿cómo puede ser esto posible?” Bueno, el banco simplemente realiza una transferencia de fondos a favor de su cliente donde acredita el monto prestado, para ello no requiere que exista previamente el depósito de otro cuentahabiente que respalde (Meireles, 2018). Por su parte, el deudor ha firmado un convenio donde cada cierto tiempo tendrá que cubrir una cantidad más un rédito por el préstamo; o sea, pagar parte del principal de su deuda sumado a los intereses acordados (Galbraith, 1975: 31). Aunque el ejemplo anterior pueda parecer para un lector millennial casi, casi, casi prehistoria bancaria, el principio esencial de lo que narramos no se altera tanto cuando incorporamos las innumerables innovaciones tecnológicas en el sistema financiero han posibilitado que evolucionen a prácticas de creación/transferencia de poder de compra a través de una app en el celular. En definitiva, el caldo primigenio del origen del dinero hoy día ya no está confinado exclusivamente a la historieta de los bancos comerciales dando “papelitos” para otorgar un préstamo, sino que puede encontrarse en muchos lados y de la mano de nuevos actores financieros. Pero, ¡aguas! Que con la tecnología se hayan distendido las posibilidades de creación de poder adquisitivo, eso no significa que todos los “dineros” creados tengan el mismo peso o generen la misma confianza a los ojos del público que lo maneja. Para profundizar en esta discusión tendríamos que entrar con más calma en los planteamientos de la jerarquía monetaria, lo que nos haría tomar una curva infinita y nos desviaría definitivamente de la recta final a la que vamos entrando.  

Finalmente, quizás ahora el paciente lector se inquiete y lance la indagación más profundamente pragmática de todas: “¿Para qué rayos me sirve saber todo eso?” Para defendernos de la pregunta-acusación, vamos a lanzar mano de otra herencia de la Antigua Grecia: mencionar la República y, como ciudadanos conscientes, empezar a pensar en una clave alternativa sobre la naturaleza del dinero nos permitiría llegar a cuestionar una serie de “verdades” supuestamente absolutas que inundan el debate público, pero que no aguantan paradas más de treinta segundos si uno extrapola parte de los temas aquí discutidos, como que a) el Banco Central controla la oferta monetaria; y b) la política fiscal expansionista es siempre inflacionaria.

 

Carlos Chablé
Estudiante de la licenciatura de Economía, Facultad de Economía, UNAM.

Monika Meireles
nvestigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIEc-UNAM).

 

Referencias

Galbraith, J. K. (1975). “Los Bancos”. En: J. K Galbraith, Money, El dinero. De dónde viene/A dónde va. Edición revisada (1975). Barcelona, España. Pp. 29-40.

Girón, A. (2006). “Poder y Moneda: una discusión inconclusa”. En: Confrontaciones Monetarias: Marxistas y Postkeynesianos en América Latina. Secretaría Ejecutiva. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Buenos Aires, Argentina. Pp. 29-44.

Meireles, M. (2018). “¿Qué hacen los bancos?”. En: Economía y Sociedad, Nexos, 22 de febrero de 2018.

Minsky, H.P. (1990), “Schumpeter: finance and evolution”. En: Evolving Market Technology and Market Structure: Studies in Schumpeterian Economics,Arnold Heertje and Mark Perlman (eds), (Ann Arbor: The University of Michigan Press).

Minsky, H. P. (1992). The financial instability hypothesis. En: The Jerome Levy Economics Institute Working Paper, (74).

Wray, LR (2009). Understanding Modern Money: How a sovereign currency works. En: Taller interdisciplinario sobre dinero, Universidad libre, Berlín, junio (pp. 25-28).

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Economía