Decir que México es un país de grandes desigualdades regionales no es nuevo, ya que incluso varios de los que colaboramos en este espacio lo hemos hecho en distintas oportunidades.1 Sin embargo, algo que hasta hoy no se había podido analizar ante la ausencia de datos representativos es la forma en que dicha desigualdad regional influye sobre las trayectorias de vida de las personas. Hoy, gracias al esfuerzo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, podemos calcular el tamaño de la influencia que tiene nacer en una región específica del país sobre las oportunidades disponibles, lo cual arroja luz sobre los obstáculos a los que hay que enfrentarse a lo largo de la vida en términos económicos.2

Ilustración: Patricio Betteo

Una primera aproximación a lo anterior es la relación que guardan las posiciones socioeconómicas de origen y destino de una persona, dada su región de origen.3 En una sociedad en donde las desigualdades regionales no influyen sobre las trayectorias de vida de las personas, no deberían existir variaciones en dicha asociación. Es decir, si ordenáramos del uno al cien a todos los habitantes del país de acuerdo con la riqueza de su hogar de origen, y al azar escogiéramos a aquellos con origen en la posición 25, esperaríamos que independientemente de su región de origen, en la actualidad ocuparán la misma posición socioeconómica. ¿Es éste el caso de México? La respuesta, negativa, se encuentra en la figura 1.

Figura 1: Posición socioeconómica esperada de acuerdo a la región de origen para los individuos cuyo origen es el percentil 25 de la distribución de activos del hogar

Fuente: Monroy-Gómez-Franco y Corak, (2019).

En México, las personas cuyo origen se encuentra en la posición 25 de 100 en la distribución de riqueza del hogar y son originarias del norte del país, alcanzaron en su vida adulta, en promedio, la posición 42. Por su parte, las personas con la misma posición de origen, pero originarias de la región sur del país, alcanzaron en promedio la posición 28. En palabras simples y llanas, una persona nacida en la parte baja de la escalera social, en el norte del país, se enfrenta a menos obstáculos para escalar posiciones que una nacida en el sur.

Si bien este análisis permite apreciar que la posición de origen influye con un peso diferente según la región de origen, no captura la totalidad de la influencia del contexto de origen sobre la trayectoria de vida de las personas. Una aproximación más completa a ello se obtiene al analizar el grado en que la desigualdad en las circunstancias de origen se relaciona con la desigualdad en la riqueza en términos de activos del hogar.4 Esto se muestra en la figura 2.

Figura 2: Nivel mínimo de desigualdad de oportunidades como proporción de la desigualdad total en activos del hogar

Fuente: Monroy-Gómez-Franco y Corak,(2019).

A nivel nacional, al menos la mitad de la desigualdad observada en términos de activos del hogar se explica por la desigualdad en las circunstancias de origen de las personas. Es decir, las diferencias en el contexto de origen explican al menos la mitad de las diferencias existentes en la riqueza del hogar de las personas. Ese porcentaje no está relacionado con diferencias en esfuerzo, se debe a diferencias en condiciones sobre las cuales las personas no tienen capacidad de incidencia alguna. Es decir, sobre las que no se les puede achacar responsabilidad.

Ese componente tampoco es homogéneo entre regiones. En el norte y noroccidente del país, el peso mínimo de las circunstancias de origen es sustancialmente inferior, explicando alrededor de un tercio de la desigualdad observada. En cambio, en el centro y en el sur, este porcentaje alcanza cerca del 50 por ciento (46 y 45, respectivamente). Vale la pena señalar que el hecho de que el nivel nacional sea mayor se debe a la gran desigualdad entre las regiones.

En lo que se refiere al peso de cada una de las circunstancias de origen en la desigualdad de oportunidades, la figura 3 muestra a la desigualdad en la riqueza de origen como el principal determinante, seguido por las diferencias en el logro educativo de los padres, así como por las características de la comunidad de origen. 

Figura 3: Descomposición del nivel de desigualdad de oportunidades de cada región de acuerdo al peso de cada circunstancia

Fuente: Monroy-Gómez-Franco y Corak, (2019).

En este punto es necesario hacer una acotación: el hecho de que el sexo de la persona no figure entre los principales determinantes de la desigualdad de oportunidades se debe a que al emplear como variable de referencia la riqueza del hogar en términos de los activos que éste posee, las desigualdades de género al interior del hogar no se capturan del todo. Es decir, la variable no capta las desigualdades entre hombres y mujeres puesto que agrega los resultados de todos los miembros del hogar. De ahí que la magnitud de la desigualdad de oportunidades aquí presentada no sea sino un mínimo, siendo el nivel verdadero probablemente muy superior al aquí reportado.

De cara a esta realidad, se vuelve necesario reconocer que cualquier esfuerzo por reducir la desigualdad y la pobreza en el país, y con ello incrementar la libertad efectiva de la población mexicana, debería comenzar a construirse mediante una fuerte política de desarrollo regional focalizada en el sur. Sólo mediante un esfuerzo por disminuir el grado en el que las circunstancias de origen determinan los resultados de las personas, particularmente en aquellas regiones en donde éstas constituyen una loza más pesada, es que México se convertirá en un país en el que todos sus habitantes puedan desarrollar plenamente su potencial.

 

Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco
Estudiante del doctorado en economía del Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Referencias

Monroy-Gómez-Franco, Luis y Miles Corak (2019) “A Land of Unequal Chances. Social Mobility and Inequality of Opportunity Across Mexican Regions” Working Paper Centro de Estudios Espinosa Yglesias.


1 Por ejemplo, ver “¿Cuánto gana el 1% en cada estado? Una perspectiva sobre la desigualdad regional”, “Crecer no basta”, “Desarrollo regional para la reconstrucción” y “Las brechas de la desigualdad: un sur medieval que convive con un norte moderno”.

2 El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) se encargó de realizar el tercer levantamiento de la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México (ESRU-EMOVI) correspondiente al año 2017. Asimismo, el CEEY comisionó artículos de investigación para utilizarlos como documentos de apoyo para la elaboración del Informe movilidad social en México 2019: hacia la igualdad regional de oportunidades, entre los que se encuentra, “A Land of Unequal Chances: Social Mobility and Inequality of Opportunity Across Mexican Regions” escrito por el autor del presente texto y el Dr. Miles Corak.

3 Las regiones se encuentra definidas de la siguiente forma: Norte, compuesta por Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Norte Oeste, compuesta por Baja California Sur, Sinaloa, Durango, Nayarit y Zacatecas. Centro Norte, compuesta por San Luis Potosí, Colima, Jalisco, Michoacán y Aguascalientes. Centro, compuesta por Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Ciudad de México, Puebla, Morelos, Estado de México y Tlaxcala. Sur, compuesta por Guerrero, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Campeche y Yucatán.

4 Por circunstancias de origen me refiero a todos aquellos elementos que ejercen una influencia sobre la vida de las personas, pero que se encuentran fuera del ámbito de influencia de las mismas. Para una discusión más  detallada sobre esta idea y su relación con la igualdad de oportunidades, ver “Igualar las oportunidades” y “México: en donde algunos arrancan con ventaja”.