El pasado primero de diciembre en San Lázaro, en la toma de posesión como presidente de México, Andrés Manuel López Obrador habló en repetidas ocasiones de los gobiernos neoliberales1 que manejaron el país durante los últimos años: “En cuanto a la ineficiencia del modelo económico neoliberal, baste decir que ni siquiera en términos cuantitativos ha dado buenos resultados”, dijo. Luego hizo referencia a los pésimos resultados, primero en términos de crecimiento económico (junto a un breve repaso de historia económica nacional), y después a los problemas de concentración de ingresos, pobreza, informalidad y migración.

La narrativa discursiva de AMLO frente a los diputados no es fortuita. 30 millones de votos respaldaron al candidato que siempre ha criticado el camino actual y se distancia más de lo que han hecho los gobernantes en las últimas tres décadas. Pero ¿realmente han sido tan malos los resultados de los últimos gobiernos, de los gobiernos “neoliberales”? Este artículo tiene como objetivo hacer una apretada síntesis de los resultados del neoliberalismo en México, con base en dos temas recurrentemente señalados: desigualdad y pobreza. Finalizo comentando algunos posibles efectos de las propuestas (de inminente ejecución) del nuevo gobierno, sobre dichas problemáticas sociales.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

El (no) elefante mexicano

La extrema desigualdad de ingresos en un país es problemática por diversas razones.2 Desde las más liberales que aluden a la desigualdad de oportunidades que provoca (y su consecuente merma en el crecimiento económico debido a la incapacidad de una sociedad de premiar a los individuos con más mérito y esfuerzo), las que señalan el peligro a la democracia generado por la acumulación extrema de poder asociada a la desigualdad económica,3 hasta las más normativas que señalan la inmoralidad de una sociedad donde cohabitan (y no necesariamente conviven) individuos en la extrema opulencia y pobreza.

La desigualdad de ingresos en México es de las más altas a nivel mundial. Mucho se ha escrito al respecto, tanto en términos cuantitativos como cualitativos.4 Pero no sólo es de las más desiguales actualmente, sino que ha empeorado en las últimas décadas.

Es por muchos conocida la famosa “gráfica del elefante” (de Branko Milanovic), que muestra el cambio en los ingresos globales, de 1988 a 2008. La gráfica 1 hace visible tres rápidas conclusiones:5 1) la clase baja y media baja global tuvo un incremento de sus ingresos, hasta por más del 50% de crecimiento acumulado, principalmente causado por el crecimiento de los ingresos en China, 2) el estancamiento prolongado de la población que está entre percentiles 70 y 95, en gran medida debido a la pauperización de las clases bajas en países desarrollados y 3) el inmenso beneficio capturado por el top 1% mundial, cuya ganancia en el periodo equivale a 25 mil dólares anuales, 50 veces mayor al incremento promedio del ingreso global.

En la gráfica también podemos observar la curva referente a México, que dista mucho de parecer un elefante, y bien podría ser más similar a algún dinosaurio de cuello largo (lo anterior no es referencia directa a los gobiernos del PRI). Según lo que nos permite ver esta gráfica, la clase baja y media baja en México vio cómo disminuían sus ingresos reales durante el periodo analizado (es decir, sus ingresos alcanzaban menos, ya que crecían por debajo de la inflación), en claro contraste con sus pares a nivel internacional que presentan un incremento promedio de 50% de sus ingresos. Es decir, los no ricos en México no se vieron beneficiados del crecimiento mundial de los ingresos de sus pares en otros países.

Por su parte, llama la atención cómo es contraria la situación respecto a la clase alta. Sólo el quintil más rico (o 20% más rico) del país presentó un incremento mayor al crecimiento promedio global de los ingresos. De hecho, la cabeza de este dinosaurio mexicano creció 13 veces más que los individuos de otros países con el mismo nivel de riqueza. Es abrumadora la captura de la clase alta sobre los ingresos en el país, aun respecto a lo que sucede en una sociedad global en extremo desigual.

