La inversión constituye un elemento primordial en el funcionamiento de una economía. El que haya inversión en una economía implica que las empresas están acrecentando su capacidad productiva y, en mayor o menor medida, su demanda de empleo; o bien, que se están instalando nuevas empresas y, por tanto, hay un mayor potencial de producción y de demanda de empleo.

Ilustración: Víctor Solís
Una economía sin inversión es una economía sin capacidad de generar las condiciones de bienestar para su población, dado que hay insuficiencia de producción de bienes y servicios y de demanda de empleo. El estímulo a invertir puede derivarse de las expectativas de rentabilidad, del tamaño del mercado y del crecimiento potencial de la producción, entre otras. No obstante, las expectativas no siempre son favorables y el incentivo a invertir puede ser bajo o incluso nulo.
Es usual que las inversiones productivas no produzcan rendimientos de forma inmediata; asimismo, es común que entre mayor sea el monto de la inversión inicial, más tiempo se debe esperar para obtener los rendimientos. Este desfase entre el momento de la realización de la inversión y el que corresponde a la obtención de la rentabilidad genera la incertidumbre que en mayor o menor medida desestimula la inversión.
Por ello, se requiere la intervención del gobierno, mediante la política económica, monetaria o fiscal, para contribuir a que haya un incentivo a invertir. Por ejemplo, mediante la política monetaria se puede manipular la tasa de interés para incidir cuando parezca más rentable invertir en activos especulativos que en capital productivo. O bien, con la política fiscal se puede realizar inversión pública en infraestructura productiva que facilite la realización de la producción de los agentes privados, a través de corredores industriales, carreteras, instalación de servicios públicos, etcétera.1, 2
Si bien, como se mencionó, la política monetaria es un mecanismo que se podría utilizar para incentivar la inversión, los grados de libertad que tienen los bancos centrales pueden ser muy reducidos, en especial cuando no hay incentivos a invertir en una economía. Lo anterior debido a que la tasa de rentabilidad esperada puede ser muy baja, o incluso negativa, y se tiene que manipular la tasa de interés para generar una tasa de interés real negativa que no siempre es suficiente para incidir en las preferencias de inversión. Por ejemplo, si tanto la rentabilidad como la tasa de interés real son negativas, se podría preferir invertir en bienes raíces y no en inversión productiva.3
En cuanto a la política fiscal, la inversión pública puede ser una herramienta clave para incentivar la inversión. Sin embargo, también tiene sus dificultades: para que un gobierno pueda implementar un ambicioso programa de inversión pública, debe contar con los recursos suficientes para llevarlo a cabo. No obstante, si se logra que la recaudación de impuestos sea la adecuada, se puede generar la inversión pública necesaria para impulsar la inversión privada.
En suma, la inversión pública permite la acumulación de capital y acompaña e incentiva a la inversión privada; con ello, genera un impulso al crecimiento económico. Sin embargo, hay varias preguntas clave que tienen que abordarse para aterrizar las ideas anteriores en términos de política económica: ¿qué rubros del gasto, áreas geográficas e industrias deben ser prioritarias en términos de la inversión pública? ¿La estrategia a seguir en cada lugar debe depender de las características propias de cada región o es posible seguir una estrategia general?
Aquí parece necesario utilizar y potenciar mutuamente dos herramientas del sector público: la inversión pública y la política industrial. La política industrial permite enfocarse en sectores y actividades económicas específicas impulsando el cambio estructural.4 En este sentido, la política industrial puede entenderse como un paquete de medidas interactivas que operan en distintos dominios de política y niveles de interacción.5 Evidencia de países desarrollados indica que, aunque la política industrial tiene rasgos comunes (mayor foco en investigación y desarrollo, desarrollo de habilidades de ingeniería y educación vocacional, manufactura eficiente en el uso de recursos y acceso a financiamiento), su implementación requiere de un análisis y discusión a nivel local.6 Si la inversión pública potencia el crecimiento económico y la política industrial permite el cambio estructural promoviendo actividades específicas, su interacción y coordinación se vuelven claves en una estrategia de desarrollo de largo plazo.
Ahora bien, una pregunta pertinente sigue pendiente: ¿qué actividades deben ser prioritarias en el desarrollo de cada región? En este punto, los recientes desarrollos teóricos y prácticos sobre complejidad económica brindan un marco adecuado para responder la pregunta. Los estudios sobre complejidad económica parten de la existencia de sistemas complejos como procesos evolutivos relativamente ordenados, resultado de la interacción de estructuras microeconómicas heterogéneas que llevan a fenómenos económicos agregados.7 En este contexto, la política industrial debe asumir que el cambio estructural se da a partir de un proceso evolutivo y con actores y estructuras interdependientes. Por tanto, las características de la región importan en cuanto a la selección de las políticas económicas que promuevan actividades específicas y potencialmente exitosas.