Gráfica 1: Incidencia del cambio en ingresos a nivel global y México, 1988-2008

Fuente: Elaboración propia basada en datos de Lakner y Milanovic, disponibles aquí.

Los datos anteriores llegan hasta el año 2008. El periodo posterior es similar en cuanto a la desigualdad en la que se distribuyen las “ganancias” (y pérdidas) en el país. La gráfica 2, con el crecimiento de los ingresos de 2008 a 2016 (últimos datos disponibles) es tan dispareja que asemeja simplemente a una “L” girada. Prácticamente toda la población vio disminuir sus ingresos reales; de hecho, el ingreso real promedio en México disminuyó 5%.

La clara excepción se dio en la élite económica del país, donde el top 1% obtuvo un incremento de 10%. De hecho, el 0.1% más rico de la población (cerca de 120 mil personas, equivalente a la población residente en las colonias Polanco, Lomas de Chapultepec y Del Valle, por dar un ejemplo) duplicaron sus ingresos, lo que equivale a un incremento neto de 400 mil pesos mensuales, 5,000 veces por encima de los 88 pesos mensuales de incremento para el veintil6 más pobre. Dicho de modo más dramático, el incremento diario del ingreso real de la élite mexicana fue de $136 pesos: en un sólo día sus ingresos aumentaron 150% más que el beneficio obtenido por los más pobres en 8 años.

Gráfica 2: Cambio real del ingreso corriente en México, 2008-2016

Nota: No es comparable el dato del ingreso para los primeros percentiles de población. Más información al respecto aquí.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de la ENIGH.

En resumen, aunque el índice de Gini se mantuvo casi estable durante las últimas tres décadas (pasó de 0.48 en 1989 a 0.46 en 2016),7 la realidad es que la desigualdad en el país ha incrementado, y sus resultados han sido terribles comparados con la trayectoria de la desigualdad a nivel global. El neoliberalismo a la mexicana ha distribuido sus “ganancias” de manera desigual, en beneficio de la élite del país. El famoso trickle-down es una farsa en este país.

La pobreza en el ataque a la pobreza

La dinámica de la pobreza en México durante las décadas de políticas neoliberales es tan insatisfactoria como la desigualdad de ingresos. A diferencia de la tendencia mundial, la pobreza por ingresos en México hasta el año 2016 es tan alta en porcentaje (53%) como lo fuera hace 24 años, pero equivalente a 20 millones más de personas en esta situación. En particular, desde el 2006 a la fecha, es decir, en los sexenios de Calderón y de Peña, la pobreza por ingresos ha venido en constante aumento.

Por cierto, me centro en la pobreza por ingresos, en lugar de la pobreza multidimensional, debido a las muy válidas críticas a la medición oficial de la pobreza de CONEVAL. Dichas críticas señalan como inaceptable, por ejemplo, que la afiliación al seguro popular sea equivalente a no presentar carencia en acceso a la salud, o que ser beneficiario de algún programa de pensión para adultos mayores sea equivalente a no presentar carencia de seguridad social.

Gráfica 3: Millones de personas y porcentaje de pobreza por ingresos (línea de pobreza de “patrimonio”, datos disponibles aquí)

Fuente: Elaboración propia basada en datos CONEVAL.

De hecho, ni siquiera podemos asegurar que la pobreza haya bajado de 2014 a 2016 (últimos dos datos en la gráfica), a mitad del último sexenio. Mucho se ha escrito respecto a los cambios realizados por el INEGI en el levantamiento de la ENIGH, y cómo dicha acción imposibilita la comparabilidad de los datos.

En cambio, los datos sobre gasto sí mantuvieron la comparabilidad en la ENIGH 2016, debido a que esta parte de la encuesta no presentó ningún cambio en su forma de levantamiento. Así pues, una opción —que pudo utilizar CONEVAL para mantener la comparabilidad temporal de la medición de la pobreza— es el método de medición a través del gasto, que compara el gasto corriente con la línea de pobreza. Pero no lo hizo, tal vez debido a la tendencia de los resultados: son contrarios a lo reportado a partir de los (no comparables) ingresos.

Contrario a lo que dice la experiencia internacional, el INEGI reportó que en el país aumentaron drásticamente los ingresos de los hogares más pobres, pero se redujo el gasto, lo cual tiene poco sentido para la población en pobreza, con bajísima propensión marginal a ahorrar, cuyos ingresos extras van casi en su totalidad al gasto (y no al ahorro).

En la gráfica 4 se muestran los resultados comparativos de la medición de la pobreza por ingresos y por gasto (utilizando la línea de bienestar de CONEVAL). Es claro cómo la medición con el ingreso resulta en la disminución de cuatro puntos porcentuales de pobreza, mientras que la de gasto resulta en el aumento de 2%. Dado que no cambió el levantamiento del módulo de gastos en la ENIGH, es presumible que ésta sea la realidad de la dinámica de la pobreza en México: aumentó entre 2014 y 2016.

Gráfica 4: Porcentajes de pobreza por con línea de bienestar de CONEVAL e ingreso corriente y gasto corriente

Fuente: Cálculos de Araceli Damián y Máximo Ernesto Jaramillo Molina, con base en datos de ENIGH y cálculos de CONEVAL.8

¿Freno al neoliberalismo mexicano?

A pesar de las políticas sociales implementadas durante los últimos años, los resultados en desigualdad y pobreza son desastrosos, una muestra cruel del mal funcionamiento del sistema económico, político y social defendido por los gobiernos de las últimas décadas. 

Hay resultados medianamente favorables, como el aumento en el porcentaje de afiliación a instituciones de seguridad social (32% a 42%), o el amplio crecimiento de programas como PROSPERA (que ha llegado a un padrón de 6.7 millones de familias), los programas de pensiones para adultos mayores (cuatro millones de personas) y el Seguro Popular (55 millones de personas).9 Pero al observar los resultados en pobreza y desigualdad, se nota la insuficiencia de dichos programas para tener un impacto importante en el bienestar de la ciudadanía.

Basta recordar que, en promedio, PROSPERA sólo transfiere 7 pesos diarios por persona, y 17 pesos el programa de adultos mayores, equivalentes a 8% y 20% de un salario mínimo, respectivamente. Totalmente insuficientes. Además, el Seguro Popular sólo cubre 14% de intervenciones y 11% de enfermedades del estándar internacional.10 Si esto es lo mejor que han logrado hacer en los últimos cuatro sexenios, se entiende el fracaso en reducir la pobreza y la desigualdad.

Gráfica 5: Porcentajes de población según acceso a seguridad social u otros programas sociales11

Fuente: Valencia y Jaramillo (2018)12

A la luz de lo anterior, el gobierno entrante tiene algunas propuestas de mejora, con resultados mixtos probables. Veamos las propuestas más prometedoras. Por un lado, los salarios en México podrían verse beneficiados (por fin) con la propuesta de aumentar el salario mínimo, y modificando el mecanismo de negociación salarial con cambios a la CONASAMI (ya es un alivio que se va Basilio González, quien preside la comisión desde el sexenio de Salinas de Gortari).13 Por su parte, las propuestas de nuevos programas sociales también podrían dar buenos resultados (o mejora de algunos). Van dos ejemplos concretos.

Si se duplica el apoyo del programa de pensión para adultos mayores (a 1,274 pesos) como propone AMLO, el efecto inmediato disminuiría en un millón de personas la pobreza extrema de los mayores de 60 años, lo que reduciría a la mitad la pobreza extrema de este grupo etario.14 De hecho, si esta política se hace universal para los mayores de 68 años (65 en el caso de indígenas), la pobreza total (suma de pobreza extrema y moderada) para los adultos mayores bajaría en un total de dos millones de personas, equivalente a un 30% de esta población en pobreza, y 3% de la pobreza general en el país.