Dentro de los estudios sobre complejidad económica, el desarrollo sobre métricas de parentesco (relatedness metrics) permite evaluar la afinidad entre actividades específicas y regiones ayudando a identificar las probabilidades de éxito o fracaso de un sector o industria en una región específica.8 Si es viable –a partir de técnicas de reducción de dimensionalidad– identificar las actividades con mayor probabilidad de éxito, dadas las características existentes de la región, entonces es posible establecer políticas industriales y de inversión pública que promuevan el cambio estructural dentro de planes de desarrollo de largo plazo.
En el caso de México, existen esfuerzos importantes sobre el análisis de la complejidad económica a nivel subnacional,9, 10, 11, 12, 13 algunos de ellos con el apoyo de la Secretaría de Economía. A pesar de que el camino a recorrer es largo, las posibilidades que dan las aportaciones sobre complejidad económica, y las sinergias entre la inversión pública y la política industrial agrandan el éxito potencial de una nueva estrategia de desarrollo.
Carlos A. Carrasco
Profesor-Investigador de la Universidad de Monterrey (UDEM) e Investigador Nacional nivel I. Se especializa en política macroeconómica en economías abiertas.
Juan A. Vázquez
Profesor-Investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) e Investigador Nacional nivel I. Se especializa en crecimiento y política económica
1 Sousa, A. J. y Portugal, D. A. “Crowding-in and crowding-out effects of public investments in the Portuguese economy”, International Review of Applied Economics, 30 (4), 2016, pp. 488-506.
2 Pereira, A. M., y Andraz, J. M. “Public Investment in Transportation Infrastructure and Economic Performance in Portugal”, Review of Development Economics, 9(2), 2005, pp. 177-196.
3 Palley, T. “The natural interest rate fallacy: why negative interest rate policy may worsen keynesian unemployment?”, Investigación Económica, 77(304), 2018, pp. 7-39.
4 Rodrik, D. “Industrial Policy: Don’t Ask Why, Ask How”, Middle East Development Journal, 1(1), 2009, pp. 1-29.
5 Andreoni, A., y Chang, H.-J. “The political economy of industrial policy: Structural interdependencies, policy alignment and conflict management”, Structural Change and Economic Dynamics, 48, 2019, pp. 136-150.
6 O’Sullivan, E., Andreoni, A., Lopez-Gomez, C., y Gregory, M. “What is new in the new industrial policy? A manufacturing systems perspective”, Oxford Review of Economic Policy, 29(2), 2013, pp. 432–462.
7 Durlauf, S. N. “What should policymakers know about economic complexity?”, The Washington Quarterly, 21(1), 1998, pp. 155-165.
8 Hidalgo, C. A. “Economic complexity theory and applications”, Nature Reviews Physics, 3(2), 2011, pp. 92-113.
9 Chávez, J. C., Mosqueda, M. T., y Gómez-Zaldívar, M. “Economic Complexity and Regional Growth Performance: Evidence from the Mexican Economy”, The Review of Regional Studies, 47, 2017, pp. 201-219.
10 Gómez Zaldívar, F., Molina, E., Flores, M., y Gómez Zaldívar, M. de J. “Economic complexity of the special economic zones in Mexico: Opportunities for diversification and industrial sophistication”, Ensayos: Revista de Economía, 38(1), 2019.
11 Gómez-Zaldívar, M., Llamosas-Rosas, I., y Gómez-Zaldívar, F. “The Relationship Between Economic Complexity and the Pattern of Foreign Direct Investment Flows among Mexican States”, The Review of Regional Studies, 51, 2021, pp. 64-88.
12 Hausmann, R., Cheston, T., y Santos, M. A. “La Complejidad Económica de Chiapas: Análisis de capacidades y posibilidades de diversificación productiva”, Center for International Development Working Paper, 2015, p. 302.
13 Pérez Hernández, C. C., Salazar Hernández, B. C., y Mendoza Moheno, J. “Diagnóstico de la complejidad económica del estado de Hidalgo: De las capacidades a las oportunidades”, Revista Mexicana de Economía y Finanzas, 14(2), 2019, pp. 261-277.