Sobre el programa Jóvenes construyendo el futuro, otorgarles una beca de 3,600 pesos a 2.3 millones de jóvenes que “no estudian ni trabajan” disminuiría la pobreza extrema en medio millón de personas, y la pobreza total en 1.5 millones (entiendo que el programa no tiene por objetivo la “disminución de la pobreza”, pero sería un efecto secundario de cualquier modo). Aun así, el programa puede resultar insuficiente, ya que atendería a menos de la mitad de jóvenes en esta situación (de un total de 5.1 millones).

En suma, tan sólo los dos programas anteriores podrían disminuir 1.5 y 3.5 millones la pobreza extrema y total, respectivamente. Estos resultados serían buenos, más todavía comparados con la dinámica de la pobreza en México a lo largo de los últimos sexenios, y con el nulo efecto que actualmente tienen otros programas sociales como PROSPERA.

Puede que sea difícil afirmar que con las acciones anteriores habríamos salido de la “era neoliberal” del país, ya que siguen lejos de un necesario sistema amplio de protección social (que incluya universalización del sistema de salud, por ejemplo). Aunado a lo anterior, las propuestas de amnistía fiscal y la reducción de impuestos en la zona fronteriza (que podrían costar casi 300 mil millones de pesos),15 la promesa de “no subir impuestos en términos reales”, y sin la mejora en el cobro de impuestos actuales a los más ricos y a las grandes empresas, pareciera que no se apunta a trastocar los privilegios de la élite mexicana.

De lo que no hay duda, es de los terribles resultados de los gobiernos de las últimas décadas. Lo que el neoliberalismo nos dejó es más pobreza y desigualdad. La pregunta necesaria es, entonces, si el neoliberalismo ya se va.

 

Máximo Ernesto Jaramillo Molina
Candidato a doctor en Ciencia Social por El Colegio de México y economista por la Universidad de Guadalajara.


1 Para un análisis del concepto de “Neoliberalismo”, y las implicaciones de su actual utilización y “desnaturalización”, leer aquí.

2 En “Why inequality matters?“, Branko Milanovic menciona que la desigualdad es importante por razones de justicia, razones instrumentales como crecimiento económico (e inestabilidad social que desincentiva inversión y crecimiento) y razones de captura política.

3 Oxfam utiliza el término “captura política”.

4 Informes de Oxfam México (Desigualdad extrema en México y México Justo), el proyecto “No somos iguales” de Chilango, “México desigual” de Animal Político, entre muchos otros.

5 Nótese que en la gráfica 1, el elefante se ve deformado, más “achaparrado”, porque al introducir la curva para México, cambia la escala respecto a la gráfica original.

6 Es decir, para el promedio de los percentiles 1 al 5.

7 De hecho, este tipo de análisis hechos por Milanovic se justifican justo en las críticas al Gini por cómo puede ocultar cambios tan importantes en la distribución de los ingresos.

8 Datos presentados aquí.

9 Cálculos propios con base en la ENIGH 2016.

10 Del CIE-10, “Clasificación internacional de enfermedades”, de la OMS. Cálculos propios.

11 Elaborada con base en los datos de la ENIGH 1992 y 2016. La categoría “paquetes básicos”, de 2016, refiere a las personas fuera del sistema de seguridad social, pero que cuentan con Seguro Popular, PROSPERA, PAL o algún programa de pensión para adultos mayores.

12 Esta gráfica se encuentra en el artículo “El Programa Progresa-Oportunidades-Prospera en el régimen de bienestar dual mexicano”, de próxima publicación en un libro de CONEVAL compilatorio de los 20 años del programa.

13 Por cierto, vale la pena leer “El hombre que impone el salario gana 173 mil al mes”.

14 Tanto estos cálculos, como los que siguen, son propios con base en la ENIGH 2016.

15 Según los cálculos de Fundar, CIEP y Oxfam México.